Boletas a USD 10 mil, hoteles que no se llenan, deudas millonarias: la otra cara del Mundial

El Mundial 2026 promete ser el más grande de la historia: tres países, 16 ciudades, 6,5 millones de visitantes y USD 13.000 millones en ingresos para la FIFA. Pero la historia de los grandes eventos deportivos enseña que las cifras del antes y las del después no siempre cuentan el mismo cuento.Uno de los eventos para hinchas en Miami.
Imagen de referencia.CHANDAN KHANNA“El Mundial más grande de la historia”.La frase tiene varios ángulos para mirarla: tres países, 16 ciudades, 6,5 millones de visitantes en los lugares que acogen el torneo, más de 800.000 puestos de trabajo relacionados con la competencia y unos USD 13.000 millones en ingresos para la FIFA.También se puede ver por otro lado: la demanda de boletas más alta de la historia, los precios de venta de entradas más caros para un Mundial (quintuplicando el promedio para el evento de los últimos 30 años), así como ciudades sede que invertirán millones sin garantías de recuperarlos. El Mundial más grande de la historia también apunta a ser el más excluyente — y los números lo confirman.En la mitad, hay millonarias inversiones por parte de las ciudades que alojan el torneo, con un promedio de USD 100 millones cada una, tan sólo en las sedes de Estados Unidos (11 en total).
A esto se le suman fondos federales (o sea, dinero público) por más de USD 600 millones para lidiar con asuntos logísticos como seguridad.Para este punto, varios estudios han concluido que eventos como los Olímpicos y el Mundial no suelen ser los grandes catalizadores de negocios que se pintan desde el principio. La historia es común: proyecciones de miles de millones en ingresos para miles de negocios y, claro, para las ciudades que alojan las competencias.Pero después de que se dan los pitazos finales, luego de que se reparten las últimas medallas, la postal que se repite año luego de año es una en la que aparecen con prominencias problemas fiscales y deudas multimillonarias.Le puede interesar: ¿Otro seguro asimismo del SOAT?
Fasecolda pide eliminar polémico artículo de proyecto de leyEl costo social de los eventos globalesSi bien los Olímpicos son un bien distintos de los Mundiales de fútbol, no sólo en sus aspectos obvios (muchos deportes vs. sólo uno), la escala de lo que implican permite algunas comparaciones. Y las historias del después de los eventos ilustra un poco esta historia.Atenas 2004 es uno de los mejores ejemplos del después financiero de los Juegos: un costo oficial de más de USD 9.000 millones (aunque hay cuentas que elevan esa factura a cerca de USD 15.000 millones), con un país que tiempo después entró en una crisis de deuda pública, en parte impulsada por los compromisos adquiridos para realizar los Olímpicos.
A esto hay que sumarle las imágenes, ya no de deportistas y gente sonriendo, sino de piscinas olímpicas llenándose de pasto, como si se tratara de una película sobre el fin de la humanidad cortesía de zombies.Lo de Atenas es icónico, en tanto la crisis de deuda griega (impulsada en parte por el lastre de los Olímpicos) estuvo por cargarse al euro y requirió de una cirugía financiera transnacional a gran escala. Pero no es el único ejemplo de su tipo.Montreal acogió los Juegos de 1976 con un presupuesto proyectado de USD 124 millones.
Pero retrasos en la construcción y problemas operativos llevaron a que el precio total de esta empresa pasara de los USD 1.500 millones. La ciudad se demoró 30 años (hasta 2006) en saldar las deudas adquiridas por los Juegos.La historia se repite para algunos Mundiales, de cierta forma.
Después de la edición de 2014, en Brasil, hubo reportes de instalaciones deportivas (con facturas de millones de dólares para su construcción) que luego fueron usadas para estacionar buses. El estadio de Manaos, con un costo de USD 300 millones, apenas acogió 11 eventos en el semestre después del final del Mundial: o sea, se abrió menos de dos veces por mes en ese periodo.Los problemas, asimismo, no son sólo para cuadrar caja.
Para no ir más lejos, la pasada edición, en Qatar, estuvo plagada de denuncias de trabajo forzado en los proyectos de infraestructura de un país con la tradición futbolera que tendría Narnia, Mordor o Gondor. Este Mundial en particular es especial en este aspecto: buena parte de las ciudades sede no incluyen las enormes inversiones en infraestructura que se requieren para poder jugar con todas las de la ley.
En buena parte estamos hablando de lugares con sistemas de transporte capaces y con estadios de altura global. Y, claro, hay que hacer adecuaciones, ampliaciones, refacciones y demás.
Pero no hay que crear todo el inventario de obras desde cero.Pero todos los problemas logísticos (el manejo de multitudes, las horas extra en personal de transporte y seguridad, por ejemplo) sí están en manos de las ciudades.En el otro extremo de la recta, el de los beneficios, se habla de ganancias por cuenta de los visitantes, los turistas que llegan para los juegos y las celebraciones de antes y después de los partidos.Para EE. UU., el mayor anfitrión de la competencia, no obstante, los beneficios podrían no materializarse en toda su magnitud: para mayo, 80 % de los participantes en una encuesta de uno de los mayores gremios hoteleros en ese país dijeron que sus proyecciones de ocupación no se iban a cumplir.A esto hay que sumarle que, al parecer, la mayoría de asistentes a los juegos serán visitantes locales, no viajeros internacionales.
