CÓRDOBA.— Desde los 14 años que Daniel (63) se sube a una moto, su hijo Tony (25), es el menor de cuatro hermanos y el único que siguió sus pasos: se subió a los 15 años por primera vez. “A mi papá y a mí nos gustan las motos, y cuando decimos gustar nos quedamos cortos. Mi papá siempre fue un fanático y yo, por las cosas de la vida, cuando me fui a vivir a México compre mi primera moto y ahí me di cuenta de que era algo que me apasionaba”.

Intentó emigrar pero la ganaron las ganas de volver a Argentina, no obstante un día se dio cuenta de que estaba a cada rato mirando videos de viajeros en moto por internet. “Vayamos a ver el mundial con las motos”Al principio la idea era un viaje que conectara Ushuaia con Alaska, “sabía que mi papá había ido a Machu Pichu, cruzado a Chile un montón de veces, y que tiene decenas de miles de kilómetros hechos viajando en moto, pero nunca lo había escuchado hablar de este viaje en particular”, analiza Tony. Así fue que durante años inició a gestar la idea en su cabeza, lo veía como algo difícil por una cuestión de tiempo y dinero, pero con ese objetivo inició a juntar ahorros.

Un día Daniel le preguntó a su hijos: “¿Te gustaría que yo me sumara con vos?“, y la respuesta de Tony no tuvo dudas: ”Sería lo mejor que me podría pasar". A Daniel no le entusiasmaba la idea de tener que bajar primero hasta Ushuaia para después volver a subir, lo hacía dudar.

Pero cuando apareció el mundial la idea iluminó a ambos: “Vayamos a ver el mundial con las motos”, decidieron que recorrer 15.000 km y atravesar 13 países era una gran aventura. “Tres meses era un buen rango de tiempo”La planificación fue difícil, les llevó un año ponerse de acuerdo. Para Daniel en dos meses hacían el viaje, para Tony necesitaban cuatro meses. “Empezamos a buscar gente que ya lo hubiera hecho para pedirles consejos, consultar sobre ciertas rutas, cruces a países y demás.

Llegamos a la conclusión de que tres meses antes era un buen rango de tiempo”, explica Tony. Tenían organizado el recorrido ciudad por ciudad de los primeros 15 días, luego irían resolviendo.

En eso podían improvisar, pero no así en los papeles para estar en regla: visas, papeles, equipamiento de las motos, “tener esa seguridad de no íbamos a llegar a un país y nos iban a mandar de vuelta a casa fue el trabajo más fino que hicimos, el resto lo iríamos viendo día a día”, cuenta Tony. Crearon una cuenta de Instagram, @rutaalmundial, a modo de diario de viaje y partieron desde su casa en Córdoba Capital el 5 de marzo. “Perdidos en el medio de la nada”Desde que entraron a México que la moto de Tony tiene problemas.

Pero el primer inconveniente inició al tercer día del viaje: Tony le pidió a su papá viajar por Tucumán para conocer Tafí del Valle. “Me dijeron que era hermoso para hacerlo en moto y lo terminé convenciendo. Él me decía que este viaje lo hiciéramos simple, que fuéramos por las rutas principales, no era lo lógico ir por Tucumán”, admite Tony.

De Tucumán tenían que ir por el lado de Cafayate hasta San Antonio de los Cobres, y al llegar allí sabían que tenían varios kilómetros de ripio por delante. “Subestimamos lo mal que iba a estar el trayecto”, admite. Asimismo se equivocaron de camino dos veces dentro de la montaña, no tenían señal en el celular y no habían descargado previamente el mapa.Llegó la noche y padre e hijo estaban perdidos en el medio de la nada, en un paso fronterizo de Argentina con Chile llamado Paso Sico. “No está autorizado para civiles, los gendarmes nos dijeron que no podíamos dormir allí pero que a 18 kilómetros había un pueblo”, recuerda Tony.

