El templo invertido de Dios

A menudo pienso que las iglesias no son un instrumento de la espiritualidad para llegar a Dios, sino el fin mismo, la mayor y mejor personificación de lo divino. Casas vacías que parecen invitar a todos a habitarlas, aunque de noche solo duerma en ellas el silencio y no el pobre; polígonos fríos disfrazados de embajadas de un lugar inenarrable llamado cielo.
Ficción espiritual. En cierta forma, cualquier iglesia se erige como una inmensa sala de cine donde los espectadores se desinhiben y son capaces de proyectar conversaciones con seres de otro mundo.
Pero cuando se encienden las luces y se abren las puertas, todo se evapora. Lo que pudo haber sido no fue.
O fue solo imaginado. Aun así, me causan una total fascinación, pues a veces logro autoengañarme y me creo conectado a una matrix si comulgo, toco el agua bendita o me arrodillo para repetir unas frases milenarias.Seguir leyendo...
Información de La Vanguardia. Edición y redacción: Noticias Today.
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