En la columna anterior nos preguntamos cuánto vale lo que producimos y concluimos que Costa Rica crece, pero necesita acelerar. Hoy quiero explorar una pregunta más de fondo: ¿por qué algunos territorios generan más prosperidad que otros?

La respuesta más antigua de la economía señala que la clave está en la geografía.Las características físicas de un territorio condicionan el acceso a recursos y la conectividad con los mercados; las regiones montañosas o fragmentadas enfrentan más dificultades para conectar personas, bienes e ideas. Por eso la geografía ha sido un factor fundamental para explicar las diferencias entre naciones y dentro de ellas.

Y sí, la geografía nos dice mucho sobre Costa Rica y su economía.Para empezar, el país tiene una superficie de 51.180 kilómetros cuadrados. De los cerca de 195 países del mundo, ocupa la posición 126, acompañado por Bosnia y Herzegovina (51.209 km²), Eslovaquia (49.035 km²), República Dominicana (48.670 km²) y Estonia (45.339 km²).

Claro, lo interesante no es solo el tamaño compartido, sino que algunos de estos países han alcanzado niveles de prosperidad muy superiores al nuestro.Con datos del Banco Mundial, en PIB per cápita ajustado por paridad de poder adquisitivo (dólares de 2021), Costa Rica alcanza US$26.973 por habitante, cifra superior a Bosnia y Herzegovina (US$20.528) y República Dominicana (US$24.230), pero inferior a Estonia (US$41.190) y Eslovaquia (US$40.319).Para entender qué han hecho Estonia y Eslovaquia, miremos primero el territorio que las condiciona. Estonia es relativamente plana, con una altitud máxima de apenas 318 metros, mientras que Eslovaquia es montañosa, pero con acceso directo al corazón de Europa.

Esas características influyeron en su estrategia económica: Estonia digitalizó su Estado hasta volverse líder mundial en gobierno digital, aprovechando un terreno que facilitó la conectividad; mientras Eslovaquia se convirtió en potencia manufacturera gracias a su integración continental y a la cercanía a Alemania.Costa Rica, aunque de tamaño similar, tiene un territorio muy distinto; va de cero a 3.821 metros en el Chirripó en tan solo unos pocos kilómetros, con volcanes, cordilleras y entre el 55% y el 60% del territorio costarricense posee un relieve accidentado, quebrado o escarpado. Esa complejidad topográfica, combinada con el clima tropical, el acceso a dos océanos y lluvias de entre 2.500 y 3.500 milímetros anuales, ha creado las condiciones para albergar cerca del 5% de las especies conocidas del planeta en apenas el 0,03% de la superficie terrestre mundial, lo cual nos convierte en uno de los países con mayor densidad biológica del mundo.Pero esa misma complejidad tiene costos; las montañas encarecen la infraestructura y la logística, y más del 75% de las emergencias recientes, según la Comisión Nacional de Emergencias, han sido de origen hidrometeorológico.

La lluvia que sostiene nuestra agricultura y nuestra matriz eléctrica renovable es también nuestra principal fuente de riesgo. En contraste, Estonia recibe unos 700 milímetros al año y Eslovaquia, cerca de 800.La economía moderna entiende que la geografía no determina el destino, pero sí define el espacio de posibilidades.

En el caso de Costa Rica, eso significó transformar atributos naturales, biodiversidad, clima, energía renovable, en sectores económicos concretos como turismo, agricultura especializada y una reputación internacional construida sobre la sostenibilidad.En términos de estrategia, dado nuestro territorio, se identificaron las fortalezas que otros no pueden imitar fácilmente y se convirtieron en ventajas competitivas. En otras palabras, nuestras montañas, bosques y océanos no construyeron prosperidad por sí solos; más bien, hay un factor humano detrás de la optimización de nuestro territorio.

En ese sentido, si queremos cerrar la brecha de productividad con los países más ricos, entonces, el próximo dato que debemos analizar no está en los mapas; está en el talento de nuestra gente. Pero ese es otro relato.jaime.garcia@incae.edu Jaime García es director para América Latina del Índice de Progreso Social.