¿Quién se robó la derecha?

Quizá usted sienta, como yo, cierto desconcierto al descubrir con quiénes comparte el amplio espectro de lo que se llama derecha hoy día, de norte a sur del continente.Todo es muy confuso. La derecha que canonizaba el libre comercio como verdad moral inexpugnable ahora impone aranceles con una convicción que daría envidia a cualquier sindicalista en plena Guerra Fría.
La que defendía el valor de las instituciones, hoy las erosiona sistemáticamente. La que defendía la ciencia, hoy desprecia los criterios expertos.Tan evidente es la confusión que, como si fuera una cerveza, le agregan “ultra” para distinguirla.
Como si el problema fuera la intensidad y no la naturaleza. Yo no le digo ultraderecha porque tiene otro nombre más honesto: reaccionarismo.Pero lo que más me intriga es que estos movimientos se autodenominan conservadores.
¿Pero qué conservan exactamente? No las instituciones, que dinamitan; ni el libre comercio, que arancelan; ni el orden internacional, que desmantelan.
El conservadurismo clásico, el de Burke, defendía la tradición como sabiduría acumulada. Dentro del Caballo de Troya del conservadurismo, hoy se esconde el antiestablishment que romantiza la ruptura, gobierna con motosierra y cultiva el caos como método.Este movimiento no tiene nada que ver con lo que yo entendía por derecha, y mucho menos con derecha liberal.
La derecha defendía algo: una doctrina, unos principios, unas instituciones, una idea del individuo. Estos no defienden nada, operan solo por negación, se definen únicamente por lo que odian.Y sin doctrina que defender, lo que queda es el culto al líder autócrata, con el algoritmo como arma y una cosmovisión negativa: son antiélites –salvo las tecnológicas–, antiprensa, anticiencia.
Una ideología que únicamente funciona como negación no es ideología, es resentimiento institucionalizado.Como en el cuento de Cortázar, quienes habitábamos esa casa, con sus valores de libertad individual, orden institucional, limitación del poder, laicidad y mercados abiertos, hoy oímos ruidos al fondo del corredor. La casa fue tomada.Por tanto, el problema no es que la derecha haya cambiado.
Es que seguimos llamándola así, y nombrarla mal le presta una legitimidad y una historia que no le pertenece. Mientras tanto, usted y yo seguimos en el corredor.M@mauricioparis.comMauricio París es abogado.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
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