La eliminación de Brasil en los octavos de final del Mundial ante Noruega (2-1) dejó una herida profunda en la "Canarinha", centrada en la falta de puntería en los momentos decisivos. Aunque el marcador final reflejó la superioridad goleadora de Erling Haaland, el destino del encuentro pudo ser muy distinto si Brasil hubiera aprovechado la oportunidad de oro que tuvo desde el punto de penalti, una acción que el capitán Marquinhos ha señalado como el punto de inflexión del fracaso brasileño.