La revancha de Pedro Lemebel: vuelve el autor que transformó la crónica en una gran performance de la memoria

Si en algo se basaba la escritura de Pedro Lemebel, era en la urgencia del día a día, el pulso sucio de la acera, el ritmo acelerado de la calle. “Creo que el mayor sustento de mi escritura es mi día apurado, enervante por las mil piruetas que debo hacer para contestar entrevistas, resolver asuntos domésticos, enamorarme y desenamorarme de lo que se me cruza y a veces me deja impávido. Porque aunque parezca difícil, aún me sorprendo, y a veces también me dejo arrastrar por una ola de inocencia frente a unos ojos impertinentes”, expresó en charla con la revista Rocinante, en 2001.
Pero en esa misma conversación Lemebel se desmarcaba del star system literario nacional, y de cualquier pretensión adosada al hecho de ser escritor. “Con respecto a lo literario, no me interesa esa batalla envidiosa de los literatos chilenos. Parecen conejas pariendo libros fomes solamente con el afán escalador de moldear su nombre en relieve.
Por eso no creo tener referentes locales en esta manga de eunucos letrados, tan fufurufos campaneando el trago en el Mulato Gil en la fonda del Tavelli. A veces mi escritura se anida fugazmente en la evocación de algún texto compungido que me hizo desprenderme de mí, dejar de ser yo en ese instante de comunión con algún nombre: Berenguer, Perlongher, Puig, Monsivais...En su mayoría maricas y mujeres, ¿te das cuenta?”.Pedro Lemebel desarrolló sobre todo la crónica, hasta entonces, considerada una esfera literaria menor, pero le dio un nuevo aire retratando la marginalidad, lo periférico y las disidencias sexuales. “Yo antes escribía cuentos, pero no sé, encuentro un poco tramposa la ficción -expresó en el 2000 para la revista Lucero, de la U. de California-.
Llegó un momento el cuento no se ajustaba a mis necesidades de realidad, de denuncia, de biografía y la crónica me vino como anillo al dedo”.Así, en sus libros de crónicas desarrolló una obra que tuvo mucho reconocimiento. Solo su muerte, en enero de 2015, cortó de forma trágica una escritura brillante.
Pero luego, un problema de índole familiar frenó la publicación de sus libros. Resuelto en 2025, la casa Seix Barral decidió darle un nuevo aire al acervo lemebeliano y reeditarlo de manera íntegra, pero con algunas novedades.
Así, lo explica a Culto Josefina Alemparte, directora editorial de Grupo Planeta Chile.“Como es sabido, la obra de Pedro Lemebel ha estado publicada en Seix Barral desde hace más de veinte años. Luego de su fallecimiento y de que se resolviera el tema de su sucesión, los libros estuvieron fuera de circulación, por lo que pensamos que era importante devolver estos libros a las vitrinas de manera que causaran un impacto, inaugurando, de alguna manera, una nueva etapa en la difusión de la obra del autor.
En los últimos años se han publicado varias traducciones y se ha generado un cierto redescubrimiento del autor y un renovado interés en su obra, por lo que nos parecía adecuado pensar en una nueva etapa y trabajar esta recolocación de esta manera”.De esta forma, Seix Barral acaba de poner en circulación el catálogo completo de Lemebel, con 10 títulos: las crónicas La esquina es mi corazón, Adiós mariquita linda, Loco afán, De perlas y cicatrices, Háblame de amores, Zanjón de la Aguada, Serenata cafiola y Mi amiga Gladys; el volumen de cuentos Incontables; y su única novela, la célebre Tengo miedo torero. Pero acaso el cambio mayor está en el rediseño de sus portadas, a cargo del ilustrador chileno Santi Nam, quien propone una reinterpretación de las cubiertas originales, a modo de homenaje, con una estética más cercana al mundo de los videojuegos y colores muy encendidos.
