La anatomía del gol: por qué tu cuerpo reacciona como si estuvieras jugando un partido del Mundial

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El “superpoder” oculto que define tu forma de pensar y procesar el mundoEl marcador sigue en cero y la incertidumbre es casi insostenible. Las manos sudan, el corazón se acelera y la respiración se contiene por unos segundos.
Entonces, un pase filtrado rompe la defensa, el delantero encara al arquero y, justo antes del remate, el cuerpo entero parece detenerse. Finalmente, la pelota hace su entrada triunfal en la línea del arco, causando un grito unánime de gol.MIRA: Dime cómo te llevas con tu madre y te diré cómo están tus finanzas: la conexión que las constelaciones familiares revelan sobre el dineroPero esa reacción no ocurre solo en la cancha, también sucede dentro de nosotros.
Durante un partido de fútbol, el organismo puede reaccionar como si estuviera enfrentándose a una situación real de peligro o de una enorme recompensa. El cerebro libera una mezcla de hormonas y neurotransmisores asociadas al estrés y el placer, los músculos se tensan y hasta el sistema digestivo modifica su funcionamiento.
Y es que, en cuestión de segundos, el cuerpo experimenta una auténtica revolución interna que, puede llegar a asemejarse a la respuesta provocada por una actividad física de intensidad moderada. De esta manera, se está viviendo el Mundial de Fútbol 2026, un torneo que, aunque inicia su recta final en medio de algunas controversias, hay algo que nunca cambia: durante 90 minutos, millones de personas alrededor del mundo sienten cada jugada como si estuvieran dentro de la cancha.
Porque la conexión con una selección, un jugador o una historia puede despertar emociones tan intensas y llevarnos a sentir cada jugada como si el resultado también nos perteneciera. Lejos de ser una experiencia pasiva, mirar un partido moviliza procesos biológicos, psicológicos y emocionales sorprendentemente complejos.
Por eso, de la mano de especialistas exploramos la anatomía del gol: un recorrido por todo lo que ocurre en la mente y el cuerpo del hincha ante, durante y después de celebrar la jugada más esperada o de sufrir la derrota más dolorosa. Antes del golAntes de que la pelota entre al arco, el organismo ya ha puesto en marcha una compleja maquinaria biológica que lo prepara para celebrar o para sufrir.
Como explicó el doctor Alex Jaymez, médico internista de Clínica Internacional a Somos, el cuerpo puede reaccionar ante un partido de fútbol casi igual que frente a una situación de estrés real. Aunque sabemos que el resultado del encuentro no pone en riesgo nuestra vida, el cerebro interpreta que está ocurriendo algo importante y activa una respuesta automática.
Según el médico internista Gino Felandro de la Clínica Ricardo Palma, una de las primeras estructuras en entrar en acción es la amígdala cerebral, la responsable de procesar el miedo y otras emociones intensas. Si bien la corteza cerebral intenta interpretar el contexto y poner las cosas en perspectiva, no logra apagar por completo esa respuesta, por lo que el organismo permanece en un estado de alerta. “En momentos de máxima expectativa, el organismo libera adrenalina, noradrenalina y cortisol para prepararse ante situaciones urgentes o amenazantes.
Esto activa el sistema de lucha o huida, una respuesta natural de defensa diseñada para protegernos o ayudarnos a escapar del peligro. Por eso, durante una jugada decisiva, el cuerpo entra en un estado de alerta tan intenso como si enfrentara una amenaza real.
Aunque racionalmente sabemos que no corremos peligro, el cerebro prioriza responder de inmediato”, indicó la neuropsicóloga Verónica Carrasco.Asimismo, esta descarga hormonal deja huellas casi instantáneas en todo el organismo. Las famosas “mariposas en el estómago”, por ejemplo, aparecen porque el estrés modifica el funcionamiento del sistema digestivo, reduce su movilidad y desvía el flujo sanguíneo hacia órganos que el cerebro considera prioritarios, como el corazón, los músculos y el propio cerebro.
