Un nuevo mosquito podría transmitir la malaria, pero hay razones para no alarmarse

En Venezuela identificaron un mosquito que podría transmitir a las personas el parásito de la malaria. Aunque el hallazgo no genera una alarma, sí refuerza la evidencia de que la expansión de actividades como la minería y la deforestación favorece la transmisión de la enfermedad.Entre 2000 y 2015, en el continente los casos disminuyeron en un 63,8 %, pero desde entonces, y hasta 2024, volvieron a aumentar en un 15,7 %.
Durante años, la malaria ha sido uno de los principales desafíos de salud pública en las regiones tropicales del mundo. En la región de las Américas, por ejemplo, en 2024 se registraron 663.000 casos de malaria en 16 países endémicos.
Venezuela, Brasil y Colombia concentraron más del 75 % de todos los casos en la región, de acuerdo con Informe Mundial sobre la Malaria 2025 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque la cifra es baja si se compara con la región Africana, donde se registraron 265 millones de casos en 2024, que representan el 94% del total mundial, en la región de las Américas los casos han venido en aumento desde hace nueve años.
Entre 2000 y 2015, en el continente los casos disminuyeron en un 63,8 %, pero desde entonces, y hasta 2024, volvieron a aumentar en un 15,7 %. En países como Venezuela, el aumento de los casos, dice la OMS en su informe, ha estado influenciado por la expansión de la minería especialmente en el sur del país, que corresponde a la Amazonía.
Este contexto beneficia a los protagonistas de la enfermedad: los mosquitos del género Anopheles, encargados de propagar a alguna de las especies del parásito Plasmodium que causa malaria en humanos. “Los mosquitos Anopheles son más selváticos. Les gusta vivir en una superficie de agua con flujos, y no tan reposada.
Esas condiciones y cambios en el entorno los produce la minería, lo que permite que el mosquito prolifere”, explica Adriana Pabón, PhD en Biología e investigadora del grupo de Malaria de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia. Se estima que en Sudamérica hay al menos 86 especies de mosquitos del género Anopheles.
No todas actúan como vectores de la malaria y tienen características diferentes, pero fácilmente se podrían confundir. Eso fue lo que le pasó a un grupo de investigadores que llegó hasta el municipio Sifontes, en el sur de Venezuela.En 2017 y luego en 2022- 2023, viajaron hasta los bosques amazónicos de ese lugar para estudiar el comportamiento de la malaria en esa zona minera del estado de Bolívar.
Su objetivo era identificar qué mosquitos estaban picando a las personas y cuáles podrían estar transmitiendo el parásito.Para esto recolectaron mosquitos hembra, porque como explica Augusto Valderrama, profesor del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes, y quien no participó de la investigación en Venezuela, la que pica a las personas es la hembra, “que busca sangre caliente para incubar sus huevos. Esta pica a una persona infectada, obtiene el parásito, lo reproduce en su interior, y al cabo de 7 a 12 días vuelve a picar otra persona, y le entrega el parásito.
Así es como se transmite de persona a persona”. En total el equipo recolectó 88 especímenes.
Luego de mirar sus características morfológicas fueron identificados como Nyssorhynchus nuneztovari, uno de los principales vectores de la malaria en Sudamérica, pertenecientes al subgénero Nyssorhynchus. No obstante, después de hacerles análisis más detallados a su ADN, se dieron cuenta que no se trataba de esta especie, sino de una que fue descrita hace pocos años en Brasil.
Se trata de Nyssorhynchus rondoniensis, descrita formalmente en 2022 en un estudio publicado en la revista científica internacional Zootaxa. La especie fue encontrada en los municipios de Campo Novo de Rondônia y Monte Negro, estado de Rondônia, Brasil. “Las características morfológicas de los genitales masculinos y la larva confirmaron que la nueva especie comparte similitudes morfológicas con otras especies del Complejo Arthuri, —un grupo de mosquitos del género Anopheles (subgénero Nyssorhynchus) estrechamente relacionados—pero se puede distinguir por las características de los genitales masculinos, la hembra adulta y la larva”, describieron los autores brasileños.
En su estudio, los investigadores de Brasil contaron que encontraron el mosquito en agua estancada o con movimiento moderado con vegetación. También se recolectaron en un hábitat sin vegetación, en un afloramiento rocoso con una cascada completamente expuesta al sol.
