Ayer se estrenó en Colombia la película dirigida por Agnieszka Holland, que nos muestra desde varios puntos las claves de la vida y obra de uno de los escritores más importantes del siglo.“Franz”, película inspirada en Kafka, fue dirigida por la polaca Agnieszka Holland.URESEn una de las tantas cartas que Franz Kafka le escribió a Felice Bauer, su pareja, y a quien conoció gracias a uno de sus grandes amigos, Max Brod, el autor de “La metamorfosis” y “El proceso” le expresó: “A mis espaldas han quedado semanas de desgana en el trabajo, de dolores de cabeza, de pensamientos que dan vueltas y vueltas eternamente en un estrecho círculo”. En esos renglones se sintetiza lo que fue su vida y lo que fueron algunas razones para escribir y escribir.

Eso mismo podría resumir “Franz”, la nueva película de la polaca Agnieszka Holland, quien le apostó a contar de manera fragmentada en el tiempo la vida del escritor checo.Una historia en la forma más tradicional ofrece una narración lineal, pero la vida de un ser humano difícilmente pueda develar sus matices y contradicciones si se cuenta de esta forma. Aunque quizá pueda ser poco ortodoxo y por momentos difíciles de unir un momento con otro, la estructura que presentó Holland para esta película rompe con el molde de lo que a priori se espera de una especie de biografía, que a la final más que eso podríamos llamar un retrato, sin más ni menos, de Kafka.

La película sobre el escritor checo va y vuelve en el tiempo, incluso trasciende el lapso de vida del autor y por momentos nos trae al ahora. Más allá de intentar descifrar las intenciones de este recurso, esto puede resultar un logro para un espectador desprevenido y curioso que entrará a la sala de cine a ver “Franz” sin entender muy bien de quién se trata o cuál es la dimensión de su personaje y comprender su importancia para la literatura del siglo XX.Le puede interesar: Un siglo después, la “Fiesta” de Hemingway sigue latiendo en los Sanfermines españolesEl asunto con Kafka es que su vida fue tan ordinaria como la de cualquiera de nosotros.

Sus cortos 40 años ocurrieron sin mayores sobresaltos, lo que no implicaba que no hubiera problemas y heridas que calaran en su forma de ser y de relacionarse con el mundo. En ese sentido, la película trata en distintos momentos de la vida de Kafka varios de los elementos que lo marcaron a él y que plasmó a su vez en sus historias.

Uno de ellos, por ejemplo, es la relación con Hermann Kafka (Peter Kurth), su papá, que fue un personaje con el que se desarrollaron varios conflictos y que el autor dejó ver en su famosa “Carta al padre”, y que sería determinante en su obra a la hora de construir también la figura del Estado y la autoridad.También con un protagonismo no menor aparecen las mujeres que rodearon a Kafka. Por supuesto, una de ellas es Felice Bauer (Carol Schuler), a quien ya mencionamos, y que quizás es mucho más conocido el vínculo que tuvo con ella por el libro “Cartas a Felice”, que resulta esencial como documento si queremos comprender el diario vivir y el proceso de creación del checo de varias de sus obras.

Quizás un poco menos conocida, pero no menos importante, es en esta cinta el vínculo con Ottla Kafka (Katarina Stark), su hermana, que fue leal e incondicional a la hora de defenderlos a él y a sus convicciones, sin dejar de ser cercana y afectiva. También aparecen en la película, quizá como una reivindicación, otras mujeres como Julie, su mamá (Sandra Korzeniak), y Milena Jesenská (Jenovéfa Boková), otro amor en la vida de Kafka.Le sugerimos: David Toscana: “La guerra es un gran laboratorio de las pasiones humanas”Entre idas y vueltas entre los tiempos de la vida de Kafka, y el retorno a nuestro presente y a la Praga del siglo XXI, la película de Holland no nos muestra explícitamente los procesos de creación de las obras más recordadas del checo, como “La metamorfosis” y “El proceso”, pero sí nos va develando por qué sucedieron y cómo hoy siguen vigentes y centrales para comprender al ciudadano europeo que se enfrentaba a una crisis existencial derivada de las guerras y un fuerte aparato burocrático que empezaba a absorber las vidas de todos.Walter Benjamin, pensador alemán, en la conferencia “Sobre la construcción de la muralla china de Franz Kafka”, expresó: “Uno de los focos de la obra de Kafka es la experiencia del hombre moderno en la gran ciudad, en la que se abarcan diferentes elementos.

