Hay una lección que aprendí muy joven y que me ha acompañado durante toda mi vida profesional. La escuché primero de mi padre, quien solía repetirme que todo lo que emprendiera debía ser el resultado de una estrategia.

Años después, durante mi formación en IBM, comprendí que aquella enseñanza familiar era también uno de los principios fundamentales de las organizaciones exitosas: los resultados no son producto de la casualidad. Son consecuencia de la planificación.

Después de décadas participando en la dirección de empresas, instituciones públicas, organizaciones empresariales y proyectos nacionales, sigo convencido de que las naciones que progresan son aquellas que saben adónde quieren llegar y diseñan el camino para conseguirlo. “El que sale de su casa y no sabe adónde va, no sabe adónde llega”. Las personas pueden improvisar.

Los países no. Las naciones exitosas construyen una visión, definen objetivos, identifican oportunidades, anticipan amenazas y organizan sus recursos para alcanzar metas concretas.

Eso es una estrategia. Por ello, me preocupa escuchar que algunas personas con capacidad de influencia, e incluso vinculadas al aparato estatal, hayan llegado a afirmar que la Estrategia Marítima y Logística Nacional es una tontería.

No se trata de una diferencia de opiniones. Se trata de una manera de entender el desarrollo nacional.

Quienes consideran innecesaria una estrategia deberían preguntarse cuál ha sido la institución más exitosa de la historia republicana de Panamá. La respuesta es evidente: el Canal de Panamá.

Y el Canal jamás ha dado un paso importante sin planificación estratégica. Su prestigio internacional no es fruto de la suerte ni de la improvisación.

Es el resultado de una visión permanente de largo plazo, sustentada en estudios, análisis, proyecciones y objetivos claramente definidos. El Canal planifica décadas hacia adelante porque comprende que los grandes proyectos no se construyen mirando la próxima semana, sino anticipando el próximo cuarto de siglo.

Precisamente, esa misma filosofía inspiró la elaboración de la primera Estrategia Marítima Nacional y, posteriormente, de la Estrategia Marítima de 2008, mucho más amplia y completa, respaldada mediante un Decreto de Gabinete. Aquellas estrategias no fueron ejercicios académicos ni documentos destinados a acumular polvo en los archivos públicos.

Fueron instrumentos para orientar el desarrollo de un sector que representa una de las mayores ventajas competitivas de Panamá. La primera estrategia cumplió sus objetivos fundamentales.

La segunda amplió la visión nacional incorporando nuevas oportunidades para el desarrollo marítimo y logístico. Lamentablemente, durante los últimos tres gobiernos, el país fue alejándose progresivamente de esa visión estratégica.

Mientras otros países fortalecían sus sistemas portuarios, ampliaban su infraestructura logística, desarrollaban nuevos corredores de transporte y captaban inversiones internacionales, Panamá inició a conformarse con vivir de las ventajas que ya poseía, en lugar de construir las ventajas que podía crear. La consecuencia ha sido una pérdida gradual de competitividad frente a actores internacionales que sí comprendieron la importancia de planificar el futuro.

La Estrategia Marítima y Logística Nacional debe ampliar el hinterland logístico del país y aprovechar plenamente los más de tres mil kilómetros de costas que posee Panamá en el Caribe y en el Pacífico. Debe convertirse en una plataforma logística integral, desarrollando puertos especializados, conectividad terrestre y ferroviaria, nuevos polos logísticos e industriales y una verdadera integración nacional.

Los historiadores utilizan el término “talasocracia” para describir a aquellas naciones que construyeron su prosperidad mediante el aprovechamiento inteligente del mar, el comercio y la conectividad. Panamá posee todas las condiciones para convertirse en una verdadera talasocracia moderna.

Existe, asimismo, una razón adicional para actuar con urgencia. Los organismos multilaterales de desarrollo han aprendido, a través de décadas de experiencia en todo el mundo, que el crecimiento sostenible no surge de la improvisación.

Surge de una visión compartida, de objetivos claros y de planes capaces de transformar aspiraciones en realidades. Por esa razón, instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) comprenden la importancia de la planificación estratégica.

Es precisamente dentro de esa lógica que surge el interés del BID por apoyar técnica y financieramente la elaboración de una nueva Estrategia Marítima y Logística Nacional. No se trata de financiar un estudio más.

Se trata de ayudar a Panamá a definir la ruta que le permita aprovechar plenamente su posición geográfica y construir una visión nacional de largo plazo. Pero existe una razón todavía más poderosa.

La Estrategia Marítima y Logística Nacional no constituye una opción política que pueda adoptarse o ignorarse según las preferencias de cada gobierno. Es un mandato de Estado.

La Constitución Política de la República ordena la existencia de una Estrategia Marítima Nacional. La ley que creó la Autoridad Marítima de Panamá le asigna, desde su primer artículo, la responsabilidad de promover y desarrollar integralmente el sector marítimo nacional.

Por consiguiente, impulsar, actualizar y ejecutar la Estrategia Marítima y Logística Nacional no es una facultad discrecional. Es una obligación jurídica.

La discusión, por tanto, no debe centrarse en si Panamá necesita una Estrategia Marítima y Logística Nacional. La Constitución ya respondió esa pregunta.

La ley también. Lo que corresponde ahora es cumplirlas.

Porque una nación que desconoce hacia dónde quiere ir termina llegando exactamente al lugar adonde la empujan las circunstancias. Panamá nació para conectar al mundo.

Ahora necesita una brújula que le permita conectar su futuro. “Solo los que construyen sobre ideas construyen para la eternidad”, — Ralph Waldo Emerson. El autor es exdirector de La Prensa.