“Era la casa donde habíamos vivido de chicas, así que tenía muchísimo valor emocional para nosotras”, cuenta la arquitecta Malola Canay, a cargo de la reforma para su hermana Francisca. Aunque conservaba una planta bien resuelta y una vista privilegiada desde el piso 11, el espacio arrastraba una estética de principios de los 2000, con maderas naranjas y baños que pedían un cambio. “En el living sumé un espejo para jugar con los reflejos y traer la vista del piso 11 al único rincón donde no se veía el afuera.

Así, logré que el paisaje acompañe, incluso al trabajar frente a la compu”.Arq. Malola Canay, a cargo de la reforma“Mi primo vivía ahí antes y le había dado una impronta muy playera; el departamento tenía potencial, pero necesitaba orden”, recuerda con una sonrisa.

Se imponía, entonces, resolver aquello que la arquitecta sabía por experiencia que no funcionaba, como la falta de guardado o el lavadero a la vista. “La arquitectura es pensar cómo uno habita el espacio. Me enfoqué en transformar la atmósfera y mejorar la funcionalidad desde esa vivencia previa”.“Mi primo vivía ahí antes y le había dado una impronta muy playera; el departamento tenía potencial, pero necesitaba orden”, recuerda con una sonrisa.

Se imponía, entonces, resolver aquello que la arquitecta sabía por experiencia que no funcionaba, como la falta de guardado o el lavadero a la vista. “La arquitectura es pensar cómo uno habita el espacio. Me enfoqué en transformar la atmósfera y mejorar la funcionalidad desde esa vivencia previa”, asegura.Tomar la oportunidadEl proceso fue un reencuentro: mientras Francisca descubría su interés por el diseño, Malola encontraba en su hermana a la clienta ideal. “Francisca es mucho más colorida que yo, y eso me ayudó a animarme a jugar mucho más con la paleta de lo que suelo hacerlo”.

Al ser muy unidas, la libertad para experimentar fluyó con confianza, y el resultado fue un sueño compartido: Francisca materializó su primera casa y Malola cumplió el deseo de concretar su primer proyecto como profesional independiente.Luminosa y hermética“Mi prioridad era una cocina luminosa que no invadiera el living con olores. El diseño de vidrio fue un acierto total: deja pasar la luz, pero mantiene los ambientes separados cuando se prepara la comida”, asegura Francisca.“En la cocina, ganamos profundidad para esconder el lavadero y sumar puertas panelables”, explica la arquitecta.

Parte del guardado de cocina se llevó al mueble del living, para mantener un espacio más limpio y aprovechar mejor los metros.El rincón de la ventana en la cocina se aprovechó al máximo con una barra para desayunar con vista al río.Pensado al detalle“Fui a probar las sillas porque, para mí, la comodidad es innegociable. Y quiero que mis invitados se sientan tan a gusto que puedan quedarse sentados charlando por horas”, comparte Francisca. “Soy clásica con el mobiliario para que envejezca bien: prefiero una base neutra y dejarle el color a los objetos y plantas, que son los que pueden ir adaptándose mejor a los cambios y las modas”, dice la dueña de casa.“Me volví loca con la modulación, pero finalmente el cerramiento de vidrio acompaña con exactitud la forma del sillón y los paños coinciden con la puerta de la cocina.

Son centímetros contados para que todo encaje con armonía visual”, recuerda Malola.Incorporar el colorEn el pasillo que conduce del área social a los cuartos, las hermanas apostaron por un bloque de color azul que va de las paredes al techo. “El damero azul del baño original fue lo único que no tocamos por su valor emocional. Reiteramos ese tono en el pasillo, para generar un cambio de clima entre el área social y la privada”.A medidaEn el dormitorio, se repitió la idea del mueble a medida con varias funciones.

Las mesas de luz se diseñaron integradas al mueble y respaldo de petiribí, que contribuye al guardado con nichos, cajones y puertas en una sola pieza y libera los laterales de la cama.“A Francisca le encantó la cama porque tiene cajones muy prácticos. Para que el conjunto se sintiera integrado, repetimos el mismo petiribí al diseñar el respaldo y las mesas de luz” En el caso del baño, ante la falta de profundidad, se diseñó una bacha integrada en mármol y la grifería pasó a la pared. ‘‘Fue la solución técnica para ganar metros y optimizar el uso sin resignar riqueza en los materiales’’, explica.En voladizoEl escritorio del segundo dormitorio se diseñó para que el cuarto pueda mutar de uso: se apoya sobre un mueble bajo, para ser desmontado fácilmente sin tocar el guardado.Para mayor limpieza visual, un lapicero y una caja con tapa que oculta enchufes y cablesRincón privilegiadoCon un sol y vista privilegiada, el balcón tenía enorme potencial.

Un juego de sillones y mesa invitan a aprovecharlo y se acompañaron con dos ligeras estructuras metálicas diseñadas para que trepen las enredaderas y cubran las paredes de ladrillo.