Pero 18 kilómetros en aquella zona implicaba una hora y media de viaje, “yo nunca había hecho un camino tan feo como ese, mi papá sí, pero veníamos destruyendo las motos. Se nos hizo de noche, no había cartel que dijera el nombre del pueblo que se llama Catua, y nos terminamos desviando para la derecha, todo oscuro, y caímos en un arenal de unos 500 metros, arena hasta por encima del tobillo, con la moto con cubierta para ruta, con todo el peso de las valijas y se rompió el embrague de mi moto”, relata Tony.

Ambos se miraron, no había manera de sacar la moto de allí sin el embrague. Tiraron las dos bolsas de dormir, no tenían carpa y durmieron a la intemperie.

Al día siguiente pasó Samuel, un hombre que entregaba agua en el pueblo y los ayudó cargando la moto en su camioneta hasta San Salvador de Jujuy. “Con mi papá charlamos que cuando volvamos a Argentina queremos ver si le podemos hacer un cartel al pueblo y llevárselo”, dice Tony.Tony le compró la moto a un señor de La Pampa unos meses antes de salir, tenía pocos kilómetros, no le dio ningún problema hasta llegar a México donde inició a hacer un ruido extraño. La llevó a revisar y era un tema interno del motor, esperó una semana el repuesto en Oaxaca y se la cambiaron.

Avanzó 1500km y el ruido otra vez apareció. La llevó al service oficial para que la revisaran íntegra y quedarse tranquilo al ingresar a Estados Unidos.

Pero al llegar a Los Ángeles se rompió de nuevo y la tuvo parada en un taller por muchos días. “Mucha frustración. Yo también sé que elegí este viaje y elegí lo que estoy haciendo y estas cosas uno no quiere pensarlas pero son parte y pasan”, admite Tony. “Algunos nos tratan de locos”El regreso a nuestro país está programado al finalizar el mundial. “La idea es hacer una ruta distinta, quiero recorrer bastante México; Centroamérica no te da tanto margen para cambiar mucho la ruta, pero estoy viendo en Sudamérica un plan de viaje interesante para volver”, analiza Tony que emprenderá el regreso solo porque su padre ya se volvió. “Llegó conmigo hasta la frontera.

Por una cuestión económica y temas personales tenía que volver a Córdoba. Dejó la moto en lo de un amigo en Tijuana y volvió en avión.

La idea es que venga a los partidos si consigo entradas”, cuenta Tony que aún, como muchos argentinos que llegaron a Estados Unidos, no tiene entradas debido al alto costo. Durante el viaje durmieron en hoteles económicos donde se aseguraron que las motos estuvieran protegidas, también en casas de conocidos y de personas que fueron conociendo en el viaje y los hospedaron. “Nosotros somos super simples”, asegura Tony. “Algunos nos tratan de locos, nos dicen que es un peligro, que hay que tener cuidado acá, que puede pasar esto, que puede pasar lo otro, pero sacando eso siempre es súper positiva la respuesta de la gente”, admite.“Este viaje hizo que nuestro vínculo sea mucho más fuerte”Padre e hijo se sienten afortunados de haber podido compartir este viaje, asimismo contaron con la suerte de que en 81 días de viaje solo les han tocado seis días de lluvia, un promedio muy bajo considerando que cruzaron América Central en época de lluvias.

Lo que mas han sufrido fue el calor de 36 grados al frenar en los cruces de frontera o en los semáforos de la ciudad. Antes de viajar ambos concordaron que viajarían solo de día y que serían cuidadosos.

Los nervios y miedos previos al viaje desaparecieron el primer día que entraron en la ruta. A padre e hijo los unen las motos, el fútbol, los asados y el campo. “Tenemos charlas muy lindas, nos encanta hablar.

Yo a mi viejo lo veo como un amigo más y siempre dije que este viaje es con la única persona con la cual lo hubiera hecho porque tenés que tener un grado de relación y de entendimiento muy bueno”, dice Tony emocionado. “Este viaje hizo que nuestro vínculo sea mucho más fuerte de lo que ya era”, concluye.