El detalle no es menor, considerando que el mismo Pedro Lemebel era quien escogía sus portadas.“No fue fácil cambiar estas portadas, precisamente porque era el mismo autor quien las pensaba y definía, pero nos animamos al cambio apelando a la fuerte conexión que tenía Lemebel con sus lectores -explica Alemparte-. En su caso, la gente se identifica con su obra y, por ende, se la apropia, la cita, la reinterpreta, y queríamos reflejar eso, ya que Lemebel es un autor muy querido y un referente para mucha gente.
Nos pareció que hacer una reinterpretación de sus portadas era también reconocer la obra de Lemebel en esa coordenada, de referente cultural que se construyó en la cercanía con sus lectores”.Alemparte agrega que la idea de estas nuevas portadas era más bien lanzarse a la piscina. “Queríamos en principio marcar una diferencia con los diseños previos, entonces en vitrina era importante que se notara este hito. Lo que nos gustó del trabajo de Santi es justamente que se mueve en un registro que es inesperado, por decirlo de alguna manera.
En el mundo editorial a veces se apuesta más por lo seguro y eso suele moverse en lo conocido, lo ya visto. Santi no está en esa coordenada, tiene una propuesta visual con mucha identidad, y también es un lector de Lemebel, valora su obra y su vida.
Desde ese lugar es que surge el proyecto, con el arrojo de lo nuevo”.En el caso puntual de siete de estas nuevas ediciones cuentan también con prólogos escritos por destacados autores chilenos y latinoamericanos. Tengo miedo torero , prologado por Alana S.
Portero (España); La esquina es mi corazón , prologado por Gabriela Wiener (Perú); Adiós mariquita linda , prologado por Cynthia Rimsky (Chile), Loco afán , prologado por María Fernanda Ampuero (Ecuador); De perlas y cicatrices , prologado por Liliana Viola (Argentina), Háblame de amores , prologado por Giuseppe Caputo (Colombia); y Zanjón de la Aguada , prologado por Julián Herbert (México). Pero la apuesta mayor es que tres de los títulos serán publicados en España: Tengo miedo torero, Adiós mariquita linda, y Loco afán, país donde Lemebel tuvo una trayectoria editorial más bien accidentada. “Tengo miedo torero recientemente circuló en una edición de otra editorial y había sido publicado antiguamente en Anagrama, pero las crónicas no se veían en España hace muchísimos años -señala Alemparte-.
Es primera vez que los libros circulan en España a través de Seix Barral, lo que sin duda le dará una enorme fuerza a su posicionamiento allá”.Las claves ¿Cómo entender la bibliografía de Lemebel? Una definición la arrojó el escritor Alejandro Zambra, quien se refirió a él en su ensayo Dos notas urgentes sobre Pedro Lemebel, incluido en su volumen No leer (Anagrama, 2018). “Lemebel supo ir más allá de las expectativas de la prensa y de los paralizantes marcos teóricos.
Su obra, estudiada en decenas de universidades en todo el mundo, ha demostrado una consistencia y una relevancia mucho mayor que la que le atribuían quienes lo ninguneaban a grito pelado en los años noventa, y que ahora, resignados a una escala diferente de lo políticamente correcto, siguen ningunéandolo sotto voce”.El escritor Juan Pablo Sutherland, quien publicó el volumen Lemebel sin Lemebel (Alquimia, 2024), comenta a Culto: “La riqueza de su escritura se cobija y despliega desde la cultura popular. Y quizás su mejor efecto fue construir un andamiaje desde la oralidad callejera encarnada en sus personajes.
La escritura de Lemebel es el habla callejera opuesta al sentido común letrado. Y en ese horizonte, la crónica como género mixto, bastardo, folletinesco, rápido, insidioso y pelador del acontecer nacional, rescata asimismo el ánimo del tiempo con muchos guiños a la oralidad radial, marica y de militancias sociales.
Sus crónicas, pensadas como retazos de una gran performance de la memoria, son lúcidas y marcadoras de época. La escritura de Pedro Lemebel construye una gramática amorosa y batallante con la rabia como motor de su excepcional escritura y su mundo”.Sobre lo mismo, la destacada crítica literaria Patricia Espinosa comentó a este medio en 2025. “Su escritura es un ejercicio de permanente construcción y deconstrucción de la memoria que opera como un registro de la historia, de la política y de la vivencia íntima experimentada por un sujetx que da cuenta no solo de la crisis de la ficción, de los modos de representatividad del testimonio, sino que particularmente del despliegue de la escritura como resistencia”.“Lemebel despliega con destreza una prosa barroca, cargada de musicalidad y lírica, enfocada en figuras y espacios oscuros iluminados por su mirada.
