Perspectivas para la segunda mitad de 2026: hacia un régimen de mayor

La primera mitad del año estuvo marcada por un entorno de elevada volatilidad, catalizado por el inicio del conflicto geopolítico en Medio Oriente y su impacto inmediato sobre los mercados energéticos. El cierre del estrecho de Ormuz funcionó como un shock de oferta, lo que generó un repunte significativo en los precios del petróleo y reintrodujo presiones inflacionarias a escala global en un momento en el que los bancos centrales comenzaban a considerar la normalización de sus posturas.
Este episodio provocó una rápida reacción en los mercados financieros: ampliación de primas por riesgo, ajustes en curvas de tasas y una reversión en el posicionamiento hacia activos de mayor duración.La dinámica energética y geopolítica ha pasado de ser un riesgo extremo a un riesgo latente, pero estructural. La disrupción en el estrecho de Ormuz durante el primer semestre evidenció la sensibilidad del sistema inflacionario global a cuellos de botella en la oferta.
La relativa normalización reciente del flujo de petróleo reduce el riesgo de un nuevo shock inflacionario de corto plazo, pero no elimina la convexidad del escenario: el petróleo se mantiene como una variable crítica para la trayectoria de inflación y, por tanto, para la política monetaria.En paralelo, este choque exógeno obligó a un replanteamiento de las expectativas de política monetaria a escala global. Lo que a inicios de año se perfilaba como un ciclo de recortes coordinado por parte de los principales bancos centrales evolucionó hacia un escenario de mayor cautela, donde la persistencia inflacionaria limitó el espacio para una relajación mayor.
En Estados Unidos, la llegada de Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal ha venido acompañada de un ajuste relevante en la estrategia de comunicación y, en particular, en el uso del forward guidance u orientación prospectiva. Si bien la tasa de referencia se ha mantenido sin cambios, el mensaje implícito ha transitado de una comunicación más prescriptiva hacia un enfoque más condicionado a datos y con menor compromiso ex ante, reduciendo la señalización explícita de recortes futuros.
Este cambio no es menor: implica una función de reacción más flexible, pero también menos anclaje para las expectativas del mercado.A escala global, la sincronía monetaria ha desaparecido y vemos una mayor divergencia entre los bancos centrales. Mientras Estados Unidos mantiene una postura restrictiva con sesgo más duro, Europa ha retomado el ciclo de alzas ante un choque inflacionario importado, y Japón ha iniciado la normalización después de décadas de anclaje ultraacomodaticio.
Este mosaico reduce la probabilidad de un policy put coordinado y eleva la dispersión entre mercados. En este contexto, las tasas reales positivas se consolidan como una condición estructural, no transitoria.Algo importante a destacar en la evolución del ciclo actual es la historia de un ciclo de inversión (capex) de naturaleza estructural.
La inteligencia artificial, la electrificación, la resiliencia de cadenas de suministro y la seguridad energética están impulsando un aumento significativo en el gasto de capital corporativo y gubernamental.Este cambio tiene implicaciones profundas. Primero, traslada el liderazgo de mercado hacia sectores vinculados a productividad e infraestructura.
Segundo, genera una mayor concentración de retornos en empresas capaces de capturar estas dinámicas, lo que explica la divergencia observada en el desempeño dentro de los índices. Tercero, introduce un componente de duración distinta: no se trata de un ciclo en el corto plazo, sino potencialmente de una fase de varios años.La segunda mitad del año no necesariamente será adversa, pero sí será menos indulgente.
En ausencia de un respaldo claro de política monetaria y con un sistema todavía sensible a shocks de oferta, los mercados tenderán a premiar la consistencia y castigar la fragilidad. En ese contexto, la clave ya no será anticipar la dirección del mercado en su conjunto, sino identificar dónde reside el crecimiento estructural y qué activos son capaces de capturarlo de manera sostenida.En tasas, este entorno sugiere una postura más balanceada y menos direccional que en la primera mitad del año.
La transición hacia un régimen con bancos centrales más prudentes y dependientes de los datos reduce el atractivo de asumir una duración excesiva sin una compensación adecuada. En términos de posicionamiento, la parte corta y media de las curvas sigue ofreciendo valor por niveles de carry todavía elevados, mientras que los tramos largos requieren mayor selectividad ante el riesgo de primas de plazo más altas, déficits fiscales persistentes y curvas con mayor pendiente a escala global.
En otras palabras, el mercado de renta fija vuelve a ser atractivo, pero no necesariamente por una apuesta agresiva a caídas rápidas en tasas, sino por una combinación de devengo, gestión activa de duración y exposición selectiva a segmentos donde la prima de riesgo compense la volatilidad esperada.
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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