Crecer con complejos impuestos

El problema con mi cuerpo empezó a los ocho años. Lo recuerdo perfectamente porque era verano y acaba de comerme un Phoskitos.
Ese día habíamos tenido una comida familiar en la que picoteé y comí una paella increíble. Justo en ese momento llegó el comentario que marcaría mi calvario.
No recuerdo las palabras exactas, pero sí las emociones que me dejaron esas frases: me sentí horriblemente mal y con la necesidad de no mostrarme, supongo quizás, para salvar al mundo de una imagen espantosa. Qué pena ¿no?
Que con solo ocho años ya tuviera que preocuparme de agradar a los demás, cuando mi objetivo tendría que haber sido jugar hasta agotarme y disfrutar de unos años que pasan volando. Hoy, al mirar las fotos de aquella época, me doy cuenta de que la imagen que me hacía entonces de mi cuerpo no se correspondía con la realidad.
No estaba gorda. Podría haberme ahorrado crecer aprendiendo de memoria las calorías de un montón de alimentos o creyendo que mis logros no eran tan válidos.
Me duele, pero sigo siendo esclava de un complejo que me fue impuesto. Solo espero poder proteger a mis futuros hijos de estas cadenas y que ellos puedan vivir en paz.Seguir leyendo
Información de El País. Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.