¿Y la emergencia política?

Este mes se cumple un año desde que Boric ingresó su reforma al sistema político, con el objetivo de fortalecer la democracia frenando la atomización del sistema de partidos. También en junio de 2025, la Cámara Alta aprobó una reforma constitucional de orientación similar, presentada por un grupo transversal de senadores, cuyo propósito es controlar la fragmentación del Congreso, incluyendo un umbral electoral, y aumentar la disciplina de los parlamentarios.
El diagnóstico sobre una especie de “emergencia política” asociada a los problemas de gobernabilidad se instaló transversalmente. Pero la amenaza de alterar las reglas apenas dos meses antes de la inscripción de las candidaturas que competirían en noviembre, las discrepancias dentro de la entonces coalición oficialista y la resistencia de partidos pequeños pero relevantes en los márgenes, llevaron a la postergación de la discusión.
El actual gobierno tiene una ventana para avanzar y capitalizar este progreso.El problema de la fragmentación política es que muchos actores tienen mucho poder y lo pueden usar transaccionalmente o como chantaje. Los partidos pierden capacidad de procesar conflictos y estos terminan en el Congreso.
Esto, que hasta la legislatura anterior estaba más bien radicado en la Cámara, ahora lo sufre el Senado, donde los partidos representados crecieron fuertemente, cifra que bajó, pero se mantiene elevada en diputados. Muchos parlamentarios negocian su voto en aspectos que no guardan relación con el proyecto en discusión y no es raro que estos resulten decisivos en votaciones estrechas, dándoles una posición de poder desproporcionada.
Asimismo, la ausencia de castigos a la indisciplina ha derivado en descontrol. Por ejemplo, cerca de un cuarto de los diputados que fueron a la reelección lo hizo por un partido distinto al que pertenecía cuando fue elegido.
El Parlamento se ha vuelto disfuncional y varios parlamentarios impredecibles. La mayor víctima de esto es siempre el gobierno de turno, motivo suficiente para que el Presidente Kast priorice el trámite de los respectivos proyectos, con el mismo sentido de emergencia del que ha provisto a la agenda económica y de seguridad.
Él podría ser el principal beneficiado por un mayor orden del sistema, especialmente si logra sacar adelante la reforma impulsada por el anterior Ejecutivo, que ofrece incentivos más inmediatos de coordinación y orden partidario. El efecto del proyecto que impulsaron los senadores -más fuerte en la disciplina partidaria- podría verse diferido producto de sus normas transitorias, aunque su sola aprobación debiera tender a mejorar el panorama.
Pero más allá del cálculo, si este gobierno logra materializar una reforma en esa línea —al menos aprobando la iniciativa ingresada por Boric— podría dejar un legado de acuerdo político amplio y mejora institucional sustantiva, con efectos que incluso podrían incidir en un mejor clima de inversión y permitirle a Kast dar un salto en su estatura de estadista.Por Rafael Sousa, Socio en ICC Crisis, Profesor de la Facultad de Comunicación y Letras UDP.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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