Las proyecciones en abril indicaban una mezcla de 50/50 en este aspecto, pero desde entonces esos pronósticos se han debilitado para el lado internacional de la ecuación, según datos de CoStar, una firma de análisis de datos hoteleros en Estados Unidos. Esto puede ser un problema porque la industria hotelera prefiere a los viajeros internacionales por la sencilla razón que gastan más: en comidas, transporte y productos varios; asimismo sus estadías pueden ser más largas, pues incluyen los partidos, pero también vacaciones extendidas en algunos casos.De acuerdo con cifras de esta firma, el incremento de ingresos por habitación se proyectaba en 1,2 % para junio y 1,5 % para julio.
Estas cifras están por debajo de las proyecciones que se tenían el año pasado y son cuatro veces menores de lo experimentado durante el Mundial de 1994, que también se celebró en EE.UU.Noticia clave: Congreso aprobó nuevo régimen sancionatorio aduanero: ¿qué cambia para el comercio exterior?Una talla no les sirve a todosAhora bien, al ser un torneo que se juega en tres países, el panorama y las cifras van cambiando al mirar otros territorios. Por ejemplo, en cuanto a ocupación hotelera, la cosa se ve mucho mejor desde el lado mexicano y el canadiense.
Según los datos de CoStar, Guadalajara y Monterrey lideran este listado, seguidas de Vancouver, Toronto y Ciudad de México. La primera sede estadounidense que se cuela en la clasificación de las ciudades con mejor ocupación hotelera es Nueva York, en el sexto puesto del listado de CoStar; y pues, a fin de cuentas, es en donde se realizará la final.No obstante, por el lado de los arriendos de corto plazo en plataformas como Airbnb y Booking, la jugada pinta mejor, especialmente con grupos grandes y familias que viajan a los lugares de los partidos, según estas empresas.Según un análisis de OpenEconomics (comisionado por la FIFA), los países sede podrían recibir un impulso a su PIB de cerca de USD 41.000 millones, asimismo de aumentar sus presupuestos en casi USD 9.000 millones (vía impuestos locales, por ejemplo).Y este es un punto clave en la diferenciación entre el Mundial y los Olímpicos: el torneo de fútbol sí impulsa economías locales más allá de los países sede.
En Colombia, los bares y restaurantes esperan un incremento en ventas de 35 % cuando juegue la Selección Colombia, por mencionar apenas un sector.El Mundial para los bolsillos más profundosEn la mitad de toda esta cuestión, hay un asunto pendiente: el precio de las boletas.Las entradas del Mundial marcaron un nuevo récord, al registrar precios por encima de los USD 10.000 para la final, en la mejor categoría posible (hay tres, dependiendo del lugar del estadio que se busque).Los incrementos son notables frente a otras ediciones del Mundial (desde 1998 hasta hoy), cuando el precio promedio por una entrada categoría uno estuvo consistentemente por debajo de los USD 2.000.Si bien el umbral de los USD 10.000 es para la entrada más cara, en el partido más requerido, los aumentos se han visto en todas las categorías y en todas las fases del evento, según varios análisis independientes.Y en esto hay dos tensiones principales en marcha. Uno es la demanda, que ha sido histórica.
Según la FIFA, para esta edición se registraron 500 millones de pedidos de venta de entradas, mientras que en la edición pasada (el Mundial de Qatar) este número estuvo por debajo de los 20 millones.Y el apetito del público contrasta con los asientos disponibles: unos siete millones. En otras palabras, un interés de 500 millones, versus una realidad de 7 millones.
En ese desfase es que se comienzan a colar los precios altos.Pero el engranaje no estaría completo si no se incluye la utilización de precios dinámicos, un esquema que incrementa el costo de un bien en la medida en la que sea muy demandado. Esto se ve, de forma sencilla, en el valor de un servicio de transporte a medianoche en Navidad: el doble de caro de un día y hora equivalentes.A esto hay que sumarle los esquemas de reventa de entradas, que están regulados en México y en algunas partes de Canadá, pero no de a mucho en Estados Unidos.
Y por aquí es que llegamos al crecimiento astronómico de las boletas. Por ejemplo, para el partido de Colombia-Portugal, una entrada tipo tres (de las más baratas) costaba originalmente USD 155, pero ahora ya sobrepasa los USD 2.500; esto antes de impuestos y cargos extra, claro está.Estos precios, y la forma como van fluctuando en el tiempo, llevan a preguntarse por la accesibilidad de un evento global.
Listo, ir al Mundial es, de entrada, un plan caro. Pero en este punto no es sólo esto, sino que se vuelve imposible para millones de seguidores del deporte.
La FIFA facturará ingresos récord. Las ciudades sede pagarán cuentas que, en algunos casos, no se traducirán en más negocios o bienestar económico.
Y los millones de hinchas que pidieron una boleta y no la consiguieron — o que la encontraron a un precio que quintuplica su valor original — verán el torneo desde una pantalla. El Mundial más grande de la historia también apunta a ser el más claramente dividido entre quienes pueden pagarlo y quienes no.💰📈💱 ¿Ya se enteró de las últimas noticias económicas?
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Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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