En Sidemen, los habitantes mantienen un compromiso con la preservación de la tierra mediante el sistema ancestral de riego subak, reconocido por la Unesco. Este sistema de irrigación conecta a los agricultores de la isla con el entorno y la espiritualidad, expresada a través de pequeños templos familiares dedicados a los dioses. A diferencia de otras zonas donde las tierras se venden a inversores extranjeros, en Sidemen las comunidades han abierto sus cultivos al turismo de forma contenida, ampliando sus propias viviendas como hoteles rurales con vistas a los arrozales.

Los alojamientos locales funcionan como extensión de las explotaciones agrícolas, permitiendo que las familias de granjeros generen ingresos adicionales mientras mantienen sus tradiciones. En el pueblo homónimo, los visitantes pueden recorrer caminos entre terrazas de arroz donde conviven agricultores, construcciones de bambú y riachuelos. El icónico monte Agung domina el horizonte, mientras que el templo Besakih, considerado el templo madre de Bali, se encuentra a media hora de distancia.

Los guías locales acompañan personalmente a cada visitante para evitar aglomeraciones y mostrar los detalles arquitectónicos de los templos, como las estructuras ikjuk y las torres meru que emulan al monte Meru de la cosmología hindú. Es posible presenciar respetuosamente la ceremonia del canang sari, la ofrenda balinesa tradicional. Sidemen también ofrece acceso a cascadas como Gemblen y Cepung, así como rutas hacia pueblos más auténticos como Iseh, donde se celebran las asambleas comunitarias del banjar.

El enfoque de Sidemen es permitir que los viajeros experimenten el territorio sin alterarlo, priorizando la conexión con la naturaleza y la vida local sobre la infraestructura turística masiva. Esta filosofía de viaje lento mantiene la integridad del paisaje y permite que las futuras generaciones hereden un territorio protegido.