El Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid, COLVEMA, ha presentado la Guía para la detección del maltrato animal, un documento práctico dirigido a los profesionales veterinarios con el objetivo de facilitar la identificación de posibles situaciones de maltrato, su valoración clínica, la correcta documentación de los indicios observados y la notificación a las autoridades competentes cuando sea necesario.El acto de presentación ha contado con las intervenciones de José Ramón Becerra, director general de Derechos de los Animales; Ángel de Oteo, director general de Agricultura, Ganadería y Alimentación de la Comunidad de Madrid; y Felipe Vilas, presidente del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid. La guía ha sido elaborada por el veterinario Juan María Josa, reconocido por su labor formativa y de sensibilización en el ámbito de la protección y el bienestar animal a través de cursos, seminarios y actividades de divulgación profesional.El documento parte de una idea central: detectar a tiempo puede ser decisivo para proteger.

Desde esa premisa, la guía ofrece pautas para que los veterinarios puedan reconocer señales de alerta compatibles con un posible caso de maltrato animal. Entre ellas figuran lesiones inexplicables, fracturas antiguas o repetidas, heridas en distintas fases de evolución, deterioro del estado corporal, falta de higiene, miedo hacia la persona responsable, apatía, depresión o alteraciones de conducta.COLVEMA también llama la atención sobre otros indicios que pueden resultar relevantes durante la consulta, como el retraso injustificado en solicitar atención veterinaria, explicaciones incoherentes sobre lo ocurrido o antecedentes de daños o muertes inexplicables en otros animales.

La violencia hacia los animales puede coexistir con situaciones de violencia familiarEl objetivo no es que el veterinario asuma funciones de juez o investigador, sino que pueda registrar de forma objetiva y ordenada aquellos hallazgos que puedan requerir una valoración posterior por parte de las autoridades competentes.La guía incide asimismo en una dimensión social especialmente sensible: el maltrato animal puede ser un indicador de otras formas de violencia o vulnerabilidad dentro del hogar. La violencia hacia los animales puede coexistir con situaciones de violencia familiar, violencia de género, maltrato a menores o personas mayores, exclusión social, aislamiento o acaparamiento de animales.

En estos contextos, la intervención veterinaria puede contribuir a activar recursos de protección no solo para el animal, sino también para posibles víctimas humanas. "El maltrato animal no debe entenderse únicamente como un problema aislado de bienestar animal", señala Felipe Vilas, presidente del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid."En muchas ocasiones puede ser también una señal de alerta de situaciones de vulnerabilidad, violencia familiar, violencia de género, exclusión social o deterioro grave del entorno", agrega.

"Por eso, la mirada veterinaria puede contribuir no solo a proteger a los animales, sino también a detectar contextos en los que otras víctimas puedan estar en riesgo".El documento insiste en la importancia de una valoración clínica rigurosa, objetiva y estructurada. Esa evaluación debe apoyarse en el examen del animal, la observación de su comportamiento, el análisis del estado corporal, la revisión del entorno y del manejo, así como en la coherencia entre la anamnesis y los hallazgos clínicos.

Esta metodología permite distinguir señales aisladas de patrones compatibles con sufrimiento, negligencia o violencia.Uno de los aspectos clave de la guía es la documentación veterinaria. COLVEMA subraya que todo hallazgo debe quedar registrado de forma clara, con la identificación del animal, la fecha y hora del examen, la descripción objetiva de las lesiones, imágenes cuando proceda, los datos del profesional que documenta y la trazabilidad de los indicios y evidencias.

Esta información puede ser determinante si posteriormente se comunica el caso a las fuerzas y cuerpos de seguridad, al juzgado de guardia, a la Fiscalía, a las áreas de bienestar animal o a los servicios sociales cuando puedan existir personas vulnerables implicadas.“Los veterinarios desempeñamos una función sanitaria, social y ética esencial", añade Vilas. "Nuestra responsabilidad no termina en el diagnóstico o el tratamiento: también debemos estar preparados para identificar señales de sufrimiento, documentarlas con rigor y actuar de forma prudente cuando un animal pueda estar en riesgo".La guía también ofrece orientaciones sobre cómo notificar posibles casos de maltrato.

COLVEMA recuerda que esta comunicación debe ser objetiva, descriptiva y estar respaldada por documentación suficiente. No se trata de afirmar la ilegalidad de unos hechos, sino de trasladar de manera razonada los indicios observados para que las autoridades competentes puedan valorar la situación y adoptar las medidas oportunas.Los veterinarios desempeñamos una función sanitaria, social y ética esencialEl Colegio de Veterinarios de Madrid insiste, asimismo, en que estas actuaciones deben preservar siempre la confidencialidad de los datos y canalizarse por las vías adecuadas.

La difusión de casos en redes sociales o en otros canales no oficiales puede comprometer la investigación, dificultar la protección del animal o poner en riesgo la seguridad de las personas implicadas.La Guía para la detección del maltrato animal se completa con una guía rápida de actuación veterinaria que resume los pasos principales ante cualquier sospecha: detectar, valorar, documentar, registrar e informar, notificar y proteger. Esta herramienta pretende facilitar una consulta ágil por parte de los profesionales y reforzar una idea básica en la atención clínica: una sospecha bien documentada puede marcar la diferencia.