El futbol no tiene ni tendrá la culpa de los manejos mercantilistas de la FIFA: precios desorbitados para los boletos, o el adueñarse de los palcos de los estadios aunque tengan dueño. Cobrar licencias muy caras para bares, restaurantes y establecimientos que pretendan transmitir el Mundial para sus clientes.

Todo esto provocó que el Mundial solamente esté al alcance de algunos. La gente de clase media/baja, la que más ama al futbol, difícilmente podrá acudir a un estadio.

El futbol no se inventó para eso. No se inventó para que renieguen de él.

Claro que los Maestros tienen derecho a defender su causa. Todos tienen derecho a manifestarse libremente.

Pero también hay millones de aficionados y, sobre todo niños, que tienen derecho a vivir la experiencia de un Mundial en su país. Nadie tiene el derecho de quitarles esa ilusión.

El futbol une a más gente que la Política, más que las Marchas Feministas, el orgullo LGBT, o los movimientos Ambientalistas. Más que cualquier otro movimiento que pueda existir.

Por eso el futbol genera envidia en muchas personas, por la capacidad de fascinación que despierta entre las sociedades. La prueba irrefutable es que cuando la Selección de un país juega, ahí no existe división: todos somos uno, todos apoyamos la misma camiseta y la misma causa.

Ahí no hay pugnas entre partidos políticos, ni guerras de género, ni debates sobre si el planeta se está pudriendo. Cuando está enfrente la playera de un Seleccionado Nacional, no existe división.

Sólo unión. El futbol se inventó, hace casi 200 años, para generar felicidad.

Ayer el Estadio Azteca fue el escenario inmejorable para que el planeta le diera la bienvenida al Mundial 2026. México se impuso a un intento de rival llamado Sudáfrica.

Yo pensaba que había visto equipos malos en mi vida, pero Sudáfrica me sorprendió: son bastante malos. México fue superior, pero no fue una superioridad generada a través de buen futbol.

Nada de eso: fue una superioridad surgida porque el rival de enfrente tiene nivel de equipo de segunda división. Y no es que México no quisiera haberle metido más goles a Sudáfrica; más bien no pudo o, peor aún, no supo cómo hacerlo.

Le faltaron argumentos sobre el campo. Eso sí es grave.

Ante un rival infinitamente inferior y que llegó a estar con 9 hombres sobre el campo. México ganó e hizo feliz a su pueblo.

Pero su nivel futbolístico deja bastantes dudas. No creo que la Selección llegue lejos en este Mundial.

Con ese nivel, no.