Hablo, en primer lugar, del ciudadano del Estado moderno, que se sabe entregado a un inabarcable aparato burocrático cuyas funciones son dirigidas por instancias no demasiado claras ni tan siquiera para los propios órganos ejecutores, de modo que no digamos ya para los que viven sujetas a ellas”.Otro de los logros de la película es, por supuesto, la actuación de Idan Weiss, quien interpreta a Kafka. En su mirada se refleja el cansancio y la curiosidad, y en sus gestos la dificultad de un hombre que vivió atormentado por sus propios pensamientos y por el mismo contexto que lo rodeó.

Un eterno retorno a viejas y nuevas preguntas, a sus obsesiones y malestares nos dan la impresión de asistir a una serie de nudos difíciles de desatar en la cabeza del personaje, lo que refleja la complejidad de su individualidad y un retrato psicológico de Franz. Sin mayores pistas de sus obras, pero con rasgos muy claros de un escritor, la película nos deja una escena en la que un méndigo interrumpe la caminata de Franz y su hermana para pedirle a él una corona (moneda de la entonces Checoslovaquia), a lo que Kafka le entrega dos y le pide que le regrese una, lo que ocasiona una discusión que finaliza la hermana de Kafka y él termina gritando y pidiéndole a la humanidad que valoren la importancia y el uso de las palabras.

Hay al menos otros dos elementos que Holland rescata en la película: la amistad con Max Brod (Sebastian Schwarz) y las enfermedades que aquejaron y acortaron la vida de Kafka. Sobre lo primero, el homenaje no debe ser nunca menor, pues básicamente es gracias a Brod que conocimos quién fue y qué escribió Kafka.

Franz muestra con precisión que nunca le interesó escribir para ser publicado o para ser reconocido, de hecho, siempre actuó como un ciudadano más que pasaba, y que aun hoy podría pasar inadvertido.El caso es que fue la desobediencia de Brod la que permitió que conociéramos ese revelador mundo kafkiano. Su gran amigo Franz le había pedido que quemara todos sus escritos inéditos, pero este hizo caso omiso, ordenó y publicó la obra que dejó el autor checo.

Esa amistad, en la película, provoca la creación de otros vínculos que terminan siendo determinantes en ese perfil intelectual y psicológico de Kafka.Un Kafka enfermo de tisis, que no se convierte en héroe por su sufrimiento, es el capítulo que representa el ocaso de su vida, sin que eso haya representado la renuncia a escribir, que fue siempre su convicción y su escape. Los interminables dolores de cabeza lo disminuyeron físicamente y representaron también una figura atormentada y existencialista que a pesar de los padecimientos tomó de ellos para lograr construir ese mundo extraño, que era el que seguramente veía y sentía, y que logró traducir en los absurdos de “La metamorfosis”, “El castillo”, “El proceso”, entre otros libros.

En diálogo con este diario para el centenario del fallecimiento de Kafka en 2024, el escritor William Ospina nos dejó esta reflexión sobre su importancia para la cultura: “Kafka es tal vez el autor más importante del siglo XX, porque no vio la literatura de un modo convencional, en realidad no podía impedirse escribir, y en todo veía algo distinto, más incomprensible, más anómalo. La fuerza estaba en su mirada, uno siente que era alguien muy original, pero de un modo humilde, nada vanidoso, más bien alarmado, más bien deslumbrado.

Y creo haber descubierto que en todo lo que dice, aún en lo más terrible y en lo más alarmante, hay, de un modo inexplicable, como unas gotas de paraíso. Él no busca el terror, como Poe o Lovecraft, él no busca nada, él solo expresa su extrañeza; el mundo le parece raro, los sueños le parecen realidad, la realidad le parece un sueño, cualquier cosa del mundo le parece increíble.Siga leyendo: Alejandra Rincón: “Los momentos de crisis son muy fértiles para la creación”