La caída de Mara Sedini fue el inicio del fin de la Secretaría General de Gobierno como ministerio encargado de las comunicaciones. Apenas Claudio Alvarado asumió como biministro, las vocerías fijas de los lunes dejaron de realizarse de forma permanente y ahora es coyuntural incluyendo al subsecretario Pavez, que tiene el mismo cargo que tuvieron en su momento Ubilla, Galli, Ramos y Aleuy, que hablaban muy poco.

El esquema de la Secretaría de Comunicaciones (Secom) fue ajustado y la tradicional medición de los ministros se reemplazó por una herramienta avanzada llamada IPA, que incluye gestión política.En un reciente seminario, Alvarado anunció que prontamente se presentará un proyecto de ley que fusiona institucionalmente ambos ministerios, algo que estaba ocurriendo en la práctica. ¿Es el cumplimiento del sueño noventero respecto a que la mejor estrategia comunicacional es no comunicar nada?

La Secretaría General de Gobierno tiene un rol que no se reduce solamente a la vocería, como se cree popularmente. Su mandato legal comprende tres grandes áreas y la comunicación es una de ellas.

No solamente en el rol de vocero del ministro, sino que a través de la Secom se coordina la política comunicacional de todos los organismos del Ejecutivo y se provee asesoría estratégica a las autoridades. Asimismo de ello, la Segegob lleva la relación con la sociedad civil que se realiza a través de la División de Organizaciones Sociales.

La Ley 20.500 la convirtió en una terma tranquila en la volcánica Moneda y un lugar para cuadrar la caja política, pero sigue teniendo la responsabilidad de supervisión de los Cosoc y las Cuentas Públicas Participativas. La tercera área es el fomento de medios que es el principal instrumento del Estado para sostener el ecosistema de medios comunitarios y regionales, cuya viabilidad económica es precaria.Hasta ahora el debate se ha concentrado en cuántos cargos se eliminan o cuánto gasto administrativo puede ahorrarse.

Son argumentos legítimos, pero ¿qué modelo de comunicación pública quiere tener Chile?Cuando todas esas funciones pasan a depender del mismo ministerio que conduce el gabinete, y concentra el poder político del Ejecutivo, la comunicación se convierte en un elemento anexo a la acción política, y en la práctica el Presidente termina siendo vocero de su propio gobierno, y el speaker, si es que hay, solo transmite mensajes. Eso ocurre en EE.UU., y la aplicación acá llevó al fracaso Sedini.Pero hay otros caminos.

El Reino Unido tiene un director general de Comunicaciones de rango equivalente a Secretario Permanente, que coordina la relación con los medios y el ámbito digital de todo el gobierno, y está separado de la gestión política. Bajo una mirada de profesionalización de la comunicación política, ese modelo funcionaría correctamente y le daría sentido a eliminar la Segegob.

Asimismo, permitiría reforzar la autonomía de TVN y entregar señales claras a la industria televisiva con un CNTV profesional y alejado del cuoteo. La fusión, en su forma actual, parece asumir que la comunicación es una función subsidiaria del poder político.

Esa apuesta puede ser razonable en tiempos donde se creía que la mejor manera de comunicar era no hacerlo. Pero en estos tiempos de fiebre digital de sábado por la noche, los medios alicaídos y el inmenso ruido de fondo de la desconfianza, un modelo así disminuirá la capacidad del gobierno de acercar a los ciudadanos a las políticas públicas.Por Carlos Correa B., Ingeniero civil industrial, MBA.