Como precisó el doctor Luis Alfonso López, docente de la carrera de Medicina Humana de la Universidad Científica del Sur, por eso muchas personas sienten el estómago “cerrado”, pierden el apetito o incluso experimentan náuseas durante los momentos de mayor tensión.Pero el estómago no es el único que reacciona. Las manos comienzan a sudar y los músculos se tensan en una respuesta automática que deja al cuerpo listo para actuar, aunque el hincha no se haya movido del sillón.
Incluso la piel de gallina y los escalofríos antes de una jugada tienen un porqué: una descarga súbita de dopamina en el sistema de recompensa, por lo que cuando la tensión alcanza un punto máximo, el exceso de adrenalina en la sangre busca una vía de escape, provocando temblores o pequeños espasmos musculares.Mientras tanto, el corazón acelera su paso. “Estudios realizados durante competiciones deportivas de alto nivel muestran que los espectadores pueden incrementar entre un 20 % y un 50 % sus pulsaciones habituales durante acciones decisivas. Una persona que normalmente registra 70 latidos por minuto puede superar fácilmente los 100 o incluso los 120”, afirmó la cardióloga Luisa Talledo.
Por ello, no es una sensación exagerada cuando decimos que vivimos el partido “como si estuviéramos en la cancha”. Y es que parte de esa experiencia se explica también por las neuronas espejo, un grupo de celular que reproduce parcialmente las acciones que se observan.
Según la psicóloga Elena Saona, de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), cuando un delantero se perfila para rematar o un arquero se lanza para detener un disparo, el cerebro simula esa experiencia como si fuera propia. De ahí muchos hinchas patean, saltan o hasta intentan atajar desde su asiento sin darse cuenta.Durante el golUna vez que la pelota cruza la línea de la portería, el cerebro reacciona antes incluso de que seamos conscientes de lo que acaba de ocurrir.
En apenas unos segundos, el sistema de recompensa se activa con intensidad y el organismo libera una combinación de dopamina, adrenalina y endorfinas, neurotransmisores responsables de esa mezcla de placer, energía y euforia que nos impulsa a saltar, gritar o levantar los brazos de forma automática. “Después de largos minutos de tensión, el gol funciona como una recompensa inesperada y altamente valiosa para el cerebro de los hinchas, ya que esa descarga química es la que transforma la incertidumbre en una explosión de felicidad casi instantánea”, recalcó Juan Pablo Castro, psicólogo de Mapfre.No obstante, la celebración no ocurre solo en la cabeza, el corazón también vive su propio estallido. De acuerdo con la cardióloga, la liberación masiva de estos neurotransmisores acelera súbitamente la frecuencia cardiaca y eleva la presión arterial.
De hecho, diversas investigaciones han registrado que algunos aficionados alcanzan entre 120 y 140 latidos por minuto durante una celebración de un gol, cifras comparables a las de una actividad física de intensidad moderada o incluso alta.Para la mayoría de las personas se trata de una reacción completamente normal; no obstante, en quienes padecen enfermedades cardiovasculares o acumulan factores de riesgo, esa respuesta puede convertirse en una sobrecarga significativa. “Existe evidencia de que las emociones extremas pueden tener consecuencias reales. Uno de los estudios más emblemáticos, publicado en The New England Journal of Medicine durante el Mundial de Alemania 2006, encontró que el riesgo de sufrir una emergencia cardíaca fue aproximadamente 2,7 veces mayor durante los partidos de la selección alemana, especialmente en los encuentros más disputados.
Aunque el fútbol no provoca la enfermedad por sí mismo, una emoción tan intensa puede convertirse en el detonante que precipite un evento cardiovascular en personas previamente vulnerables”, advirtió la doctora Talledo.Asimismo, la respiración cambia de ritmo, pues sin darnos cuenta, muchas veces se contiene el aire mientras espera el gol. Como explicó el doctor Gino Felandro, ese reflejo aumenta la presión dentro del tórax y del abdomen, reduciendo momentáneamente el retorno de la sangre hacia el corazón.
