La discusión sobre el futuro eléctrico de Costa Rica no es únicamente una conversación sobre megavatios, líneas de transmisión o nuevas fuentes de generación. Es, ante todo, una discusión sobre el modelo de desarrollo que queremos construir para las próximas décadas.La inquietud más importante no es cuánta electricidad consumiremos en el 2040.

La verdadera pregunta es si nuestro sistema eléctrico estará preparado para acompañar a la Costa Rica que aspiramos ser: una economía más innovadora, más digital, más productiva, más sostenible, con mayor capacidad de generar oportunidades para todos y, sin lugar a dudas, más competitiva.El mundo entró en una nueva etapa de transformación económica. La inteligencia artificial, los centros de datos, la manufactura avanzada, la automatización, la electrificación del transporte y la transición hacia economías bajas en carbono están modificando aceleradamente la forma en que los países compiten por inversión, empleo y crecimiento.Esta nueva economía tiene un elemento común: una demanda creciente de electricidad de alta calidad, limpia, confiable y competitiva.Los países que quieren liderar esa transformación ya están actuando.

Están revisando sus estrategias energéticas, fortaleciendo sus redes y expandiendo el acceso, diversificando sus fuentes de generación y creando condiciones para atraer las industrias que definirán el crecimiento del siglo XXI. La competencia global por atraer inversión tecnológica es feroz y las decisiones que tomemos durante esta década determinarán las oportunidades que tendremos en las siguientes.Costa Rica tiene una posición privilegiada para participar en esta nueva economía.

Pero las ventajas competitivas no son permanentes. La historia económica demuestra que los países que logran mantenerse a la vanguardia son aquellos que anticipan los cambios y adaptan sus instituciones y su infraestructura a las nuevas realidades.Hoy debemos preguntarnos si la planificación de nuestro sistema eléctrico está alineada con las aspiraciones de desarrollo del país.Si queremos consolidar a Costa Rica como un destino para atraer y promover inversiones en esa nueva economía, debemos asegurar que la electricidad no sea un límite para el crecimiento, sino una plataforma que habilite nuevas oportunidades.Precisamente, esa reflexión motivó el análisis realizado por el Consejo de Promoción de la Competitividad –del que se conversó en el Summit Nacional de Competitividad– sobre la sensibilidad de la demanda eléctrica al 2040.

Los resultados muestran que las necesidades futuras de electricidad pueden variar significativamente dependiendo de los supuestos que hagamos sobre crecimiento económico, incorporación de nuevas tecnologías y transformación productiva.Mientras el escenario medio del Plan de Expansión de la Generación del ICE proyecta un crecimiento de la demanda cercano al 2% anual, escenarios asociados a una mayor electrificación del transporte o al desarrollo de centros de datos podrían elevar ese crecimiento a niveles superiores al 3% o 4% anual. La diferencia puede parecer pequeña cuando se analiza un solo año, pero, acumulada durante más de una década, representa una brecha significativa en los requerimientos de infraestructura, inversión y capacidad de respuesta del sistema.Y, en materia eléctrica, el tiempo es un factor crítico.

Las inversiones en generación, transmisión y distribución requieren largos periodos de planificación y ejecución. La infraestructura energética debe estar lista antes de que lleguen las inversiones productivas, no cuando las empresas ya hayan decidido instalarse en otro país.Este debate no debe entenderse como una confrontación entre instituciones ni como un cuestionamiento a los avances que Costa Rica ha logrado en materia energética.

Gracias a una visión de largo plazo, el país construyó uno de sus activos más valiosos: una matriz eléctrica mayoritariamente renovable que ha sido reconocida internacionalmente.No obstante, preservar esa ventaja requiere evolucionar. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha señalado que el mercado eléctrico –particularmente, los costos de la electricidad y la confiabilidad del suministro– constituye un elemento clave para fortalecer la estructura productiva del país.

De igual forma, el Índice de Competitividad Nacional ha evidenciado señales de deterioro en la competitividad del sector eléctrico asociadas al aumento de costos y desafíos en la calidad del servicio.Por ello, la discusión no es si necesitamos cambiar por cambiar. La verdadera conversación es cómo aseguramos que nuestro sistema eléctrico siga siendo una ventaja competitiva en un entorno internacional mucho más exigente.Esto implica revisar continuamente los escenarios de demanda, fortalecer la planificación energética, impulsar las inversiones necesarias, aprovechar plenamente nuestro potencial en energías renovables y garantizar que el marco institucional y regulatorio evolucione al ritmo de los desafíos del siglo XXI.Costa Rica ya ha enfrentado momentos históricos en los que debió tomar decisiones que definieron su rumbo.

Apostamos por la educación, por la salud y por la apertura al mundo cuando entendimos que el contexto internacional estaba cambiando.Hoy enfrentamos de nuevo un momento de decisión estratégica.No podemos planificar la electricidad únicamente para la Costa Rica de hoy. Debemos construir un sistema energético capaz de sostener la Costa Rica que queremos ser dentro de 15 o 20 años.El futuro no esperará a que terminemos de debatirlo.

La transformación tecnológica, la transición energética y la competencia global por atraer inversión ya están ocurriendo.La Costa Rica del 2040 no se improvisa. Se diseña, se planifica y se construye desde las decisiones que tomemos hoy.----Juanmaría González es director del Consejo de Promoción de la Competitividad (CPC).