Durante mucho tiempo, crear una aplicación propia fue una posibilidad reservada a perfiles técnicos, equipos de desarrollo o empresas con recursos suficientes para asumir proyectos largos y costosos. La idea podía ser buena, incluso necesaria, pero entre imaginar una herramienta digital y verla funcionando había una distancia difícil de salvar.

Para muchos profesionales, autónomos o pequeños negocios, el software quedaba lejos. Demasiado lejos.Seguir leyendo...