El domingo, Inglaterra vuelve a entrar a un terreno que su historia no le ha perdonado. En el Estadio Ciudad de México disputará los octavos de final ante una Selección Nacional Mexicana que no sólo ha ganado sus cuatro partidos sin recibir gol, sino que asimismo ha convertido el torneo en una comunión total con su afición.

Para la aventura al sur del río Bravo, el equipo inglés ha extremado precauciones. Viaja con su propio chef para evitar cualquier riesgo alimenticio luego de los casos de clembuterol detectados en futbolistas de Túnez, y ha reforzado su aislamiento en el hotel para reducir interrupciones externas.

Incluso medios británicos reportan que prepara un planteamiento de máxima disciplina táctica para sobrevivir a la altitud de la capital. Pero el problema de Inglaterra en México no es nuevo, es histórico.

La primera advertencia llegó en 1970. La selección de Inglaterra viajó a México con una plantilla de 22 jugadores para defender el título mundial conquistado de manera memorable en Wembley cuatro años antes.

Luego de victorias ajustadas por 1-0 ante Rumania y Checoslovaquia, aunque sin un dominio abrumador, el equipo cayó por la mínima frente a Brasil, futura campeona, en un encuentro ya considerado un clásico y uno de los mejores partidos en la historia de los Mundiales. Aun así, los resultados le alcanzaron para avanzar a los cuartos de final, donde se enfrentó a Alemania Occidental.

En ese partido, Inglaterra llegó a tener una ventaja de 2-0, pero terminó cediendo terreno de forma inesperada hasta perder 3-2 en la prórroga. Con el paso del tiempo, aquel encuentro se convirtió en una derrota con tintes de tragedia deportiva, casi de naturaleza clásica, como una caída griega.

En aquel entonces, la prensa daba a Inglaterra como una de las principales favoritas para retener la Copa del Mundo. En México 1986, la historia volvió a repetirse, pero ahora en el Estadio Azteca,un escenario aún más simbólico.

El Mundial de 1986 quedó marcado por Diego Armando Maradona y dos momentos que todavía definen una era. Inglaterra volvió a caer en cuartos de final, esta vez en un partido que trascendió lo táctico y entró directamente en la historia del futbol mundial.

Primero, la polémica “Mano de Dios”. Después, el gol que muchos todavía describen como el mejor de la historia de los Mundiales.

Inglaterra quedó fuera otra vez, en el mismo país donde dejó su etiqueta de campeón. La coincidencia preocupa dentro del entorno inglés.

El entorno no les favorece con una altitud a mas de 2 mil metros, clima, presión ambiental y un estadio volcado con el equipo local. La selección tricolor llega en estado de control absoluto.

Cuatro partidos, cuatro victorias, cero goles recibidos. Un rendimiento que convierte el duelo en algo más que un cruce de octavos.

Inglaterra, mientras tanto, intenta blindarse fuera del campo tanto como dentro. Entre el aislamiento logístico, el control alimenticio y el ajuste táctico, el plan es reducir cualquier variable externa.