Hace unos años -y ahora más que antes- la cúrcuma esa especia de un atractivo amarillo dorado es mencionada en redes sociales asociada a una serie de beneficios para la salud. Puede ser como aditivo en una receta de cocina cualquiera o estar entre los ingredientes destacados de un preparado saludable; por ejemplo un brebaje milenario con raíces en la medicina oriental ayurvédica que de este lado del globo alguien se ocupó de desempolvar.

Ahora bien ¿existe evidencia científica que sustente la ingesta de cúrcuma?El último ejemplo no es aleatorio y se justifica en el terreno de fama que ganó la golden milk (o leche dorada) un preparado a base de algún producto bebible vegetal (las “leches” de almendras avena coco o soja entre otras) alguna grasa vegetal (aceite de coco por ejemplo) algún endulzante sano (se sugiere miel pero puede ser stevia) condimentos a gusto (canela jengibre pimienta) y desde ya la especia que le da sentido al todo: cúrcuma. Tal es el éxito de este producto que (como el polvo para la chocolatada) se comercializa envasado con todos los aditivos listo para -reza alguna leyenda por ahí- “integrar calentar y servir”.La promesa de fondo de la cúrcuma es larga.

Propiedades antiinflamatorias antioxidantes analgésicas digestivas cardiovasculares cognitivas y antisépticas (incluyendo beneficios en la hiperpigmentación de la piel y en la pelea adolescente contra el acné) que a su vez representan distintas patologías asociadas.A esta lista se suma un hallazgo reciente -encontrado en ratones- de investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA que como se contará al final de este texto lograron encapsular el principio activo de la cúrcuma (la curcumina) de modo tal que provoque un impacto positivo en una de las más cruciales funciones que tiene el cerebro: la memoria. Ahora bien de las otras supuestas ventajas ¿también hay sustento científico?La pregunta es pertinente si se parte de dos cuestiones. 1) Que entre otras el American Botanical Council -organización estadounidense sin fines de lucro- informa que el alza en el interés por la cúrcuma tiene ya unos años: arrancó en 2010 de la mano de la mayor tendencia a apostar por los productos naturales.

Y 2) que el fenómeno de que esta especia (salida de la raíz de la Curcuma longa) pasara de tener un protagonismo circunscripto a la cocina asiática a más tarde participar de un negocio de escala global no es sólo una sensación. Se sustenta en las ventas.Es cierto que no falta información inquietante sobre la mala manipulación y adulteración de la cúrcuma.

De hecho distintas voces (y hasta alguna producción documental) advierten sobre la comercialización de mezclas rebajadas con literalmente cualquier cosa (¡polvo de ladrillo incluido!). Pero con un simple googleo se verán múltiples estudios de mercado que reportan cifras de venta en alza constante.

Entre los informes más tibios y que más tiran para abajo las cifras un ejemplo es un trabajo de 2024 de la Universidad Nacional de Economía de Vietnam según el cual el tamaño del mercado global de la curcumina (otra vez: el principio activo de la cúrcuma) llegaba ese año a los US$ 808 millones en 2022. Pronosticaba que alcance los US$ 1268 millones para 2028.

Otros trabajos señalan que la cúrcuma viene moviendo entre US$ 200 y US$ 600 millones de dólares al año.Es fácil dar la recomendación de sumar cúrcuma a las comidas pero ¿hace bien realmente? ¿Según quién?

¿Para qué sirve y en qué dosis y concentración habría que consumirla para que surtiera los efectos prometidos? ¿A qué hora del día o administrada de qué manera?

¿A qué temperatura? ¿Puede generar efectos adversos?

¿A quiénes? ¿Qué recaudos deberían tomar esas personas?Cúrcuma: la ciencia que estudia las drogas de la naturalezaClarín habló de estos temas con Susana Nuñez Montoya farmacéutica y doctora en ciencias químicas dedicada a un campo de estudio poco conocido: la farmacognosia “la ciencia que estudia las drogas que están en la naturaleza” introdujo la investigadora y aclaró un punto crucial: “La gente tiende a pensar que las plantas son todas inocuas.

No obstante que algo sea natural no significa que no haga nada. Los venenos también son parte de la naturaleza".

Ahora bien ¿por qué la planta genera estos compuestos químicos distintos?"Las plantas tienen dos metabolismos --siguió--. Uno primario que pone en marcha para poder vivir y otro secundario a través del cual desarrolla compuestos para distintas necesidades: desde atraer insectos con su perfume para promover la polinización hasta la defensa sea a través de crecer a grandes alturas como por tener algún veneno”.Desde siempre los humanos usamos algunos de estos compuestos “en beneficio nuestro generando -entre otros- medicamentos.

