La crónica sensible del poeta

SANTA FE.— “Ciertos ayeres” es un libro singular, diferente, dentro de la ya robusta y siempre excelente obra poética de César Bisso, reconocido habitualmente por su registro fluvial, fiel a su Coronda natal; es decir, fiel a sí mismo. Y no quiere decir que Bisso no escribiera sobre otros temas que no fueran el río (aunque allí, uno disfruta el núcleo esencial de su poesía, en múltiples títulos a lo largo del tiempo: “El otro río”, “Isla adentro”, la antología “Las trazas del agua”, “Un niño en la orilla”, “De abajo mira el cielo”, entre otros) y el universo de islas, arroyos, pescadores.
Tampoco quiere decir que aquí esté ausente el río. No.
También aquí tendremos un pescador, que es como una canoa extraviada; también aquí las cosas y el tiempo son atrapados por el rumbo circular de los remansos. En este libro hay, igualmente, un Sueño líquido que vuela por el cielo de abajo. * * * Quiero precisar la idea: César Bisso es uno de nuestras grandes voces poéticas y su registro no se limita (aunque ello solo alcanzaría) al río y al asumido poeta fluvial que es, sin disimulo, pleno de matices, sutil, siempre renovado.
Este poeta nuestro ya ha probado sobradamente que puede con otros temas, tonos, formatos, como en su libro “La jornada” o en sus bellos “Haikus felinos”. Aquí vuelve a su sanguíneo Coronda, pero en un doble rol de poeta y cronista para salir al rescate de “Ciertos ayeres”.
Esto es, acontecimientos, algunos personales, otros colectivos, que marcan y dan identidad a un lugar: sus mitos, sus historias, sus personajes y ese puñado de hechos que si no rompen la lánguida monotonía cotidiana del pueblo (por ejemplo, por usar palabras del poeta, la hora sumisa de la siesta), muchas veces se rememoran en reuniones y peñas amanecidas. No es la tarea rigurosa de un historiador; ni siquiera la de un cronista o un reportero (Bisso es también periodista y desde luego tiene ese oficio incorporado), no al menos en la selección de esos ayeres.
Pero sí sabemos desde el título mismo que son hechos del pasado, determinados, ciertos; esos y no otros. Y en este punto sorprende una vez más el poeta con un libro pleno y vibrante.
Una de las claves de ese registro está también en el título (algo que Bisso trabajó hasta encontrar la síntesis deseada y finalmente virtuosa), en el vocablo “ciertos”, que funciona aquí como adjetivo, pero que remite de inmediato a la sustantiva certeza. Son “ayeres”, sí, rescatados por la memoria y por la poesía, sí; pero son ciertos en su doble acepción en este caso: en su carácter selectivo (insisto: esos y no otros) y en su contenido de verdad: son ciertos, no inciertos.
Son verdaderos, no ficción, tamizados, claro, por la sensibilidad del poeta que, lo sabemos, mira diferente. Y si me detengo largamente en esta cuestión, es porque todo el libro oscila luminosamente entre ambos términos contenidos en el título. * * * La poesía, que es canto, que tiene esencia oral, aunque nos olvidemos a veces, ha mantenido desde sus mismos orígenes su capacidad de crónica y de registro de hechos (en versos), en la mayoría de los casos relacionados con la épica: el relato de hazañas, el registro de batallas, conquistas.
En prácticamente todas las lenguas, los inicios de la poesía están ligados a una cosmogonía o a la conquista de un territorio. También el castellano, nuestro idioma hermoso y fundante; aunque aquí hago la salvedad que, más allá del Cid o los cantares de gesta, jarchas mediante (esas pequeñas cancioncillas mozárabes que sonaban como quejas de amor), tuvo también un comienzo lírico.
En América y en nuestro país, no hay por qué remontarse a Martín del Barco Centenera u Olegario Víctor Andrade: nuestro José Pedroni “narra”, desde la lírica, una épica. La inmigración, uno de los emblemas de la poesía pedroniana, cabe sin inconvenientes en la categoría épica.
Así lo vio, por ejemplo, Edelweis Serra, quien centró uno de sus trabajos en detectar “la voluntad arquetípica” de la gesta de la inmigración en la obra del autor de “Gracia plena”. Y tenemos a mano también “Aquella noche de corpus”, “cronicón poemático” de Mateo Booz (sí, Mateo Booz, uno de los padres del cuento por estas tierras, escribió también poesía), que “narra” en versos el levantamiento de los 7 Jefes, en la temprana Santa Fe de 1580. * * * En “Ciertos ayeres” no hay como tal una épica, ni tampoco la poesía de Bisso es, genéricamente, “narrativa”; tampoco hay un único hecho o una gesta enfocada como asunto.
Pero hay una mirada, selectiva y aguda, sobre, una vez más, Coronda. Ello incluye las anónimas y queribles mujeres del poema que abre el libro: Hubo madres que forjaron una vida sencilla. / Cada mañana desperezaban a los hijos / con un tazón de leche caliente / al tiempo que sus hombres partían al trabajo… Todo está allí desde el primer verso: decir hubo madres es como decir que hubo un tiempo; es decir había una vez: comienza la crónica, la selección de “ciertos ayeres” ciertos.
Estas madres son de Coronda, pero también de cualquier pueblo n
Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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