Cuando un campamento de verano confunde una dificultad con mala conducta

Un niño acude emocionado a su primer día de campamento. Ese día hay escalada y a él le encanta escalar.
Al llegar, se encuentra con la monitora y con varios niños. Algunos ya se conocen.
A él no lo conoce nadie. Tampoco la monitora, porque nadie le ha pedido información previa a la familia, que sugiere quedarse unos minutos, pero la monitora les pide que se marchen.
Luego de unos minutos intentando integrarle, la monitora abre la puerta, busca a la familia y les dice que el niño no se integra, que no quiere jugar y que no quiere que lo toquen. Después, la familia intenta explicar cómo acompañarle, pero la empresa se niega a adaptarse.
El niño no vuelve nunca más. Al año siguiente, fue diagnosticado de TANV (trastorno del aprendizaje no verbal).
Seguir leyendo Lo que las familias pueden anticipar desde casaAntes de que el niño neurodivergente llegue a un campamento, la familia puede hacer algo decisivo: avisar de quién es. No es solo comunicar un diagnóstico, es compartir información práctica.
Sergi Grau Carrión, cofundador de NeurekaLAB, recomienda contar “qué funciona, qué le desregula, cómo se puede comunicar mejor con él y qué apoyos están utilizando en casa o en la escuela”. Lo compara con la ficha inicial de alergias u otros temas alimentarios: también aquí conviene dar señales de alerta y estrategias que ayuden en el día a día.
Compartir un informe del centro escolar tampoco debería entenderse como una etiqueta. “No estás etiquetando. Es un informe de orientación para mostrarles cómo pueden acompañar”, añade la pedagoga terapéutica Sandra Alonso Castillo.
La familia también puede preguntar cómo se organiza cada actividad, aconseja la exprta, cuántos monitores acompañan o si la planificación diaria puede conocerse antes: "No para fiscalizar, sino para anticipar desde casa".
Información de El País. Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.