En ese momento, afirmaron que se desconocía si la especie era un vector local de la malaria, “no obstante, podría estar implicado”, ya que las hembras se suelen confundir con otra especie sospechosa de ser distribuir el parásito de la malaria en los estados de Acre y Rondônia.Por esto, en ese momento, resaltaron que se necesitarían más estudios, y sin querer, los investigadores que encontraron la especie en Venezuela parece que tienen nuevas pistas sobre la especie. Según su investigación publicada en la revista Acta Tropical, N. rondoniensis puede tener su primera fase de desarrollo en pozos de minería y cualquier depósito de agua, y no solo en aguas naturales y extensas.
Asimismo, no solo fue localizado en bordes forestales, sino en espacios peridomésticos, es decir, los que rodean las viviendas y son un área de transición entre las casas y el exterior. Los especímenes se capturaron cada hora entre las 6 de la tarde y la medianoche.
El número más alto (18) se obtuvo entre las 6 y las 7 p.m., “cuando los habitantes tienden a estar al aire libre y sin protección, especialmente los hombres jóvenes que trabajan en los campos mineros contiguos”, dicen los autores del estudio. ¿Debemos alarmarnos?Aunque el hallazgo parece sorprendente porque es una especie de la que solo se tenía registro en Brasil, no es algo para alarmarse.
Para Adriana Pabón, de la Universidad de Antioquia, hay una duda principal. “Que un mosquito tenga el el material genético del parásito no me garantiza que es vector, porque no sabemos si el parásito se transformó dentro del insecto para luego infectar a otras personas, o si solo estaba infectado porque se acababa de alimentar de alguien con malaria”, afirma. De acuerdo con los investigadores, de los especímenes recolectados solo el 1,14 % tenía el parásito Plasmodium falciparum.
Este número puede ser importante, pero depende de varios factores. Para que un mosquito Anopheles pueda ser vector se necesita de un proceso y varias condiciones que pueden mejorar, o no, su capacidad vectorial.
Primero, cuando el mosquito pica a una persona infectada con malaria, ingiere junto con la sangre las formas sexuales del parásito Plasmodium. Estas no causan infección inmediata, pero se pueden desarrollar dentro del insecto hasta dar lugar a los llamados esporozoítos, la forma infectante del parásito para los humanos.
Estos esporozoítos migran hacia las glándulas salivales del mosquito, y es ahí, cuando vuelve a picar a otra persona, que llegan al organismo humano e inician una nueva infección. “Un solo mosquito con muchos esporozoitos, con alta capacidad de picar a muchas personas, es muy importante”, agrega Pabón. Pero asimismo se necesita, afirma la docente de la UdeA, que pueda vivir más de 30 días y que se alimente solo de humanos (porque hay Anopheles que se alimentan de animales).
Todo eso puede aumentar su capacidad de transmitir el parásito a más personas. No obstante, aún con estas condiciones, hay otra razón para no entrar en pánico.
No es una especie nueva, sino que estaba mal clasificada. “A medida que vamos aprendiendo de los mosquitos vamos entendiendo que pertenecen a un grupo mejor que a otro”, dice por su parte el docente de la Universidad de los Andes, Augusto Valderrama. Desde su punto de vista, el hecho de que otros mosquitos estén siendo comprobados como posibles vectores de malaria pueden significar dos cosas: uno, que viene sucediendo hace rato, pero que hasta ahora se identificó, o dos, que el parásito se adaptó a este nuevo vector.
Este último caso se trata de un escenario que cada vez se puede volver más frecuente debido a problemáticas como la minería y la deforestación, que no son ajenas a Colombia. Aunque la malaria en el país no se concentra principalmente en la Amazonía, sino en el Pacífico, esto se debe a las condiciones climáticas —cálidas y húmedas—, pero también a que varios municipios de esta región concentran una alta actividad minera, que favorece la creación de ambientes propicios para la transmisión de la enfermedad.“Cuando hay deforestación se registran cambios en el ecosistema que permiten que un vector pueda avanzar a los humanos.
Si las prácticas como la minería están en mayor contacto con el hábitat donde está el vector, el problema es más grande, porque los humanos y los mosquitos están cohabitando”, puntualiza Adriana Pabón. Asimismo, hay un factor socioeconómico importante.
La OMS resalta que la malaria se puede prevenir evitando las picaduras de mosquitos, usando toldillos en lugares con alto riesgo, repelentes después del anochecer y ropa protectora. No obstante, las zonas donde se concentra la enfermedad “son áreas muy deprimidas, con mucha pobreza y poca intervención del estado”, menciona Valderrama, de los Andes.
Por esto, desde su punto de vista, la prevención también necesita de un componente de educación dirigido a las poblaciones más expuestas. 👩⚕️📄¿Quieres conocer las últimas noticias sobre salud? Te invitamos a verlas en El Espectador.⚕️🩺
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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