De una zona árida a un paraíso verde en SMP: El proyecto del Cerro La Milla que se inspira en el sistema de andenes de los incasDe ingeniero a influencer ambiental: La historia del “chico salva plantas” que va rescatando 300 árboles en LimaEn medio de las conversaciones sobre sistemas de riego, voluntariados y especies nativas, Jean Carlos Torres camina por un asentamiento humano de Villa María del Triunfo con el mismo accesorio que lo acompaña desde hace años: un sombrero como el de Luffy, protagonista del anime “One Piece”. No es un detalle menor.

Para él, el personaje representa algo que valora profundamente: la perseverancia de quienes persiguen sueños que parecen imposibles. MIRA TAMBIÉN: Un diálogo con Olivia Dean, la nueva gran diva del pop: “Solo me gusta la atención cuando estoy cantando” Quizás por eso resulta fácil entender cómo un joven chalaco que estudió márketing, trabajó en una empresa de alfombras y empezó vendiendo plantas terminó convirtiéndose en uno de los rostros más reconocidos del activismo ambiental digital local.

Miles de personas lo conocen como “el chico de las plantas”. El nombre nació mucho antes de los videos virales o de los voluntariados.

Cuando recorría distintos puntos ofreciendo plantas y realizando mantenimiento a domicilio, tocaba puertas y respondía lo mismo cuando preguntaban quién era: el chico de las plantas.La frase se quedó. Con el tiempo también se convirtió en el nombre de sus redes sociales y en una identidad que hoy reúne a una comunidad cada vez más amplia de voluntarios, ingenieros, vecinos y personas interesadas en construir una ciudad más verde.La historia inició en el Callao.

Jean Carlos creció cerca de los Barracones, una de las zonas más complejas del primer puerto. Mucho antes de liderar jornadas de arborización en los cerros de Lima, ya sentía fascinación por las plantas —una pasión heredada de su madre—, y por la posibilidad de transformar espacios a través de ellas.

Luego de dejar su trabajo para apostar por un emprendimiento propio, inició a vender plantas, a realizar mantenimiento y a compartir consejos en redes sociales. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por elchicodelasplantas (@elchicodelasplantas6) No obstante, detrás del personaje que aparece en pantalla existe una persona bastante distinta a la que muchos imaginan.“Piensan que soy muy sociable porque hago contenido, pero en realidad soy bastante tranquilo”, cuenta.

Le gusta pasar tiempo en casa, escuchar música y ver anime. Entre sus gustos musicales aparecen bandas de rock, punk e independientes peruanas, una elección que suele sorprender a quienes lo asocian únicamente con plantas y jardines.Jean Carlos sonríe cuando habla de esa diferencia entre la imagen pública y la privada.

No porque exista una contradicción, sino porque entiende que las redes sociales muestran apenas una parte de la historia. Lo que sí permanece constante es su fascinación por la naturaleza.Durante años compartió consejos para cuidar plantas, recomendaciones para principiantes y contenido relacionado con jardinería.

Pero sus intereses comenzaron a expandirse. Ya no se trataba únicamente de ayudar a que una planta sobreviviera en una sala o en un balcón.

Había una pregunta más grande rondando: ¿qué pasaba con los lugares de Lima donde ni siquiera existía sombra?La sombra como privilegioLa respuesta inició a encontrarla lejos de los distritos más verdes de la capital. En las periferias de Lima, donde los cerros dominan el paisaje y el acceso a áreas verdes es escaso, Jean Carlos descubrió una realidad que terminaría marcando el rumbo de su proyecto.

Mientras algunos vecinos pueden caminar entre parques arbolados, otros crecen en lugares donde un árbol sigue siendo una rareza.Quizás por eso las diferencias en el acceso a áreas verdes nunca le resultaron ajenas. Aunque hoy trabaja principalmente en comunidades de la periferia limeña, suele recordar que él también creció en una zona donde la naturaleza no era precisamente protagonista del paisaje urbano.En Villa María del Triunfo, una de las comunidades con las que trabaja en la actualidad, basta observar la pendiente del cerro para comprender el desafío.

La subida puede tomar cerca de media hora a pie. Transportar herramientas, plantas, agua o materiales requiere esfuerzo y coordinación.

Los voluntarios que participan en las jornadas suelen descubrir rápidamente que la experiencia va mucho más allá de plantar un árbol y tomarse una fotografía. “Cuando llegan entienden la realidad de la comunidad”, explica.Lo que inició como jornadas de arborización fue creciendo hasta convertirse en un proyecto mucho más ambicioso. Hoy el objetivo no es simplemente plantar árboles, sino crear espacios capaces de sostenerse en el tiempo.

Por eso el trabajo incluye la instalación de sistemas de riego, tanques de almacenamiento de agua y una planificación que contempla distintas etapas. Primero llegan los árboles nativos.

Después, especies cubresuelo que ayuden a conservar la humedad y atraigan polinizadores. Más adelante, incluso podrían incorporarse árboles frutales y plantas destinadas al consumo comunitario.La lógica es sencilla: plantar por plantar no sirve.

Árboles instalados para una fotografía oficial que mueren pocos meses después por falta de mantenimiento. Proyectos que comienzan con entusiasmo y desaparecen cuando termina la ceremonia inaugural.

Por eso Jean Carlos insiste en trabajar junto a las comunidades. La arborización es solo una parte de una conversación más amplia que también incluye manejo de residuos, educación ambiental y fortalecimiento comunitario.

Porque al final, explica, un árbol no solo proporciona sombra. Mejora la calidad del aire, ayuda a reducir la temperatura y fortalece el suelo en zonas vulnerables.En busca del “all Green”Si hay algo que une todas las facetas de Jean Carlos Torres es la capacidad de imaginar posibilidades donde otros ven limitaciones.

Cuando habla de sus propios sueños, las referencias a “One Piece” reaparecen. Menciona el concepto del “All Blue”, el mítico mar donde convergen todas las especies de peces.

Él ha creado su propia versión de esa idea. La llama, medio en broma y medio en serio, el “All Green”.

Un lugar donde predomine el verde. Una Lima distinta.

Una ciudad donde las áreas verdes no sean un privilegio. Quizás esa sea la idea que mejor resume quién es realmente el chico de las plantas.

No alguien que solo busca plantar árboles, sino alguien convencido de que muchas personas trabajando juntas pueden transformar un paisaje.