LA BOCA.— “Es como un eclipse: algo que sólo va a tener un mes y medio de superposición”, dice a LA NACION Humberto Moro, director de programación de Dia Art Foundation, mientras toma un café al sol durante una mañana invernal en el Malba. No se refiere a la astronomía ni a la astrología el curador mexicano, que viajó especialmente desde Manhattan para inaugurar hoy la muestra Dan Flavin: luz, color y espacio en el museo porteño, donde continuará hasta mediados de agosto.“La Venus de Londres”: Sue Tilley y el arte de posar desnuda y valer millonesAtribuye a la magia, en cambio, el motivo por el cual esta exposición coincidirá durante más de siete semanas en Buenos Aires con Penumbra, una colectiva también integrada por obras la misma institución estadounidense, abierta desde fines de marzo.

A esa sincronía se suma el hecho de que la sede de Dia en Chelsea aloja hasta enero David Lamelas: The Machine, la mayor exposición individual realizada hasta ahora por el artista argentino en Nueva York.“No fue algo planeado –asegura el curador de estas dos últimas muestras, en las cuales trabajó con asistencia de Ella den Elzen-. Desde que llegué a Dia en 2021 hemos hecho un trabajo importante para mapear Latinoamérica, y la exhibición de David se organizó hace mucho tiempo.

Pero mágicamente se dieron estas dos conversaciones con Proa y con Malba, un cruce muy importante porque son dos de las instituciones de arte más grandes de Buenos Aires. Es muy lindo estén abiertas a recibir estas obras de manera simultánea, y que el público pueda tener una visión más amplia sobre un movimiento tan relevante para el arte contemporáneo”.Quien acepte su sugerencia de ver ambas muestras, en Barrio Parque y La Boca, podrá comprobar que se complementan: la de Dan Flavin, curada por Jessica Morgan y Min Sun Jeon para Malba, abarca 18 piezas de distintas series producidas entre las décadas de 1960 y 1970 por uno de los pioneros del arte minimalista estadounidense.

Y en Fundación Proa –donde ya se mostraron obras de este último en una individual en 1998 y otra colectiva en 2019- se pueden ver otras de Andy Warhol, Felix Gonzalez-Torres, James Turrell, John Chamberlain, Richard Serra, Walter De Maria, Robert Irwin, Agnes Martin y Tehching Hsieh, nunca antes exhibidas en la Argentina.Todas pertenecen al acervo de Dia Art Foundation, institución fundada en Nueva York en 1974 por Philippa de Menil, Heiner Friedrichy Helen Winkler para ayudar a los artistas a realizar “proyectos visionarios quede otro modo no podrían concretarse debido a su escala o alcance”. La forma que encontraron en un principio fue seleccionar a un grupo de once, y pagarles una mensualidad para que pudieran producir con libertad.

Entre ellos se contaba Flavin, quien llegó a tener una exposición permanente en Dia Beacon –que Moro planea reponer en 2028- y a diseñar la sede de Dia Bridgehampton. En una antigua estación de bomberos de principios de siglo que luego fue una iglesia se exhiben desde 1983 nueve piezas de luz fluorescente de este artista fallecido hace tres décadas.

En la actualidad, Dia tiene casi un centenar de obras suyas. “Hay un poco menos de noventa artistas en la colección, lo cual es un número reducido para una institución de ese tamaño. No obstante, están representados en profundidad: también hay decenas de obras de otros como John Chamberline o Fred Sandback, por ejemplo”, señala Moro, quien define como una “polinización cruzada” lo que sucedió en los años 60. “Todo el mundo estaba pensando en cómo abolir los objetos –observa-, en cómo la luz podía ser un material escultórico, volumétrico y maleable.

Hubo una exploración transnacional, acerca de cómo se podía romper con la geometría y el expresionismo abstracto”.A principios de esa década, Flavin inició a experimentar con tubos de luz fluorescentes de distintos formatos, tamaños y colores, disponibles en esa época para cualquiera que quisiera comprarlos. Llegaría a combinarlos de maneras casi infinitas. “Con un vocabulario limitado de opciones logró crear una variedad inmensa de resultados, que tienen que ver con cómo nos relacionamos con el espacio”, apunta Moro, quien destaca también como un factor clave el hecho de que el artista hubiera trabajado como observador meteorológico para el ejército en Estados Unidos, cuando llevó a cabo el servicio militar en Corea. “Todas las particularidades de la luz –agrega- primero las observa en el mundo”.En 1965, en Buenos Aires, Marta Minujín y Rubén Santantonín también apelaban a los tubos fluorescentes para evocar la energía de la calle Lavalle dentro de La Menesunda, en el Instituto Torcuato Di Tella.

Allí mismo, un año después, Lamelas recibía en Premio Especial del Jurado en el premio nacional por Conexión de tres espacios, instalación realizada con paneles luminosos y recreada por el artista para su muestra actual en Nueva York. “Cuando hicimos La Menesunda yo no tenía idea de quién era Flavin”, asegura ahora a LA NACION Minujín, quien se contó ayer entre los primeros en visitar la muestra del Malba y la consideró “fantástica”. “Volví a usar luces de neón en El batacazo –agregó sobre la instalación exhibida en 1966 en la galería Bianchini en Nueva York-. A Flavin lo conocí en los años 70.

Era una persona muy tranquila, como todos los minimalistas”.Mientras tanto, el venezolano Carlos Cruz-Diez creaba obras como Cromosaturación (1965), otra obra inmersiva exhibida hasta septiembre en el Pérez Art Museum Miami, que reimagina el color como una experiencia y corporal. Concebida en 1965, está conformada por tres salas interconectadas, cada una iluminada en un tono: rojo, verde o azul. “Sumergido en este entorno monocromo –se lee en la página web del museo-, el público recibe una especie de sobrecarga retiniana que pone a prueba los límites de la percepción visual”.

Algo muy parecido ocurre con Catso Blue (1967-1987-2026), de James Turrell, y con las obras lumínicas de Robert Irwin exhibidas ahora en Proa. Y con la barrera de luz verde realizada por Flavin en 1973, que impide llegar hasta el final de la sala en Malba. “Pertenece a una serie que empezó a ser a mediados de los 60.

Hizo muchas barreras, en distintos tamaños y colores. Se adaptan a cada espacio y pueden medir hasta cien metros –explica Moro-.

Esta está dedicada a Heiner Friedrich, uno de los fundadores de Dia, y es una de las más extensas”. Una prueba más de que, como un eclipse, lo que ocurre estas semanas en Buenos Aires es una experiencia única.

Para agendar: Dan Flavin: luz, color y espacio, curada por Jessica Morgan y Min Sun Jeon. Desde hoy a las 19 hasta el 17 de agosto en Malba (Av.

Pres. Figueroa Alcorta 3415).

Penumbra: Dia Art Foundation, curada por Humberto Moro y Ella den Elzen. Hasta el 2 de agosto en Fundación Proa (Av.

Don Pedro de Mendoza 1929).