SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.— El país de Vaca Muerta vuelve a quedarse sin gas para producir. La demora del Gobierno en completar la ampliación del Gasoducto Perito Moreno obliga otra vez a importar Gas Natural Licuado (GNL) justo cuando la guerra en Medio Oriente disparó los precios internacionales.

La consecuencia ya inició a sentirse en las fábricas: industrias que reducen turnos, reorganizan procesos, frenan líneas de producción y afrontan costos extraordinarios para seguir operando. Según advierten desde la Unión Industrial Argentina (UIA), al menos una de cada dos empresas evalúa disminuir su actividad durante este mes porque no puede absorber el fuerte aumento del costo del gas.

El impacto golpea especialmente a las pequeñas y medianas industrias. A diferencia de las grandes plantas, que en muchos casos cuentan con conexiones directas a los grandes gasoductos de transporte, las pymes se abastecen a través de las mismas redes que suministran gas a los hogares.

Cuando las temperaturas caen y aumenta el consumo residencial, las distribuidoras priorizan el abastecimiento domiciliario y las fábricas quedan relegadas. La situación ya inició a traducirse en decisiones concretas dentro de las plantas industriales.

Empresas de distintos sectores analizan reducir el consumo de gas al mínimo durante los días de mayor demanda, reorganizar procesos productivos, modificar turnos e incluso detener temporalmente líneas de producción. Otras evalúan asumir sobrecostos extraordinarios para mantener la actividad y cumplir con los compromisos de entrega.

El malestar quedó reflejado en un comunicado de la Unión Industrial de Córdoba, que describió el escenario como una “ley de la jungla energética”. La entidad advirtió que las interrupciones del suministro, incluso sobre contratos firmes y semifirmes, afectan la continuidad operativa de industrias que dependen del gas como insumo esencial.

También alertó que muchas empresas deberán reducir actividad, incumplir programas de entrega o absorber costos que ponen en riesgo su competitividad. La paradoja es evidente.

Argentina posee una de las mayores reservas de gas no convencional del planeta gracias a Vaca Muerta y el Gobierno presenta ese desarrollo como uno de los pilares para incrementar las exportaciones y generar divisas durante los próximos años. No obstante, la falta de infraestructura para transportar esa producción hacia los principales centros de consumo obliga nuevamente a importar energía en pleno invierno.

El cuello de botella no está en la producción sino en el transporte. La ampliación del Gasoducto Perito Moreno debía permitir incrementar significativamente la capacidad para trasladar el gas desde Neuquén hacia los centros urbanos e industriales y reducir la necesidad de importar GNL durante los meses de mayor consumo.

La demora en esa obra mantiene al sistema dependiendo de compras externas cuando la demanda alcanza sus niveles máximos. El problema se agravó este invierno por la escalada del conflicto en Medio Oriente.

La guerra impulsó una fuerte suba del precio internacional del GNL, que pasó de alrededor de 11 dólares por millón de BTU a valores cercanos a 23 o 26 dólares en pocos meses. Ese incremento multiplicó el costo del abastecimiento justo cuando Argentina necesita importar unos 23 barcos de gas para atravesar el invierno.

Frente a ese escenario, el Gobierno resolvió mantener el abastecimiento de los hogares con gas de producción local y trasladar el mayor costo del combustible importado a la industria. De esta manera, empresas que hasta hace pocas semanas pagaban alrededor de 4,50 dólares por millón de BTU ahora enfrentan valores hasta cinco veces superiores para continuar operando.

La decisión responde al objetivo oficial de preservar el equilibrio fiscal. A diferencia de otros años, el Estado descartó absorber parte del incremento internacional mediante subsidios y tampoco trasladó el costo a las tarifas residenciales para evitar un mayor impacto sobre la inflación.

El resultado fue concentrar el aumento sobre el sector productivo. La situación encuentra asimismo a la industria en un momento especialmente delicado.

Sobre ese escenario se suma ahora un fuerte aumento del costo energético. Las distribuidoras comenzaron asimismo a recomendar a muchas pymes que reduzcan al mínimo el consumo de gas mientras dure el pico de frío.

Esa decisión puede traducirse en una profundización de la caída de la actividad manufacturera durante las próximas semanas, especialmente en ramas intensivas en consumo energético como la cerámica, los ladrillos, los materiales para la construcción y otras industrias de proceso continuo. El impacto tampoco se limita al gas.

La menor disponibilidad del fluido obliga a utilizar combustibles líquidos (gasoil y diesel) para generar electricidad, elevando también el costo de la energía eléctrica que pagan las empresas. Las cámaras empresarias cuestionan asimismo que las restricciones alcancen incluso a contratos de abastecimiento firme, lo que consideran un cambio de las condiciones bajo las cuales planificaron su producción.

Esa situación abrió la puerta a posibles reclamos judiciales por parte de empresas que entienden que se alteraron compromisos previamente asumidos. Desde el Gobierno, en tanto, buscan transmitir tranquilidad respecto del abastecimiento residencial.

El secretario de Coordinación de Energía y Minería, Daniel González, afirmó que “no va a faltar gas en las casas en la medida que no haya un imponderable” y remarcó que el sistema viene funcionando “perfectamente bien” durante el invierno, incluso en una semana marcada por las temperaturas más bajas del año. Esa estrategia, no obstante, supone priorizar el consumo domiciliario mientras las industrias absorben las restricciones y el mayor costo del abastecimiento.

Fuente: Página/12