El científico que asegura que Chile tiene sus propias Galápagos

Obtener unos minutos de Ricardo Rozzi (66) es un milagro. Profesor en Punta Arenas, donde hace clases en la Universidad de Magallanes, y en Estados Unidos, con cátedras en la U. de North Texas, también dirige el Centro Internacional Cabo de Hornos, en Puerto Williams, la institución científica más austral del mundo, creada por él en 2022, todo esto sin dejar de escribir libros y papers, algunos de ellos publicados en revistas como Nature.
Su prestigio, obtenido gracias a su innovador cruce entre biología con la filosofía, creando conceptos como ética biocultural, lo llevó a ser incorporado a fines de abril en la Academia Chilena de Ciencias. -¿Cómo estuvo esa ceremonia?Mi incorporación sucedió el 22 de abril de este año, fecha en que, desde 1970, se celebra el Día de la Tierra. Que haya ocurrido el 22 de abril da un mensaje del valor de la ciencia, junto a las humanidades, para cuidar la sustentabilidad planetaria entendida esta como una condición de base también para el bienestar de la humanidad.-No es común que la Academia incorpore a científicos tan multidisciplinarios como usted.
¿Hay ahí una señal? ¿Se siente representante de una manera distinta de hacer ciencia?La convocatoria tiene esa intención, pues desde el sur queremos dar la señal de esta necesidad de hablar tanto de los síntomas como de las causas últimas de esta crisis.
¿A qué me refiero? A que los síntomas han sido bien estudiados por la ciencia: cuánto se ha calentado el planeta, cuáles son las tendencias, cuánto bosque se ha perdido, etc.
Pero, ¿por qué? ¿Cuáles son los valores detrás de esta catástrofe?
¿Cuál es la educación que nos llevó a que estemos actuando en contra no solo de la vida planetaria sino del bienestar de la mayoría de los seres humanos? La cultura ahí juega un papel fundamental.
La ciencia moderna, aunque no lo parezca, surge en estrecho hermanamiento con las artes y las humanidades. Entonces, más que una revolución, se trata de recuperar una tradición en la que Chile ha sido un referente gracias a personas sobresalientes como quien fuera mi maestro, Humberto Maturana, que también fue un pensador multifacético.
Porque no basta con datos: tenemos que darles un sentido y según él tomar acciones consistentes.Ricardo Rozzi asegura que Chile tiene sus propias Galápagos -Podría haber investigado desde cualquier lugar del mundo. ¿Por qué decidió radicarse en el extremo austral de la Patagonia?Para hacer lo que hago habito en distintas instituciones y puntos geográficos.
Uno de ellos es el departamento de filosofía de la U. de North Texas, donde dicto clases de ética ambiental y desde un punto de vista muy amplio. El otro es justamente el Cabo de Hornos, un laboratorio natural que no se encuentra en otro lugar.
Es lo que yo he llamado la cumbre austral del continente americano, un ápice con una superficie muy cortita, que tiene el territorio más al sur del planeta. Acá en Texas hay un dicho: don’t mess with Texas.
Nosotros en Puerto Williams decimos: don’t mess it with Cape Horn. No despilfarremos el Cabo de Hornos, porque no tiene réplica.
Por su distancia, está todavía afecto a una muy baja intensidad de la contaminación industrial. Allí no hay lluvia ácida y la mayor parte de sus bosques nunca han sido fragmentados.
Entonces, ¿cómo no irse a esta joya a estudiar? Así como Galápagos fue capital para estudiar la evolución desde Ecuador, Cabo de Hornos lo será para comprender el cambio climático y proponer soluciones desde Chile.-¿En qué consiste el concepto de “filosofía ambiental de campo”, acuñado por usted?La filosofía ambiental de campo es clave hoy porque es un complemento, un contrapunto esencial a la inteligencia artificial.
Que sea “de campo” significa que uno, como ser humano, con todos los sentidos, va en cuanto mamífero a oler, a mirar, observar y comprender su entorno, complementando esta inteligencia corporal, cerebral y animal con un muy buen uso de la tecnología. No es una u otra, es ambas.
Lo segundo, ¿por qué filosofía y no ciencia de campo? Porque necesitamos nuevamente una aproximación sistémica: ir desde la observación y el entendimiento hacia la acción, pero nutrida por la comprensión de conceptos valóricos.
Por ejemplo, que el valor de la vida tiene que estar por encima del valor del capital. Es la ética la que orienta a la ciencia, no al revés.
La ciencia, la tecnología o la IA pueden ser usadas para el bien o para el mal, pero ese juicio requiere una preparación humanista de los profesionales, los investigadores y los ciudadanos. Eso lo ofrecemos con una lupa que hemos llamado biocultural.-Un concepto que la comunidad de Puerto Williams ha sabido hacer propio.Colaboramos con todas las instituciones, desde la Armada hasta la comunidad el pueblo yagán.
Tejer estos conceptos con los educadores, y las niñas y niños, desde el preescolar hasta la educación superior, ha sido un trabajo laborioso, pero ya tenemos frutos: el año pasado se recibió la primera generación de técnicos profesionales en turismo subantártico y biocultural, gracias al CHIC. Ese, entre otros, es el gran valor de que Chile esté invirtiendo en un centro científico de nivel mundial, que puede llegar a ser tan importante como un Paranal o un ALMA en Atacama.-Lleva mucho tiempo alertando sobre la homogeneización biocultural, un fenómeno que hace perder biodiversidad a cambio de igualar los paisajes y costumbres.
¿Es la Patagonia un espacio de resistencia?Ese es un desafío muy grande por la intensidad de la concentración del poder a nivel mundial, tanto económico, bélico y tecnológico. Donde la IA depende de unas pocas organizaciones y las decisiones, la cultura, la información, los ideales que se forjan, los arquetipos en el imaginario de nuestros estudiantes en Chile y en cualquier parte del mundo, son cada vez más homogéneos y centralizados.
En ese sentido, hay que pensar en la relevancia de la educación no formal. Por ejemplo, en Cabo de Hornos se está forjando un turismo de base, como el que se lleva en la hacienda Santa Rosa, donde miembros de la comunidad yagán ofrecen una experiencia de navegación en canoas y de comida ancestral. -Muchas de sus publicaciones tienen que ver con el cruce entre arte y ciencia, y el rol que ambas tienen en la ecología.
¿Cómo se incentiva ese diálogo?Arte y ciencia han estado históricamente juntos. La ciencia, al igual que el arte, es mitad un descubrimiento, quitar el velo, sacar aquello que está en medio; y mitad invención e imaginación.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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