Cuando finalmente exhalamos, esa variación brusca puede provocar una sensación de vértigo o mareo.Y entonces llega el grito. Un grito largo, potente y sostenido que libera toda la tensión acumulada.
Para la mayoría es simplemente una descarga emocional; no obstante, las cuerdas vocales pagan parte del precio, ya que la vibración intensa puede producir pequeñas lesiones que expliquen la clásica afonía después de un partido memorable. En personas con asma, asimismo, esa respiración forzada durante la celebración puede desencadenar un broncoespasmo o incluso una crisis asmática.La celebración también explica comportamientos que, fuera de un contexto deportivo, parecerían impensables, como llorar sin vergüenza o abrazar a un desconocido.
La psicóloga Elena Saona subrayó que, durante esos segundos de máxima activación emocional, la corteza prefrontal —encargada del autocontrol y de regular nuestra conducta social— queda temporalmente superada por el sistema límbico, el centro de las emociones. Al mismo tiempo, la liberación de oxitocina fortalece el sentido de pertenencia y afiliación, haciendo que un desconocido vestido con la misma camiseta se sienta, por unos instantes, como un viejo amigo.Después del golEl árbitro reanuda el partido, los jugadores vuelven a su posición y, los gritos de la hinchada comienzan a apagarse.
No obstante, dentro del organismo el gol todavía no ha terminado.Aunque la emoción parezca haber quedado atrás, el cuerpo necesita tiempo para salir del estado de máxima activación en el que entró apenas la pelota ingresó al arco. En esa línea, el médico Luis Alfonso López mencionó que la frecuencia cardíaca y la presión arterial suelen volver a sus niveles habituales en cuestión de minutos o, como máximo, en media hora, siempre que no aparezcan nuevos momentos de tensión.Las hormonas del estrés, en cambio, siguen otro calendario, ya que el cortisol puede permanecer elevado entre una y dos horas, e incluso mantenerse alto durante todo un partido si la tensión continúa.
Esa es una de las razones por las que muchas personas terminan agotadas después de haber pasado 90 minutos frente al televisor o en una tribuna. “No hace falta correr para cansarse. Durante todo el encuentro, el organismo permanece en un estado de alerta constante, con tensión muscular, concentración sostenida y una fuerte carga emocional.
Ese “estrés sin movimiento” también exige un importante esfuerzo físico y mental”, comentó el experto.Pero la recuperación no depende solo del cuerpo. También interviene la manera en que cada persona procesa lo que acaba de vivir.
Mientras algunos siguen celebrando durante horas, otros permanecen en silencio, intentando asimilar lo que acaba de ocurrir. Según el psicólogo Marco Moschella, no existen dos personas que experimenten exactamente la misma emoción frente a un mismo gol.
La personalidad, las experiencias previas, el significado que tiene el fútbol para cada individuo y el aprendizaje cultural moldean la forma en que sentimos y regulamos nuestras emociones. Por eso, algunos estallan inmediatamente en lágrimas o gritos, mientras otros necesitan varios minutos para comprender lo que sienten.La recuperación también explica por qué, una vez terminado el partido, hay quienes quedan llenos de energía, otros sienten un agotamiento profundo y algunos simplemente no consiguen dormir.
Para Denisse Francy, docente e investigadora del Departamento de Psicología de la Universidad Católica San Pablo, esta diferencia depende de la velocidad con la que el organismo logra desactivar el eje del estrés y restablecer el equilibrio del sistema nervioso autónomo. Mientras la adrenalina y el cortisol continúen circulando en niveles elevados, el cuerpo seguirá comportándose como si la amenaza —o la euforia— aún existiera.
