Hubo un momento, durante los confinamientos de 2020 y 2021, en el que millones de personas a lo largo del mundo reorganizaron por completo su rutina cotidiana. El tiempo se volvió extraño, repetitivo y muy difícil de medir.

Muchas familias incorporaron entonces a perros y gatos a sus hogares, en medio de una etapa marcada por el aislamiento y la incertidumbre. Desde entonces, la sensación de que “la pandemia fue ayer” se ha instalado en buena parte de la conversación social, pese a que han pasado ya más de seis años desde aquellos primeros confinamientos.Esa percepción alterada del tiempo no parece limitarse únicamente a la experiencia humana.

Para muchas personas, los llamados 'cachorros pandémicos' siguen siendo mentalmente cachorros o ejemplares jóvenes, aunque biológicamente muchos ya han alcanzado una etapa considerada de mediana edad. Ahora, nuevas investigaciones veterinarias alertan de que esa desconexión emocional puede retrasar revisiones, cambios en la alimentación y controles preventivos precisamente en uno de los momentos más importantes para la salud de los perros y los gatos.Un estudio internacional encargado por la compañía Royal Canin y realizado sobre más de 19.000 convivientes de animales de compañía en distintos países concluye que una gran parte de los titulares no empieza a pensar en el envejecimiento de sus perros y gatos hasta que aparecen los primeros problemas de salud visibles.

Para entonces, explican los investigadores, muchos procesos biológicos asociados al envejecimiento ya llevan tiempo avanzando.La generación que nació durante el confinamientoDurante los primeros años de pandemia tuvo lugar un aumento significativo de adopciones y compras de animales de compañía en múltiples países. Aquella generación de perros y gatos que llegó a los hogares entre 2020 y 2021 tiene hoy alrededor de seis o siete años, una edad que en veterinaria empieza a considerarse una transición hacia la madurez fisiológica.El problema es que el envejecimiento rara vez comienza de forma evidente.

No suele aparecer de golpe ni con síntomas dramáticos. Según los especialistas que participaron en el simposio veterinario de Royal Canin Veterinary este 2026, los primeros cambios pueden producirse a nivel celular mucho antes de que existan señales claras para las familias.En el caso de los gatos puede observarse una ligera disminución de la actividad o cambios sutiles en los patrones de sueño.

En perros, el inicio puede traducirse en menor tolerancia al ejercicio, pequeños cambios en la movilidad o alteraciones discretas del comportamiento cotidiano. No obstante, estos signos suelen pasar desapercibidos porque el animal continúa jugando, comiendo y relacionándose aparentemente con normalidad.La investigación muestra precisamente esa desconexión.

Cerca de un tercio de las personas encuestadas reconoce retrasar cualquier medida preventiva porque su perro o gato “parece estar bien”.El envejecimiento, un tema incómodoUno de los datos más llamativos del estudio tiene menos relación con la medicina veterinaria y más con el vínculo emocional entre humanos y animales. Más de la mitad de los participantes afirmó evitar pensar o hablar sobre el envejecimiento de los animales con los que conviven porque el tema les resulta triste.La contradicción aparece cuando esos mismos convivientes describen una relación profundamente afectiva con sus perros y gatos.

El 74% compra regalos para fechas señaladas como cumpleaños o aniversarios, más de la mitad celebra esas fechas cada año y casi un tercio afirma gastar más dinero en regalos para sus animales que para sus propios hijos.Los investigadores interpretan este fenómeno como una muestra de cómo el apego emocional no siempre se traduce en conductas preventivas relacionadas con la salud. Cuidar y celebrar la vida cotidiana del animal resulta más sencillo emocionalmente que asumir que está entrando en una nueva etapa fisiológica.

La veterinaria Tanya Schoeman, especialista en salud felina y una de las participantes en el simposio, explica para Pet Food Industry que “ahora sabemos que el envejecimiento empieza mucho antes de lo que muchas personas imaginan, a menudo en una etapa en la que los perros y los gatos siguen pareciendo sanos y llenos de energía”.Según T. Schoeman, esa etapa representa “una valiosa oportunidad para adoptar medidas sencillas y proactivas que favorecerán el bienestar a largo plazo”.Qué significa realmente envejecer en veterinariaUno de los conceptos más repetidos en las nuevas investigaciones veterinarias es el de healthspan, un término utilizado para describir el periodo de vida que transcurre con buena salud antes de la aparición de enfermedades crónicas asociadas a la edad.La idea no consiste únicamente en prolongar la esperanza de vida, sino en aumentar la cantidad de años vividos con calidad física y funcional.

En ese proceso influyen factores como la alimentación, el control del peso corporal, el ejercicio adaptado y las revisiones veterinarias periódicas. Los expertos insisten en que muchas patologías relacionadas con la edad comienzan de forma silenciosa.

Enfermedades metabólicas, alteraciones articulares, hipertensión, deterioro renal o la diabetes pueden avanzar durante meses y años antes de producir síntomas claros para las familias.Aun así, una cuarta parte de los participantes en el estudio desconocía que determinados riesgos aumentan con la edad, incluida la diabetes.La percepción emocional del tiempoEl fenómeno conecta asimismo con algo que psicólogos y sociólogos llevan años describiendo luego de la pandemia de la Covid-19, la sensación colectiva de distorsión temporal. Para muchas personas, los años posteriores a 2020 parecen haberse comprimido o acelerado de manera extraña.

Eventos que ocurrieron hace seis años continúan percibiéndose como relativamente recientes.En el caso de los animales de familia, esa percepción puede tener un impacto especialmente intenso porque su esperanza de vida es considerablemente más corta que la nuestra. Un periodo de seis años representa para un perro o un gato una transición biológica enorme, aunque emocionalmente sus convivientes sigan asociándolo a la etapa del confinamiento, los primeros paseos o los primeros meses en casa.La investigación sugiere que esa ‘congelación emocional’ puede retrasar conversaciones importantes sobre prevención, envejecimiento saludable y adaptación de cuidados.Una medicina cada vez más centrada en la prevenciónEn paralelo, la medicina veterinaria ha cambiado de forma significativa en los últimos años y cada vez existe más interés en identificar factores de riesgo antes de que aparezcan enfermedades avanzadas, especialmente en animales que ya han superado la etapa juvenil.Las revisiones periódicas permiten detectar alteraciones tempranas que pueden pasar inadvertidas en el entorno doméstico.

Cambios mínimos de peso, modificaciones en parámetros sanguíneos y pequeñas alteraciones de movilidad pueden ofrecer pistas sobre procesos todavía reversibles o controlables. Tanya Schoeman insiste en que “prestar atención a pequeños cambios de comportamiento, movilidad o niveles de energía” puede marcar diferencias importantes en la calidad de vida futura del animal.El estudio concluye precisamente con la intención de que asimilemos esa idea.

El envejecimiento de perros y gatos no aparece de repente cuando el animal ya es anciano, empieza mucho antes, mientras todavía parecen cachorretes a ojos de quienes convivimos con ellos.Referencia: Aging is modifiable: current perspectives on healthy aging in companion dogs and cats. David Allaway, Brennen McKenzie, Tanya Schoeman et al.

JAVMA (2026)