Días atrás, participé en un congreso médico en Argentina. Entre los muchos temas que discutimos, hubo uno que siguió dándome vueltas después de terminar la presentación: la anatomía de la fragilidad.

En esencia, hablábamos de cómo envejecemos. Pero, al salir, me quedó una pregunta.¿Por qué esta conversación sigue ocurriendo casi exclusivamente entre médicos, cuando en realidad nos concierne a todos?

Todos vamos a envejecer. Esa, junto con los impuestos, es una de las pocas certezas de la vida.

Uno de los grandes logros de las últimas décadas ha sido vivir más años. Costa Rica es un extraordinario ejemplo.

Pero la ciencia nos ha obligado a cambiar la pregunta. Ya no basta con saber cuánto vivimos.

Lo importante es cómo vivimos esos años.Las mujeres conocemos bien esa realidad. Vivimos más que los hombres, pero también acumulamos más años con mala salud.

Más que la longevidad, importa llegar a la vejez conservando nuestra independencia y capacidad funcional.La salud no depende solo de evitar enfermedades. También depende de conservar nuestra reserva biológica.

Me gusta imaginarla como una cuenta de ahorros: el ejercicio, una buena alimentación, dormir bien, mantener la masa muscular y controlar las enfermedades crónicas hacen depósitos; el sedentarismo, el tabaquismo y cada enfermedad importante hacen retiros. La fragilidad aparece cuando esa reserva deja de ser suficiente.Es ahí donde las infecciones adquieren un significado diferente.

Hoy sabemos que una infección respiratoria grave no afecta únicamente los pulmones. Desencadena una respuesta inflamatoria que compromete todo el organismo y cuyos efectos pueden prolongarse mucho después de que desaparece el microorganismo.

Muchas personas nunca recuperan completamente la fuerza, la movilidad o la independencia que tenían antes de una hospitalización.Por eso, también ha cambiado nuestra manera de entender las vacunas. Ya no son solo una herramienta para prevenir infecciones.

También ayudan a proteger esa reserva biológica. Al reducir infecciones graves y hospitalizaciones, vacunas como las de influenza, neumococo, virus respiratorio sincitial y herpes zóster contribuyen a disminuir la cascada inflamatoria que acelera la fragilidad.Nada de esto sustituye los hábitos saludables.

Vacunarnos, hacer ejercicio, alimentarnos bien y controlar las enfermedades crónicas persiguen el mismo objetivo: llegar a la vejez con la mayor capacidad funcional posible. Pero sería ingenuo pensar que esa posibilidad depende solo de decisiones individuales.

La reserva biológica también se construye según las oportunidades que la sociedad ofrece para estudiar, trabajar, alimentarse, vivir en entornos saludables y acceder a los servicios de salud. Envejecer con salud también es una cuestión de equidad.Salí de aquel congreso convencida de que esta conversación no debía quedarse entre médicos.

Debía poner el tema Bajo la lupa, porque todos queremos vivir muchos años. La verdadera pregunta es si estamos construyendo, como personas y como sociedad, las condiciones para seguir siendo nosotros mismos cuando esos años pasen.avilaaguero@gmail.comMaría L.

Ávila Agüero es pediatra infectóloga, jefa del Servicio de Infectología del Hospital Nacional de Niños y miembro de la Academia Nacional de Ciencias y de la Academia Nacional de Medicina.