Llega julio, aprieta el calor y, al abrir la terraza por la noche o entrar en la cocina y encender la luz, ahí está: la cucaracha. Pocos animales son capaces de provocar, en tan poco tiempo, tanto asco, desconfianza y unas ganas tremendas de mudarse de casa.

Y lo cierto es que no es solo una cuestión de estética: las cucarachas pueden convertirse en un problema higiénico grave. Al moverse entre desagües, basura y restos orgánicos, pueden contaminar fácilmente superficies y alimentos.