Lo que hace la farmacognosis es tomar el conocimiento de base y estudiar las sustancias ya que deben ser evidenciadas clínicamente. A veces basta con hacerlo in vitro (avalando el uso tradicional); otras in vivo con estudios preclínicos o clínicos”.Lo del aval consiste en observar el uso histórico “por ejemplo de una planta medicinal que por años fue aprovechada por sus efectos digestivos -y no fueron conocidos efectos secundarios o toxicidad- y entonces estudiarla tal vez in vitro o de manera preclínica como para poder decir 'sí es cierto'.

O sea dar un aval” contó la investigadora. Ejemplos a mano desde las plantas medicinales de todos los días como el tilo la manzanilla o mismo la malva que tienen distintos efectos reportados hasta una categoría específica de medicamentos: los llamados medicamentos herbarios de uso tradicional que la ANMAT da por buenos si se pueden probar sus beneficios en base al historial de uso.Si en cambio se busca elaborar un medicamento herbario (no tradicional) la cosa toma otro color contó Nuñez Montoya: “En Argentina y en todo el mundo hay reglamentación específica para los llamados medicamentos herbarios y aquellos que son en base a plantas medicinales.

En esos casos hay que atravesar la fases preclínica y clínica o sustentar el pedido de registro con la bibliografía relativa a esos estudios en otras partes del mundo”. Veamos dónde se ubica la cúrcuma en todo esto.Creer o reventar: el caso de la cúrcumaNuñez Montoya es una de las autoras de un trabajo compilatorio de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba y del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV-Conicet).

Se publicó en 2021 en Farmo Planta una publicación del Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Buenos Aires.Asimismo de recuperar datos de la etnomedicina tradicional el informe hace un exhaustivo recorrido por la historia del conocimiento alrededor de la cúrcuma que consigna una parte de los trabajos científicos que demostraron efectos positivos y negativos en relación a su ingesta. Dicen como una suerte de colchón del cual partir que hay “más de 6.000 artículos científicos que abarcan experimentos in vitro y en modelos con animales”.Los autores estudian la actividad farmacológica desde dos costados complementarios: el supuesto beneficio antiinflamatorio de esta especia por un lado y por otro sus efectos como antiviral.

En cuanto a la seguridad y toxicidad tranquilizan al explicar que es uno de esos productos naturales generalmente clasificados como “GRAS” la siglas en inglés para “generalmente reconocida como segura” por la FDA estadounidense tanto si es usado como alimento como cuando se lo aprovecha para saborizar o como colorante.Una de las grandes preguntas es por las cantidades un tema que sobrados influencers en estos temas se preocupan por señalar (sin dar en general datos sólidos) quizás para atajarse ante posibles efectos perjudiciales. Por lo pronto los científicos argentinos orientan bastante al recordar que un comité mexicano de la FAO-OMS de expertos en “aditivos alimentarios” (JECFA) estableció una ingesta diaria admisible de curcumina de 3 miligramos diarios “basándose en la ausencia de efectos adversos y/o genotoxicidad”.

En cuanto a la cúrcuma reportan que “la ingesta media de cúrcuma de los asiáticos varía entre 05 a 15 gramos dosis que no produce síntomas tóxicos”.En cuanto a los efectos adversos destacan algunos que habría que tener en la mira: casos de “dermatitis alérgica y reacciones de fotosensibilización” y sugieren evitar la cúrcuma en cuadros de “obstrucción biliar”. Aunque estos puntos aportan claridad apuntan que si bien la cúrcuma y la curcumina son consideradas seguras “por un amplio espectro de estudios preclínicos y clínicos es necesario realizar más estudios para poder garantizar su seguridad en mujeres embarazadas lactantes adultos mayores y evaluar la interacción con otros fármacos o drogas vegetales”.Cúrcuma y memoriaLos autores recuerdan que no existe todavía un medicamento puntual (ni tradicional ni no tradicional) en base a cúrcuma pero sugieren -acaso a modo de conclusión- que sería importante impulsar un desarrollo así "en virtud de la amplia gama de efectos biológicos que ha demostrado”.

