Este mundial de futbol se ha convertido en un negocio de dimensiones nunca antes vistas, jugosos dividendos para corporaciones, patrocinadores y dueños de medios de comunicación. Los grandes perdedores son los aficionados a este deporte, quienes domingo a domingo, incluso entre semana, llenan los estadios junto con sus familias, en un espacio de convivencia para disfrutar la actividad que despierta pasiones en el mundo.Mientras una minoría puede acceder a la compra de boletos con costos elevados y paquetes turísticos con todo incluido, millones de aficionados que siguen el futbol toda su vida no tienen la mínima posibilidad de acudir a los estadios, conformándose únicamente con ver el evento a través de una pantalla.Este mundial ha evidenciado una realidad cada vez más marcada: la división entre las clases sociales, que ha sido expuesta por académicos y filósofos, como Yuval Noah Harari, en cuya tesis ha advertido que los avances tecnológicos, la concentración de la riqueza y el acceso desigual a las oportunidades, pueden profundizar las brechas sociales, situación que se incrementó a raíz de la pandemia de Covid-19.El Mundial, asimismo de ser una justa deportiva, también refleja estas contradicciones, y México no es ajeno a estas, cuyo espectáculo construido sobre la pasión de millones termina siendo disfrutado directamente por quienes cuentan con mayores recursos económicos.Ante este escenario se suma el caos que vive Ciudad de México, a consecuencia de las movilizaciones de la CNTE, Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, organización que durante años ha presionado al gobierno mediante bloqueos y acciones que afectan a la economía nacional a través de la inmovilización de los ciudadanos.Como señalé en una colaboración anterior, la amenaza de paralizar vialidades estratégicas y servicios fundamentales termina impactando principalmente a la población, medida que ha sido empleada por esa organización ante distintos gobiernos federales y estatales, que acaban negociando después de periodos prolongados de presión y movilización.Es de reconocer que, ante el contexto del Mundial, este gobierno ha mantenido abiertos los canales de diálogo, escuchando las demandas inviables e intransigentes de la CNTE, mostrando firmeza al no responder de manera inmediata a los mecanismos de chantaje de las movilizaciones y bloqueos.

Al final, el análisis político es: ¿al resistir ante las presiones el gobierno logró resolver el conflicto sin poner en riesgo la gobernabilidad ni la imagen del país, pero principalmente garantizando los derechos de los ciudadanos ajenos al conflicto, que diariamente padecen las consecuencias de los bloqueos y movilizaciones? Este será el verdadero parámetro a fin de evaluar el éxito o fracaso de la estrategia gubernamental.