SANTA ROSA.— Corría el mes de junio de 1956. Juan Domingo Perón había sido derrocado por la denominada Revolución Libertadora el 16 de septiembre del año anterior.

El general Juan José Valle -identificado con el peronismo- intentó volver al poder, pero el objetivo no fue alcanzado y fue fusilado por el gobierno militar. En nuestra ciudad y otras dos ciudades del interior del país, Santa Rosa (La Pampa) y La Plata, triunfaron las fuerzas civiles justicialistas, pero no pudieron resistir la derrota nacional y sus protagonistas terminaron en la cárcel.

Y estuvieron muy cerca de un daño mayor: el fusilamiento, pedido realizado por el jefe de la Policía de la Provincia de Santa Fe, capitán de Marina Rivero. El plan de rebelión era insurreccional y no un golpe como aparentó ser.

Fue una especie de ejército popular, constituido por civiles y suboficiales, bajo la conducción de algunos oficiales. El grupo de nuestra ciudad, conducido por el ex suboficial principal Ramón Néstor Zapata, se había contactado con el suboficial José Navarro de Santa Fe.

A fines de diciembre de 1955, varios grupos de militantes peronistas de Rafaela se dispusieron a la lucha, enfrentando las prohibiciones, comenzaron a organizarse y a protagonizar las primeras acciones clandestinas. Eran leales al pacto que durante diez años de gobierno peronista tuvieron con su líder y consideraron que había llegado el momento de dar la vida por él.

"Perón vuelve" fue la consigna secreta que giró en las conciencias de todos quienes se lanzaron a la lucha en medio de un contexto desfavorable. El ideólogo local fue el citado Zapata, que había cumplido funciones en el Distrito Militar N° 37, que funcionaba en avenida Mitre de nuestra ciudad (hoy está la Sociedad Española).

"Un día, caminando por bulevar Lehmann me encuentro a Reinaldo Parra, hermano del doctor Parra, que me comenta que se está empezando a organizar la lucha peronista. Las reuniones se realizaban en el domicilio del doctor Luis Parra o en la casa del suboficial principal Ramón Zapata.

Este último formó varios grupos, dirigidos cada uno por un jefe. (...) Estos fueron Elvio Farías, Oscar Núñez, Juan Ponzetti y yo. Tenía a mi cargo a seis o siete muchachos para organizar distintas actividades.

Había que entusiasmar a la gente, despertar el ánimo. Repartimos volantes en forma clandestina por distintos puntos de la ciudad" , testimonió Américo "Lito" Maina.

Volviendo a 1956, en Rafaela se produjeron dos hechos de sabotaje contra un galpón depósito del Ferrocarril Central Argentino y contra el periódico Castellanos (su director, Francisco Pérez Torres, era jefe de los Comandos Civiles). El día elegido fue el sábado 9 de junio de 1956, porque ese día los francos del personal militar facilitarían la toma de los cuarteles.

El grueso del plan consistía en el copamiento de todas las guarniciones militares del país, mediante el reclutamiento de suboficiales en actividad que tomarían los cuarteles y permitirían el ingreso de los militares retirados para asumir el mando, y luego se marcharía hacia Buenos Aires. En tanto, Perón estaba en contra de ese plan porque se había preparado sin su consentimiento.

El grupo de Rafaela se planteó la toma total de la ciudad: el Distrito Militar, la Jefatura de Policía, las dos estaciones de Ferrocarril, el Correo, Teléfonos, la Municipalidad, el Tiro Federal, Obras Sanitarias y el Hospital. La organización descansó sobre la base de dieciocho jefes.

La noche del 9 de junio más de cien peronistas estaban reunidos en la tapicería de Agenor Astesano, sobre calle Moreno, mientras escuchaban LRA Radio del Estado y esperaban la proclama de la rebelión. Primero se levantó Santa Rosa y los rafaelinos (el grupo de los "alguaciles") tomaron el Distrito Militar algunos por el frente y otros por el fondo.

Los restantes grupos fueron al Tiro Federal (para buscar los fusiles Mauser), a la Jefatura, a la Municipalidad, al Correo, a Teléfonos y al Ferrocarril Mitre. Casi al filo de la medianoche, Rafaela estaba tomada y la revolución triunfaba sin encontrar resistencia.

"Quien estaba a cargo, Zapata, decide no esperar más y arenga ´quienes quieran seguirme, que me sigan´. Todos sin excepción, nos dirigimos hacia el Distrito Militar.

Zapata, Arsenio Bravino y Elcidio Carena tomaron por sorpresa al soldado de guardia. Luego, los demás copamos la totalidad de las instalaciones y nos apoderamos del armamento allí existente", contó Maina.

Y agregó: "Otro grupo fue al Tiro Federal y trajo carabinas y fusiles Mauser. Poco después se hizo presente el jefe del Distrito mayor Cabrera, quien trató de arrebatarle el arma a Néstor Bruno, pero fue controlado por Elvio Farías.

Cabrera fue tomado prisionero y yo estuve a cargo de su custodia, cometido que cumplí con todo respeto". "El grupo que habíamos tomado el Distrito fuimos hacia la Jefatura de Policía.

Allí Zapata, a viva voz, le solicitó la rendición al personal apostado adentro, quienes respondieron con disparos. Luego de un breve tiroteo algunos lograron