Ya en el siglo IV antes de Cristo, en la antigua y sabia Grecia, precursora de la civilización europea occidental (y a su vez precedida por la civilización egipcia), el historiador y militar Tucídides, al describir la guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta, identificó como la causa principal el temor de Esparta ante el ascenso de Atenas. El politólogo estadounidense Graham Allison acuñó la frase “la trampa de Tucídides” en 2012 y en los años siguientes la popularizó, basándose en la narración de Tucídides.

El concepto es que el temor de una potencia hegemónica y poderosa ante una potencia emergente en claro ascenso generalmente conducía a la guerra, la cual era una consecuencia directa de ese temor, más que de alguna agresión concreta. En tiempos más modernos encontramos a España, en su momento la potencia hegemónica global, en guerra con Inglaterra, la cual eventualmente se convirtió en la potencia dominante.

Hay muchos otros ejemplos. Graham Allison analizó 16 momentos históricos donde una potencia en ascenso desafió a una establecida, y en 12 de ellos el resultado fue un conflicto bélico directo.

A eso se refería Xi Jinping en la última reunión con Donald Trump. Esto es importante para todos, porque ahora es la civilización la que está en juego con la existencia de las armas atómicas.

Dicho esto, hay que procurar mantenernos como país al margen de esta “trampa”. Panamá es un país con una presencia geopolítica desproporcionada a su minúsculo tamaño, y por tanto susceptible a que nos hagan quedar inmersos en esa lucha por el poder global.

Nunca he entendido por qué los países no pueden convivir en paz. Hay muchas teorías, especialmente la del azuzamiento por la industria armamentista, pero creo que la clave está en el tribalismo del ser humano, que seguramente va a durar varios milenios, si es que sobrevivimos como civilización.

Ojalá la inteligencia artificial nos ayude a dar el salto hacia una sociedad de cooperación y de paz, y no termine destruyéndonos, considerándonos una causa perdida. Hace unos días vi una entrevista del astrofísico y divulgador de la ciencia Nils de Grasse Tyson, donde relata una situación ficticia en la cual una nave extraterrestre llega a estudiar la civilización en La Tierra, y después de ver las guerras de todo tipo que nos plagan envió un mensaje a su planeta natal: “En La Tierra no hay vida inteligente”.

Dicho todo esto, es en el interés nacional mantenernos al margen de esta lucha hegemónica pues, como dicen en el interior, seríamos como “una cucaracha en baile de gallinas”, en la cual sólo podremos salir perjudicados como país. Así, a los que toman las decisiones, publican noticias y opiniones, e influyen en el estado de ánimo de la población, les pido encarecidamente que eviten el divisionismo y el tomar partido, generalmente movidos por causas personales y mezquinas que sólo pueden traer malos tiempos para nuestros compatriotas.

Les recuerdo una de las poesías más hermosas de nuestro haber literario, que expresa con fervor patriótico la defensa de la identidad nacional: “… si ves que el Hado ciego en los istmeños puso cobardía, desciende al Istmo convertida en fuego y extingue con febril desasosiego ¡a los que amaron tu esplendor un día!”. El autor es ingeniero, informático y escritor.