Un ojo coliza, como bien dice el propio autor, que recoge los desechos del mundo para denunciar, pero también gozar. Porque el goce es también un componente importante en su escritura, un guiño a la figura del pícaro desde la modulación homosexual.
Este aspecto, que me parece otro de sus grandes aportes, permite que la voz narrativa, pese a todo, sea la de un sobreviviente cargado de utopías”, agrega la crítica.Del Lemebel cronista, Sutherland destaca sobre todo La esquina es mi corazón (1995). “Me quedaría con su primer libro, que es la proa de sus estéticas y mundos. Es una lúcida y furiosa cartografía urbana del deseo homosexual, pero a diferencia de muchos otros escritores, Lemebel es capaz de ser el voyeur que tuerce el lugar desde donde habla, es capaz de entender los flujos y habitarlos, pues él mismo los masticó con rabia.
Genealógicamente, se une, se acerca, se aproxima y contamina con Genet y su lengua delictual o con Pasolini en su exceso sexual de denuncia política. En Latinoamérica tiene sus rutas fronterizas con Perlongher, Osvaldo Lamborghini y Severo Sarduy”.Patricia Espinosa coincide. “En ese libro podemos encontrar una textualidad donde la función comunicacional es central.
El autor no le habla a las elites, sino a quienes margina el poder. Desde un habla cuyo origen es lo popular, este volumen coagula lo medular de la estética lemebeliana.
Su posición ante la dictadura, la posdictadura y la represión experimentada por la disidencia sexual, desde una voz en primera persona apasionada por la escritura y la palabra subversiva, el desmontaje de una realidad siempre represora”.Sutherland también reflexiona sobre Tengo miedo torero (2001), hito dentro del acervo lemebeliano, y que fue llevada al cine por Rodrigo Sepúlveda en 2020. “Su importancia radica en el imaginario que pone en escena. Insiste en reponer ese inicial ajuste político-sexual en el emblemático manifiesto de 1986 donde Lemebel ya increpa a la izquierda por no haber pensado que la utopía política de la transformación social también incluía la utopía sexual, ¿van a dejarnos bordar de pájaros las banderas de la patria libre?
En la novela ya habita la voz del cronista que conocimos, pero que opera como una gran crónica novelada de la historia de Chile, con guiños a El Beso de la Mujer Araña de Puig y cuya centralidad es ese bello personaje de la loca del frente. Es una novela donde es central el habla popular con sus guiños insolentes y seductores.
Pedro siempre le sedujo ese cruce de fragmentos amorosos de la revolución y la loca como una epifanía en la barricada del amor frente a la dictadura”.“Es una novela mal leída por la crítica literaria nacional. Generalmente considerada ‘menor’ al compararla con sus crónicas -señala Espinosa-.
Desde mi mirada, es una novela excepcional. La entrada en la ficción permite a Lemebel, profundizar en el melodrama de corte político mediante una protagonista tan grandiosa como La Manuela de El lugar sin límites.
La tensión entre el deseo romántico y político permite que la narración asuma una posición ideológica en complicidad con una comunidad revolucionaria, proscrita incluso por la izquierda. Desde ahí, la narración se enfrenta a una izquierda homofóbica y con ello permite que por primera vez la literatura nacional inscriba una nueva dimensión de la violencia hacia la homosexualidad, esta vez desde el interior del macho de izquierda”.Para finalizar, una guía.
Dentro de este singular universo, ¿cuál sería una buena ruta de entrada? Responde Alemparte: “Yo sugeriría empezar con las crónicas, sin duda.
Adiós mariquita linda me parece una buena entrada; seguir con La esquina es mi corazón y luego con Tengo miedo torero”.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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