El Instituto de Estudios de la Sociedad cumple 20 años en 2026, y en el lanzamiento de la revista “Punto y Coma” que celebra la ocasión, el sociólogo Eugenio Tironi planteó que para su generación el gran fantasma había sido el golpe y la dictadura militar, que los había desestructurado y obligado a reflexionar. Luego se preguntó cuál sería el fantasma del IES, con su inspiración conservadora y cristiana, y propuso que debía ser la dictadura militar, el “nunca más”.La pregunta que formula Tironi por nuestros fantasmas es muy interesante, pero creo que falla al intentar identificarlos.

No es que el golpe y la dictadura nos sean ajenos. Cuando se cumplieron 40 años del 11 de septiembre de 1973 publicamos “ Las voces de la reconciliación”, editado por Hernán Larraín Fernández y Ricardo Núñez, con textos de los expresidentes Aylwin, Frei, Lagos, Piñera y (un entonces muy joven) Boric, entre varios otros autores.

Ese mismo año hicimos una lectura de fondo de “La revolución inconclusa” (CEP) de Joaquín Fermandois. Exactamente diez años después, Daniel Mansuy publica “Salvador Allende: la izquierda chilena y la Unidad Popular”, hoy considerado canónico para abordar el tema.

Y poco antes yo saqué “El precio de la noche: ensayo sobre la tiranía” (Tajamar), que trata justamente sobre la dictadura y el problema del mal. A esto se suman múltiples columnas de distintos investigadores del IES sobre la materia.Pero los eventos que marcan vitalmente a las generaciones abarcadas hasta ahora por el IES inevitablemente están lejos de la dictadura.

Ninguno de nosotros había nacido para 1973, y ninguno tenía edad para votar en el plebiscito de 1988 (Mansuy y Manfred Svensson tenían alrededor de 10 años, Claudio Alvarado y yo teníamos tres, y somos los viejos de la institución). Los más jóvenes del IES nacieron después del 2000.

Ni siquiera recuerdan las glorias del mundial de 1998, y la generación dorada del fútbol chileno es para ellos una vaga visión de infancia. Lo que tenemos todos en común es la experiencia de la modernización comprimida, para usar un concepto del sociólogo coreano Chang Kyung-Sup.

Esa aceleración constante de la historia de Chile entre 1999 y 2019 en que adquirimos tal velocidad que si no despegábamos, no había manera de salir indemnes. Aceleración, que, por cierto, fue arrasando con casi todas las certezas, prestigios e instituciones que en algún momento habían parecido sólidas como el mármol.

El IES se formaliza el año de la revolución pingüina (2006) no por coincidencia, sino porque ahí se hizo visible urbi et orbi la primera mancha del jaguar: las contradicciones de nuestra modernización. Los miedos, las precariedades, las esperanzas.

El IES, por ponerlo de alguna manera, podría ser un largo diálogo con “Todo lo sólido se desvanece en el aire” de Marshall Berman. Ha intentado, de manera honesta, darle una forma reflexiva y constructiva al “malestar de las élites” diagnosticado por Tironi hace casi 30 años.Hace mal Tironi, entonces, al mirar en menos y pretender descartar la experiencia existencial del estallido social de 2019, que condensa todos los problemas y nudos apretados de nuestra modernización.

De hecho, *no es muy consistente con la trayectoria de quien escribió desde “La irrupción de las masas y el malestar de las élites” (1999) hasta “El desborde” (2020) intentando comprender y diagnosticar ese proceso, que involucra los cambios sociales más grandes de la historia de Chile.Lo que yo veo en su postura es incomodidad y quizás algo de vergüenza con el hecho de que él, y muchos en su generación en la centroizquierda democrática de la transición, terminaron rindiéndose durante el estallido y el proceso que le siguió a los caprichos destructivos y autoritarios de los efebos de la nueva izquierda que los acusaban de ser una tropa de traidores y cobardes. Tironi ha dicho, en entrevista con Felipe Kast, que él prefirió equivocarse con sus hijos (figurativos y literales) que tener razón contra ellos.

¿Qué es eso sino la claudicación de la razón y la ética? No es raro entonces que pretenda bajarle la gravedad a esos episodios y volver al clivaje y al mundo anterior, donde la razón y la ética estaban de su lado.

Todos le tenemos miedo a los fantasmas nuevos.