El resultado puede ser hiperactividad, insomnio o una sensación de agotamiento difícil de explicar. Esa conocida “resaca emocional” no es una metáfora es, en realidad, el proceso fisiológico mediante el cual el organismo intenta recuperarse después de haber funcionado al límite durante casi dos horas.Sin embrago, no todas las historias terminan con un gol celebrado.
Y es que cuando el desenlace no es el esperado, el impacto puede prolongarse mucho más allá del pitazo final. Una eliminación, un penal fallado o un gol recibido en el último minuto no solo modifican el marcador; también rompen una historia que el aficionado había construido mentalmente durante días o semanas. “La decepción deportiva obliga al cerebro a reajustar expectativas y aceptar una realidad distinta a la imaginada.
Ese proceso puede traducirse en mal humor, pérdida del apetito, desmotivación o una sensación de vacío que dura horas e incluso varios días”, expresó Moschella.Guía de supervivencia para el hinchaLa “anatomía del gol” nos demuestra que el fútbol moviliza mucho más que emociones. No obstante, para que esta experiencia mundialista no represente un riesgo para nuestra salud y bienestar, los especialistas compartieron algunas recomendaciones para disfrutar de la recta final del torneo sin descuidar el cuerpo ni la mente.¿Quiénes deben tomar mayores precauciones?Las personas con antecedentes cardiovasculares, como infartos previos, bypass, stents, arritmias e insuficiencia cardiaca, así como también quienes padecen hipertensión, diabetes, asma severa, colesterol elevado o son adultos mayores, deberían vivir los partidos con especial cuidado.Por eso, deberían considerar:No suspender ni olvidar los medicamentos habituales.Aprovechar el entretiempo o las pausas del partido para levantarse, caminar unos minutos, hidratarse y realizar respiraciones profundas.Evitar el consumo de tabaco y bebidas energéticas, ya que incrementan aún más la frecuencia cardiaca y la presión arterial.Cuidado con el “combo mundialista”La emoción de un partido nunca debería ser una excusa para descuidar el organismo.
El exceso de alcohol favorece las arritmias y eleva la presión arterial. A ello se suman las comidas muy grasosas y abundantes, que aumentan la carga de trabajo del corazón y dificultan la digestión.
Si asimismo se sacrifica el descanso para seguir con la celebración, el impacto sobre el cuerpo y la mente puede ser aún mayor.Por eso, conviene moderar el consumo de alcohol, optar por comidas más ligeras, mantenerse hidratado y procurar respetar las horas de sueño.¿Cuándo ya no se trata “nervios” por el partido?Aunque la mayoría de reacciones desaparecen por sí solas, existen síntomas que nunca deben atribuirse únicamente a la emoción del juego y requieren atención médica inmediata:Dolor o presión en el pecho que se extiende al brazo o mandíbula.Falta de aire o dificultad para respirar.Palpitaciones muy rápidas o irregulares acompañadas de mareo o desmayo.Debilidad repentina o adormecimiento en un lado del cuerpo.Protege tu salud mentalEl fútbol es una fuente de alegría, identidad y conexión social; no obstante, el problema aparece cuando el resultado comienza a afecta de manera significativa el bienestar emocional.Para mantener una relación saludable con el deporte, los psicólogos sugirieron:Recuerda que, por intensa que sea la emoción, sigue siendo un juego. Un resultado no define el valor de una persona, de un equipo ni de un país.Observa cómo impactan las derrotas en el estado de ánimo.
Si el malestar se prolonga durante varios días, aparecen conflictos frecuentes con el entorno, se descuidan responsabilidades importantes o la ansiedad se vuelve difícil de controlar, puede ser una señal de que la pasión ha dejado de ser saludable.Al final, esa es quizás la mejor manera de disfrutar el Mundial: permitirse sentir cada gol con intensidad, pero sin olvidar que cuando el árbitro marca el final del partido, también es momento de que el cuerpo y la mente regresen poco a poco a la calma.
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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