Cuando el narcotráfico se vuelve sistema: rutas, fechas y logística

SALTA.— En lo que va de 2026, la provincia de Salta volvió a quedar en el centro del mapa del narcotráfico en el norte argentino. Según un relevamiento de El Tribuno a partir de partes oficiales de Gendarmería Nacional, ya se incautaron más de 810 kilos de cocaína en distintos procedimientos a lo largo del territorio provincial en los que se detuvieron a 39 personas.
La cifra expone la magnitud del flujo de estupefacientes y el despliegue de organizaciones que operan en la región con conexiones que trascienden las fronteras.Ubicada en un punto geográfico estratégico, con pasos internacionales y corredores viales clave como la ruta nacional 9/34, Salta se consolida como zona de tránsito, acopio y redistribución de droga. Pero la dinámica actual permite ir más allá: el territorio ya no es solo un punto de paso, sino un espacio donde el narcotráfico deja huella, se reorganiza y genera efectos propios.Detrás de cada operativo emerge una lógica cada vez más sofisticada.
Las organizaciones narcocriminales funcionan con estructuras empresariales: analizan costos y riesgos de cada operación, como si fuera una compañía legal, pero con una ventaja decisiva: los márgenes grandes de ganancia. Ese capital les permite reinvertir de inmediato para mejorar su efectividad y ampliar sus niveles de impunidad.En ese escenario, el narcotráfico en Salta ya no es una suma de operativos, sino un sistema estable que organiza su actividad en función del tiempo: calendario, el territorio, corredores fijos y la logística con cargas fragmentadas, en una estructura profesionalizada.Durante años, oficialmente, para la proyección de políticas públicas de prevención y persecución, se remarcó que la Argentina era un "país de tránsito" de narcotráfico, en el entendimiento que su utilización territorial era circunstancial y superficial.
Hoy, esa definición resulta insuficiente.El flujo constante no solo atraviesa el territorio: también lo transforma. Esos movimientos delictivos fueron contaminando las comunidades al paso, ya sea porque las organizaciones desgranaban parte de la droga para solventar los gastos del transporte o porque descartaban en el camino los desperdicios o el estupefaciente de mala calidad, conformando focos de consumo problemático y adicciones severas.El mayor golpeEl operativo más importante del año hasta el momento fue el 19 de abril pasado, cuando Gendarmería desarticuló parte de una organización narcocriminal que acopiaba droga en una finca de Colonia Santa Rosa, en el departamento Orán.La investigación permitió geolocalizar ocho inmuebles utilizados para el almacenamiento de estupefacientes.
En uno de los predios, los efectivos sorprendieron a tres hombres con paquetes rectangulares. Al advertir la presencia de los uniformados, intentaron huir a pie, pero fueron interceptados.En el lugar se secuestraron 171 ladrillos de cocaína, con un peso total de 177 kilos 755 gramos.
Los paquetes tenían en relieve la figura de un delfín, una marca que podría identificar procedencia o calidad de una red específica.Desde "baqueanos" hasta profesionales, actúan como células inconexas al servicio de la logística en el transporte de la droga.Los detenidos, de nacionalidad venezolana y argentina, estaban siendo investigados por su vinculación con una organización narcocriminal. En el procedimiento también se incautaron camionetas, un tractor con acoplado, celulares y equipos de grabación.Cocaína en una cisterna El 21 de mayo, sobre la ruta nacional 34, a la altura de Aguaray, un control de Gendarmería permitió descubrir 112 kilos 970 gramos de cocaína ocultos en un camión cisterna de Bolivia.El hallazgo tuvo lugar luego de la intervención del can antinarcóticos "Barak", que alertó sobre la presencia de droga en la parte superior del tanque.
