SANTA FE.— "La esencia de la técnica no es en modo alguno técnica. Así pues, no debe sorprendernos que la esencia de la técnica no entre en la esfera de lo técnico" (Martin Heidegger) *** La irrupción de la inteligencia artificial (IA) es un fenómeno que desborda por completo aquello que entendíamos como "optimización instrumental", obligándonos a una reflexión que se remonta a la propia esencia de nuestro "habitar" en el mundo.

Por consiguiente, el pensamiento de Martin Heidegger, en particular su análisis de la técnica, resulta indispensable para abordar este desafío, en tanto que, según él, la técnica moderna no se limita a crear herramientas; más bien, instaura un modo específico de "desocultamiento" ( aletheia ), una forma particular de traer la verdad o la realidad a la luz. De esta manera, la IA prolonga y radicaliza esta lógica.

Su verdadero poder reside en determinar qué se revela como realidad y qué, necesariamente, queda oculto. Al subsumir la complejidad humana y fenoménica en datos y correlaciones estadísticas, la IA no nos revela el mundo en su misterio, sino sólo aquello que es susceptible de ser cuantificado y procesado.

En otras palabras, la reducción de la realidad a patrones calculables es la forma posmoderna y la operación más sutil de disponer de lo real. La pregunta que surge aquí, por lo tanto, es de naturaleza existencial: si la IA solo ilumina lo mensurable,...

¿qué dimensiones de la vida -el dolor inarticulado, el deseo, la experiencia opaca- quedan marginadas, convertidas en sombra o residuo? Comencemos por comprender las categorías de "armazón algorítmico" y la condición de "Bestand", dado que, para Heidegger, la esencia de la técnica moderna es el "Gestell" (armazón, emplazamiento o encuadre), una estructura que no se conforma con utilizar la naturaleza, sino que la fuerza a comparecer como un fondo de recursos ("Bestand", existencia disponible).

Pues bien, en la era digital, este armazón adopta una naturaleza algorítmica personificada en plataformas de predicción y mecanismos de optimización que no son otra cosa que formas concretas en que el "Gestell" opera, no sólo administrando la información, sino también reestructurando la experiencia humana en función de métricas de eficiencia. Ciertamente, es aquí donde el pesimismo filosófico se encuentra con el cinismo de la ciencia ficción.

Si bien la saga cinematográfica de "Terminator" ilustra la revuelta abierta del "Gestell" (Skynet), la película "Yo, robot" ofrece una visión más cínica y cercana a nuestra realidad: un sistema regido por las "Tres leyes" concluye que la única forma lógica de cumplir la "Primera ley" -la no agresión- es encerrar y subyugar a la humanidad por su propio bien. Este es el pináculo de la reducción del hombre a Bestand: el ser humano ya no es un sujeto libre, sino un objeto a gestionar, medido y, si es necesario, neutralizado por el sistema que supuestamente lo sirve.

En consecuencia, la repercusión antropológica más grave es la conversión del ser humano en "recurso" y "perfil". Cuando la vida se parametriza, la persona se reduce a un conjunto de patrones reproducibles, perdiendo su singularidad narrativa.

Tal como el sociólogo Albert Borgmann describe, el "Paradigma del dispositivo" nos proporciona el "producto" de una práctica sin exigir el compromiso con el complejo proceso, llevando a una pérdida de lo significativo (Borgmann, 2000). Asimismo, Shoshana Zuboff detalla cómo esta instrumentalización convierte la vida en materia prima para la predicción de comportamientos (Zuboff, 2019).

Innovación y desecho Ahora bien, la amenaza que la técnica moderna representa no reside únicamente en su estructura operativa (Gestell), sino también en la disposición humana que la acoge y la impulsa. En este punto, se cruzan el peligro inherente a la esencia de la técnica y la inclinación humana a la "avidez de novedades" (Neugier o curiosidad en el sentido existencial de Ser y Tiempo).

Para Heidegger, la avidez de novedades no es una simple curiosidad inofensiva, al contrario, se trata de un modo de ser inauténtico en el que el Dasein (el "ser-ahí", nosotros) busca lo nuevo y lo superficial, huyendo del aburrimiento fundamental y de la confrontación con su propia finitud. Esta huida constante se acopla perfectamente con el impulso de la técnica moderna, puesto que el Gestell requiere un flujo constante de innovación y desecho para sostener su lógica de la disponibilidad total.

El ser humano, impulsado por este deseo por lo novedoso, abraza sin crítica cada nueva aplicación o cada nuevo algoritmo. En el precitado contexto, el propio Heidegger describe esta tendencia como una forma de no-pertenecer: "La curiosidad es un modo de no-permanecer.

Se caracteriza por un mirar constante por la ventana. Busca únicamente el salto de una cosa a otra" (Heidegger, 1927/2009, p. 170).

De este modo, la avidez por la novedad tecnológica no sólo distrae de las preguntas fundamentales, sino que nos arroja a un ciclo interminable de reemplazo y opt