La noche en que los Fundamentalistas abrazaron al país desde la Patagonia
LA BANDA.— El destino, a veces, tiene una sincronía tan perfecta como macabra. Justo cuando la feligresía ricotera se congregaba en los confines del mapa para celebrar una misa más, la realidad asestó uno de los golpes más duros de la historia del rock argentino: la partida física de Carlos Alberto “El Indio” Solari.
De golpe, el show que Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado tenían previsto en el Predio Ferial de Comodoro Rivadavia dejó de ser una escala más de su gira para convertirse en el epicentro del dolor, el refugio del desconsuelo y, fundamentalmente, el bautismo de fuego de un mito que ya es eterno.La noticia del fallecimiento del Indio, un día antes del concierto, paralizó los corazones de un país entero. La lógica burocrática o el frío protocolo hubieran dictado la suspensión inmediata ante semejante shock.
No obstante, la banda tomó la decisión más valiente, visceral y profundamente ricotera de su existencia: subir al escenario. No había margen para el repliegue.
Con miles de personas que habían cruzado rutas infinitas para llegar a la Patagonia y una marea de desamparados emocionales necesitando un abrazo colectivo, suspender hubiera sido dejar huérfanos a los fieles en el peor momento. Para amplificar ese abrazo, la banda abrió una transmisión gratuita a través de YouTube, transformando un concierto de formato cerrado en un histórico velatorio artístico que conectó en directo a más de 230.000 personas en simultáneo.
El Predio Ferial de Comodoro Rivadavia, un gigante de cemento acostumbrado al rigor del viento patagónico, mutó esa noche en una catedral subterránea. Más de 7000 almas colmaron el espacio cubierto, mientras en las afueras, bajo un frío que calaba los huesos, cientos de jóvenes y viejos seguidores se apiñaban para estar cerca, para respirar el mismo aire de una ceremonia que ya se presentía histórica.
Cuando Gaspar Benegas, Baltasar Comotto y el resto de la demoledora maquinaria Fundamentalista pisaron las tablas, el aire se podía cortar con un cuchillo. La tensión y la congoja de los músicos era evidente, despojados de cualquier pose de rockstars y convertidos en lo que realmente son: los guardianes del tesoro musical de un genio.
El inicio del show fue una declaración de principios, pero el verdadero desahogo colectivo, ese momento donde el dolor se transformó en pura tracción a sangre y distorsión, llegó con una seguidilla letal extraída del catálogo dorado de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. De los 35 temas que tocaron más de la mitad fue del repertorio de la mítica banda.
Los primeros dos, fueron nada menos que Un Ángel para tu Soledad y Yo Caníbal tema donde apareció por primera vez la imagen del Indio cantando en la pantalla sobre el final del tema. Cuando estallaron los acordes de Divina TV Führer, seguida de Todo Preso Es Político, se trató de un mazazo de rock directo que sirvió para recordar la vigencia contracultural y el pulso crítico que el Indio sembró en el inconsciente colectivo argentino durante casi cinco décadas.El recorrido no se quedó solo en la nostalgia de los ochenta y noventa.
El setlist hizo justicia a la inmensa obra solista de Solari, canciones complejas que la banda ha sabido internalizar como propias. Nike es la cultura sonó densa, climática y cargada de una atmósfera profética, demostrando que la poesía de su creador no perdió un ápice de su filo.
Más tarde, la ejecución de Adieu! Bye Bye!
Aufwiedersehen! se sintió como una despedida explícita, una ironía elegante y desgarradora de un artista que siempre supo cómo decir adiós en sus propios términos. La sólida banda, siempre tan compacta y efectiva por momentos pareció desbordada por la emoción del momento, y si bien hubo varias versiones un tanto deslucidas en el plano vocal (sobre todo en los temas ricoteros) no se trató de una noche para mensurar con el oído clínico de la crítica convencional.
Fue en temas propios de la carrera solista del Indio donde brillaron, como por ejemplo El Charro Chino y Flight 956, aunque uno de los momentos más emotivos e inolvidables de la noche fue cuando el Indio se hizo presente desde la pantalla para cantar esa suerte de despedida anticipada titulada Encuentro con un ángel amateur. Escucharlo cantar “Más de una vez me escuché decir que en la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida.
Yo ya no puedo cumplir hazañas que prometí, sólo esperar cantando”, en ese preciso contexto fue un impacto demasiado fuerte para cualquiera. Sobre el escenario, los músicos dejaron de tocar por un momento, vencidos por las lágrimas, abrazados a sus instrumentos en un llanto sincero que humanizó por completo la leyenda.
Abajo, en el llano, el público se fundió en un abrazo interminable. Ya no importaba la afinación ni el tempo; era el dolor crudo de saber que se había ido el hombre, pero también la certeza de estar asistiendo al nacimiento de una devoción eterna.Sobre el final un emocionadísimo Pablo Sbaraglia (tecladista, director musical y ocasional cantante) deslizó una de las pocas palabras de la noche hacia el público, cuando expresó “esta vamos a cantársela a él” antes de la entrañable Había una vez.
La noche cerró con la mística intacta de un ritual que demostró estar más vivo que nunca. Gaspar Benegas cantó con autoridad Juguetes Perdidos, ese himno inoxidable dedicado a los “redonditos de abajo” (como los llamaba el Indio) en uno de los puntos más altos de la noche.
Y luego, desbordado por la emoción, se dirigió al público para agradecer por el apoyo en tan particular debut patagónico de la banda antes de prender fuego el recinto con el rock clásico de Mariposa Pontiac/Rock del País. Por supuesto el broche de oro fue con el usual cierre de Ji Ji Ji interpretado por el Indio desde la pantalla constituyendo el pico máximo de la noche.Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado no solo dieron un concierto en Comodoro Rivadavia; oficiaron de parteras de un mito.
En la noche más triste, el rock argentino encontró su refugio en el sur del mundo, demostrando que las canciones del Indio Solari ya no le pertenecen a un cuerpo ni a un tiempo, sino al alma de un pueblo que jamás lo va a dejar morir. Porque, como dice la canción: “Cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón”.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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