Avizoran al mismo tiempo un problema y es que la la curcumina tiene una “escasa biodisponibilidad oral e insuficiente solubilidad” lo que conduce a una “pobre absorción un metabolismo rápido y una rápida eliminación sistémica”.En criollo significa que por razones diversas no es tan fácil para lo seres vivos aprovechar al máximo las posibilidades terapéuticas que ofrece el principio activo “esencia” de la cúrcuma. Para sortear ese problema agregan se vienen desarrollando distintas estrategias como combinar la sustancia con otras (usar adyuvantes) o intentar modificar la forma de ingesta.

Para el consumidor de a pie hablamos de la “presentación” sea comprimido cápsula o jarabe entre otros. Es en este punto que entran los autores de la UBA y su estudio en ratones.“¿Qué hicimos?” se preguntó Mariano Boccia profesor e investigador del Laboratorio de Neurofarmacología de los Procesos de Memoria de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA.

Intentaba explicar el meollo de su trabajo junto a otro profesor de la misma facultad Diego Chiapetta director del Laboratorio de Nanomedicinas del Instituto de Tecnología Farmacéutica y Biofarmacia.Chiappetta trabaja en nanotecnología puntualmente en farmacocinética la tecnología farmacéutica que (en casos como este) se ocupa de idear y desarrollar formas superadoras para administrar una sustancia en un organismo vivo. Es decir -explicó Boccia a Clarín- “la tecnología que se le aplica a un medicamento para que sea más fácil de administrar adquiera mejores concentraciones plasmáticas y se metabolice mejor se pueda administrar en una sola toma quizás y así se facilite el cumplimiento del tratamiento”.

Precisamente lo que Nuñez Montoya había destacado como complicado para la curcumina.“Diego ya había trabajado con esto en VIH y en medicamentos oncológicos con muy buenos resultados y siempre me decía 'tenemos que hacer algo'” contó Boccia cuyo campo de estudio son los procesos de memoria. “Había visto resultados interesantes entre la curcumina y la cognición y le propuse a Diego que caractericemos si se podía ver una mejora en los procesos de memoria algo que en animales se infiere a través de la conducta o en los cambios en el desempeño”.Chiappetta desarrolló entonces unas “nanomicelas” (moléculas que agrupan el compuesto en cuestión) que estaban “cargadas con curcumina”. “Se las dimos a nuestros ratones e intentamos observar si afectaban los procesos de memoria” contó.“Es un experimento simple: con los controles experimentales adecuados les dimos la curcumina inmediatamente después de que el ratón hubiera aprendido alguna cosa. Es decir entrené al ratón y luego le di la droga.

Transcurrido cierto tiempo 48 horas por ejemplo los volvimos a evaluar” relató. ¿El resultado?

En base a la comparación con un grupo control “los animales que habían recibido las nanomicelas con curcumina tenían un desempeño significativamente mejor que aquellos que sólo recibieron las micelas solas con nada”.También probaron administrar la droga unas horas después del entrenamiento -y no enseguida- y “en ese caso dejó de tener efecto”. ¿Qué significa eso? “Tiene que ver con la consolidación de la memoria que para fijarse tiene un período de suceptibilidad en el que uno puede modular para arriba o para abajo.

Nuestra curcumina sólo era efectiva a intervalos cortos no largos. Es evidente que modula procesos endógenos que ocurren luego de un aprendizaje” explicó Boccia.

Si bien este avance está lejos de ser un medicamento se trata de un paso interesante en campo por explorar con miras a crear nuevos desarrollos farmacéuticos en base a productos naturales. En cuanto a los productos que (con menor o mayor respaldo) ya existen en el mercado Nuñez Montoya fue clara: “Se sabe bien que la cúrcuma es antioxidante y antiviral y que tiene actividad antiinflamatoria pero no se debe abusar.

Existen un montón de productos a base de plantas medicinales no registrados que se ofrecen en redes sociales cuya calidad y seguridad no están garantizadas”.Si el producto se promociona o autovende prometiendo “efectos terapéuticos es necesario que tenga registro ante la ANMAT como medicamento herbario y que lo diga el envase”. Si no tiene registro el envase no debería referir o prometer ningún efecto terapéutico enfatizó y expresó: “Tenemos que exigir que haya controles.

Que lo que consumamos tenga lo que dice ser no tenga contaminantes y tenga la concentración para producir el efecto terapéutico prometido. Es un derecho del consumidor”.Por fin la investigadora concluyó: “Hay que que tener en cuenta que son productos destinados a mejorar los nutrientes de una persona sana.

Por eso se llaman suplementos dietarios. Están destinados a gente básicamente sana no enferma”.