Comprar por internet siempre ha tenido algo de búsqueda, comparación y confianza. El usuario mira precios, revisa opiniones, comprueba si la tienda le suena y decide si pulsa o no el botón de compra.

Hay quienes adoran hacerse un máster en cada producto deseado para adquirirlo y otras personas consideran esta una labor tediosa. Para ellas, hay buenas noticias.Las grandes tecnológicas quieren que cada vez haya menos pasos entre el deseo y la transacción: que baste con pedirle a una IA unas zapatillas, un bolso, una televisión o un regalo de cumpleaños para que el sistema busque opciones, compare características, vigile bajadas de precio y, llegado el momento, compre por nosotros.La tendencia está ahí.

Google lo ha mostrado en sus últimas I/O con nuevas herramientas de compra integradas en AI Mode, su modo de búsqueda con inteligencia artificial, y con Universal Cart, un carrito inteligente pensado para acompañar al usuario entre distintos servicios de la compañía y comercios online. Apple ha presentado en su reciente WWDC Notify Me para Safari, una función para que el navegador avise cuando detecte cambios en una página, por ejemplo, si un producto vuelve a estar disponible o baja de precio.

Amazon ha incorporado Alexa for Shopping a su ecosistema de comercio electrónico. Y OpenAI permite que ChatGPT muestre productos, detalles, imágenes y enlaces de compra cuando detecta que el usuario quiere comprar algo.El objetivo es que la IA deje de ser solo una herramienta que responde preguntas y pase a convertirse en eso que llevamos meses oyendo: un agente.

En este caso, un agente de compras. El problema, como ocurre con casi cualquier salto tecnológico, es que la misma comodidad que promete ahorrar tiempo al usuario también abre nuevas vías para el fraude.Tiendas falsas que se cuelan en las recomendaciones de la IAUna investigación publicada por The Guardian ha puesto sobre la mesa webs falsas que imitan a tiendas reales y que han llegado a aparecer como fuentes en recomendaciones de compra de ChatGPT.

La información parte de Ask Silver, un servicio de detección de estafas, que detectó páginas clonadas relacionadas con Russell & Bromley y Dunelm.El ejemplo es fácil de entender. Un usuario pregunta a ChatGPT por bolsos o carteras populares de Russell & Bromley.

La respuesta ofrece sugerencias, precios y enlaces. Entre esas fuentes, según la investigación, aparecían páginas fraudulentas que copiaban la apariencia de una tienda legítima.

El usuario, al ver el enlace dentro de una respuesta aparentemente útil y ordenada, puede confiar más de la cuenta, entrar en la web falsa y pagar por un producto que nunca llegará.El caso de Russell & Bromley, explica una fuente de Ask Silver al diario británico, tiene asimismo un elemento añadido. La marca entró en concurso de acreedores en enero de 2026 y fue absorbida por Next, por lo que ya no existe una web oficial independiente de Russell & Bromley como tal.

Esa situación genera confusión entre quienes siguen buscando la tienda original y crea un espacio perfecto para que aparezcan dominios falsos con nombres que suenan creíbles. “Es probable que los clientes potenciales sigan buscándolo”, añaden desde el servicio antifraude.Según recoge The Guardian, algunas de esas páginas usan términos como ‘official’, ‘deals’ o variantes similares para dar sensación de legitimidad. También ofrecen grandes descuentos, a veces muy agresivos, y pueden utilizar diseños, fotografías y catálogos que recuerdan a los de una tienda real.No es una estafa nueva en su esencia.

Las webs clonadas llevan años circulando en buscadores, redes sociales, anuncios y correos electrónicos. Lo nuevo es el canal: ahora los estafadores también intentan aprovecharse de los sistemas de búsqueda y recomendación de los chatbots.La fiebre del AI shopping y sus riesgosEl comercio electrónico lleva años intentando reducir fricciones.

Primero fueron los pagos con un clic, después los comparadores, las recomendaciones personalizadas, los avisos de precio y los carritos sincronizados. La inteligencia artificial generativa añade ahora una capa más: el usuario ya no tiene que navegar por menús, filtros y páginas de resultados, sino que puede formular una petición en lenguaje natural.No es lo mismo escribir ‘zapatillas blancas mujer oferta’ en un buscador que pedirle a un asistente: «Quiero unas zapatillas blancas cómodas, que no sean muy caras, que sirvan para caminar bastante y que tengan buenas opiniones».

La IA entiende mejor la intención, pregunta si necesita más datos y devuelve una selección más parecida a la recomendación de un dependiente que a una lista de enlaces.Ese cambio explica por qué tantas compañías están apostando por el llamado AI shopping o comercio agéntico y la dirección es la misma en todos los casos: menos clics, menos búsqueda manual y más decisiones delegadas en sistemas de inteligencia artificial. Pero la tendencia tiene su cara y su cruz.La investigación recogida por The Guardian habla de una posible “contaminación” o “poisoning” del sistema.

Es decir, contenido malicioso creado para que una IA lo recoja como fuente y lo presente después como parte de una respuesta. No hace falta imaginar una manipulación sofisticadísima del modelo para entender el riesgo.

Si un chatbot busca en la web, resume resultados y muestra enlaces, una página fraudulenta bien construida puede intentar colarse en ese circuito igual que antes intentaba posicionarse en Google.La diferencia está en la confianza. Cuando alguien ve un anuncio sospechoso en una red social, quizá desconfía.

Cuando recibe un correo con faltas de ortografía y una oferta imposible, puede sospechar. Pero cuando la recomendación llega dentro de una conversación con una IA, acompañada de una explicación personalizada y con apariencia neutral, la barrera psicológica baja.Y el riesgo no es solo que alguien pierda dinero en una compra falsa, también puede entregar datos personales, dirección, teléfono, correo electrónico o información bancaria a una página fraudulenta.