En el interior, los gendarmes encontraron 107 paquetes compactos.Al igual que en el operativo de Orán, los ladrillos tenían grabado un delfín, una marca que comienza a repetirse en distintos procedimientos. El conductor, de nacionalidad boliviana, quedó detenido.Tanques adulterados, "punteros" y otros métodos de cargaEl 6 de mayo, otro procedimiento descubrió maniobras utilizadas para trasladar droga por rutas del norte, incluso en el sur provincial.
Esta vez sucedió sobre la ruta 9, en La Candelaria.El camión interceptado viajaba escoltado por un automóvil que oficiaba como "puntero", una modalidad utilizada para advertir sobre controles. Aunque el acoplado estaba vacío, los gendarmes detectaron irregularidades en los tanques de combustible.Con el uso de un escáner móvil confirmaron la presencia de paquetes ocultos.
Al desmontar los depósitos, extrajeron 70 ladrillos de cocaína, con un peso total de 71 kilos 620 gramos.Tres personas quedaron detenidas y se secuestraron ambos vehículos.Disparos, fuga y 66 kilosUn caso recientes expuso un costado aún más inquietante: la violencia dentro del propio circuito del narcotráfico y las decisiones individuales que terminan integrándose a esa lógica.La escena incluyó una persecución a tiros en plena ruta nacional 34, a la altura de El Potrero, donde dos mujeres denunciaron haber sido atacadas mientras circulaban en una Duster que terminó con impactos de bala. Sucedió el domingo pasado por la mañana.El giro del caso fue determinante.
Durante la requisa del vehículo, la Policía de Salta descubrió un doble fondo en el baúl: en su interior había 64 paquetes de cocaína, con un peso total de 66 kilos 265 gramos.Los involucrados: Ivana Georgina Portal (40), primer alférez de Gendarmería y médica de terapia intensiva del hospital de Tartagal; Delia Yolanda Tame (35), cosmetóloga y un hombre, José Alfredo Troichuque (37), alias "Xuxa", señalado como uno de los atacantes de las mujeres, y quien viajaba en otra camioneta e intento fugarse, fueron detenidos e imputados. La Sala II de Revisión, integrada por los jueces federales Santiago French, Luis Renato Rabbi Baldi Cabanillas y Ernesto Solá rechazó por unanimidad recursos de las defensas de los imputados y confirmó las prisiones preventivas dispuestas por el juez federal 1 de Salta, Julio Bavio.Proliferan bandas con alta capacidad operativa y equipadas con moderna tecnología, generalmente con una estructura de clan.Para la Fiscalía, el ataque no fue al azar sino una "mexicaneada": un robo de droga dentro del propio circuito narco.
La violencia con armas de alto calibre, refuerza la hipótesis de disputas por cargamentos millonarios."El narcotráfico invierte en impunidad, eso provocó fisuras de corrupción en todos los estratos sociales, tanto en el ámbito político, judicial, de las fuerzas de seguridad, etc. Cada día crece más el poder del dinero ilegal ante una sociedad debilitada en su formación moral, la que ve frustrada sus metas por fracasos estructurales", indicó un especialista consultado.Y precisó que el narcotráfico tuvo un crecimiento exponencial, no solo en las cantidades de droga que circula en la región, sino también en la sofisticación de las maniobras de ocultamiento.Del ingreso masivo de "mulas" o "camellos", se pasó a los importantes cargamentos embutidos en vehículos adquiridos al efecto, con una ingeniería costosa de ocultamiento, para luego introducir centenares de kilos de droga por medio de avionetas, las que "bombardean" la cocaína en parajes despoblados o la descargan en pistas clandestinas en provincias internas del país."Esto permitió la proliferación de bandas con alta capacidad operativa y equipadas con moderna tecnología, generalmente con una estructura de clan, compuestas desde "baqueanos" hasta profesionales, que actúan como células inconexas al servicio de la logística del estupefaciente y de sus réditos a las grandes ciudades u a otros continentes", concluyó el especialista.
Información de El Tribuno (Salta). Edición y redacción: Noticias Today.
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