SEÑOR DIRECTOR:Chile tiene un problema serio en su sistema político. Por eso se extrañó alguna mención en la última Cuenta del Presidente Kast.

La fragmentación parlamentaria, la proliferación de partidos sin representación real, el transfuguismo y los enormes costos de negociación entre el Ejecutivo y el Legislativo no son casualidades: son el resultado de un diseño electoral que premia los incentivos equivocados.El segundo gobierno de Bachelet dejó tres reformas estructurales mal diseñadas: la tributaria, la educacional y la electoral. Esta última reemplazó el binominal por un sistema proporcional que pulverizó el sistema de partidos y convirtió la gobernabilidad en un ejercicio agotador.

Piñera y Boric pagaron ese costo.Las soluciones existen y tienen respaldo amplio: umbrales para ser electos, reducción de la magnitud distrital y pérdida de escaño por transfuguismo. Hay incluso un proyecto muy avanzado en el Congreso.

Pero el problema es que los incumbentes no cambian las reglas por las que fueron electos.Hoy, no obstante, hay una ventana. La próxima elección parlamentaria está a distancia.

El Congreso puede actuar pensando en el país y no en la propia supervivencia. Estas oportunidades no abundan.Rodrigo Arellano FalcónVicedecano Facultad de Gobierno UDD