Subarriendo y ciudad

SEÑOR DIRECTOR:A raíz del incendio y derrumbe en una casona de calle Libertad, en Barrio Yungay, vuelve a hacerse visible una realidad ajena al debate público: el subarriendo informal. Se trata de un fenómeno presente en casi todas las grandes urbes latinoamericanas, que debería formar parte de la discusión sobre la crisis habitacional.Habitaciones sin contrato, viviendas subdivididas o familias compartiendo espacios diseñados para una sola unidad son expresiones de un fenómeno que responde a una necesidad.
Para hogares migrantes, estudiantes, trabajadores temporales y familias de menores ingresos, constituye la única alternativa para acceder a localizaciones cercanas a empleos, servicios y transporte.El problema no radica solo en la informalidad, sino en la precariedad e inseguridad que la acompañan. La falta de regulación dificulta la protección de arrendatarios y propietarios, favorece el hacinamiento y limita la capacidad institucional para comprender la magnitud real del fenómeno.Más que perseguir estas prácticas, es necesario reconocer que el subarriendo informal manifiesta las limitaciones del mercado formal para responder a las necesidades habitacionales de amplios sectores.
Mientras la oferta bien localizada continúe siendo insuficiente o inaccesible, estas formas de acceso seguirán proliferando.El incendio en Barrio Yungay no creó este problema; simplemente hizo visible una realidad que lleva años desarrollándose a la sombra de nuestro debate habitacional.Catalina MarshallAcadémica e InvestigadoraEscuela de Arquitectura U.Finis Terrae
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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