La historia detrás de "Soy provinciano": quién es Juan Rebaza, el compositor que ayudó a ponerle música al Perú migrante

Julieta Venegas: “Soy una mitómana del amor, he idealizado a muchas personas. Hoy pongo a la amistad por encima del romance”El hijo de carpinteros de Villa El Salvador que estudiará ingeniería aeroespacial en MichiganT’aqrachullo: la verdad detrás del sitio arqueológico peruano que captó la atención de National GeographicEra un joven rockero y amante del jazz, con la melena hasta la cintura, en medio de un grupo de señorones criollos bien enternados y perfumados que cargaban cuatro y cinco décadas.
Todos en el estudio lo miraban como a un bicho raro, entre ellos el gran Óscar Avilés, que no sabía quién le había mandado un hippie para grabar en uno de sus discos. Así recuerda Juan Rebaza (72) su primer encuentro con quien acompañaría durante muchos años.
Avilés lo trataría siempre de usted, con mucho respeto, pero esa primera impresión fue otra cosa: lo miró de arriba abajo como si tuviera delante a un ser de otro planeta. “¿Usted va a grabar conmigo?”. De inmediato le pidió una prueba de aptitud.
Rebaza se colgó el bajo, tocó unas notas, y la primera guitarra del Perú no volvió a dudar de él nunca más.MIRA TAMBIÉN: Roblox: lo que debes saber del juego que captura la atención de los niños y que ha llegado hasta a las aulasRebaza, con décadas de oficio encima, es una máquina de contar anécdotas. El resultado natural de haber tocado al lado de los grandes, artistas locales y de afuera: en su currículo figuran actuaciones con The Platters y hasta la Tongolele.
Maestro de varias generaciones de bajistas, hoy alista algunas presentaciones con su ensamble de jazz. Lo encontramos en el estudio de grabación Chic & Chano, en Santa Anita, y a pedido nuestro abre la caja de los recuerdos.Todo empezó con una radio.
De niño, en La Victoria, era capaz de pasarse horas pegado al aparato. Después vino la orquesta del colegio, y después, ya de adolescente, la revelación del rock británico: The Kinks, The Beatles, Herman’s Hermits.
Con unos amigos del barrio juntaron ganas e improvisaron instrumentos encargados a carpinteros. La banda se llamó The Brits.
El nombre era elocuente de su pasión.La infancia no fue fácil. Perdió a su madre a los cuatro años y a su padre a los doce. “Pero nunca me faltó amor”, dice sin pausa. “Yo tuve como doce mamás”.
Quien ocupó el lugar del padre fue su abuelo, un hombre que se desvivió por él y que un día se encontró ante una petición inesperada: Juan le pidió que le compré una batería. “Uy, mi abuelo, cómo se puso, qué no me expresó”. El viejo no era tacaño, era temeroso.
En esa época, la música y la perdición iban de la mano en el imaginario de muchas familias. Decían que el músico bebía, que no llegaba a ningún lado.
Pero Juan ya tenía 16 años y ya salía en televisión. El camino, a esa altura, era irreversible.Durante su paso al lado de Oscar Avilés y Arturo “Zambo” Cavero, les aportó una canción especial: “El que no tiene de inga, tiene de mandinga”.
La había concebido como un landó de seis estrofas, pero las circunstancias la convirtieron en festejo. La frase le resonaba de modo particular, y no era casualidad.
Él mismo se sentía un peruano de muchos lados, con parientes esparcidos por todo el país. Crecer en La Victoria, distrito migrante por excelencia, con su mezcla de población andina y afroperuana, fue moldeando su sensibilidad sin que él se diera cuenta.
En los años setenta, la cumbia era el idioma de las masas que llegaban a la capital y Rebaza compuso un puñado de canciones en ese estilo que nunca se usaron. Hasta el día que Lorenzo Palacios, Chacalón, tocó su puerta.
Un muchacho provincianoRebaza lo recuerda de joven, antes de la fama, cargando equipos de audio para un amigo que alquilaba sonido, buscándose la vida como podía. “Chacalón trabajaba de plomo, se recurseaba, y a veces tocaba la tumbadora en conjuntos”, cuenta. Pero ese día Chacalón, ya convertido en cantante, llegó a su casa de madrugada.
Andaba buscando repertorio y le dijeron: “Rebaza tiene canciones”. “Yo le puse una canción que pensé que podía gustarle, y la verdad es que no le gustó mucho”, recuerda. El tema decía: “Soy muchacho provinciano, me levanto muy temprano, para ir con mis hermanos a trabajar. […] No tengo padre ni madre, ni perro que a mí me ladre, solo tengo la esperanza de progresar”.
Chacalón lucía reacio. “No es mi estilo”, le expresó. Fueron sus músicos quienes lo convencieron de grabarlo. “Soy provinciano” se convirtió quizá en su mayor hit y en un himno del Perú emergente.A Rebaza de nombre lo conocen pocos, salvo sus colegas músicos, que lo ubican perfectamente y hasta le han dedicado libros tributo como “El bajo contemporáneo en la música” (2018), donde transcribieron treinta de sus líneas de bajo más famosas, desde «Cada domingo a las doce» y «Chabuca Limeña» hasta «Y se llama Perú».
Quizá el maestro Juan no resuene para el gran público, decíamos, pero su música y las canciones que grabo suenan en todas partes. Él nunca ha sido de figurar, y tampoco le ha hecho falta, dice.
Hoy trabaja como productor junto a Chano Silva, y sigue grabando al servicio del artista. Esta tarde está trabajando un nuevo tema criollo con Melcochita.
Uno más que tendrá su sello sin llevar necesariamente su nombre encima. //.
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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