Ecône, una pequeña aldea ubicada a los pies de los Alpes suizos, se ha convertido en escenario de un cisma dentro de la Iglesia católica. Este 1 de julio, cuatro sacerdotes —el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier— fueron consagrados como obispos sin la autorización del Papa León XIV, lo que los expone a una casi segura excomunión, la sanción más severa dentro del catolicismo.

Detrás de este nuevo choque se encuentra, una vez más, la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX), un grupo ultraconservador que mantiene desde hace décadas una relación conflictiva con el Vaticano. El grupo, conocido popularmente como “lefebvrianos” o “lefebvristas”, ha seguido adelante con sus planes a pesar de los llamamientos que, hasta última hora, les hizo el Pontífice estadounidense. “Les ruego y les pido de todo corazón: ¡vuelvan sobre sus pasos!”, le escribió León XIV al superior general del grupo, Davide Pagliarini, en una carta en la que también le advirtió que “desgarrar la túnica inconsútil (sin costuras) de Cristo es un pecado de extrema gravedad”.

Pagliarini, por su parte, contestó que su objetivo no es provocar una división. “Lejos de nosotros está la idea de separarnos de la Iglesia Romana; al contrario, deseamos servirla mediante medios extraordinarios, como se ayuda a una madre que atraviesa una grave dificultad y necesita una ayuda particular que no todos comprenden”, escribió el superior de los lefebvrianos. ¿Cuáles son las causas de la disputa?

La explicación está en el Concilio Vaticano II. En esta asamblea de obispos, celebrada entre 1962 y 1965, se aprobaron numerosas y profundas reformas al interior de la Iglesia, incluida la manera de celebrar la misa católica.

Hasta entonces, los sacerdotes oficiaban el servicio únicamente en latín —aunque los fieles no entendieran nada de lo que decían—; asimismo, lo hacían de espaldas a los feligreses y la lectura e interpretación de la Biblia estaban reservadas al clero. No obstante, el Concilio autorizó que se utilizara la lengua local de cada país para las celebraciones religiosas; también permitió la constitución de grupos de laicos para la lectura de textos religiosos y otras actividades, y abrió las puertas al diálogo con confesiones no cristianas.

Los cambios no sentaron bien en los sectores más conservadores del catolicismo, entre ellas a Marcel Lefebvre (1905-1991), un arzobispo francés que había sido misionero en África. En 1970, Lefebvre, con el apoyo del entonces obispo de Friburgo (Suiza), François Charrière, otro crítico de las reformas, fundó la FSSPX con el objetivo de formar sacerdotes que deseaban preservar el modelo de Iglesia “tradicional” previo al Concilio.

El nombre del grupo fue toda una declaración de intenciones. ¿La razón?

El Papa Pío X, quien estuvo al frente de la Iglesia entre 1903 y 1914, promulgó la encíclica Pascendi Dominici Gregis, en la que calificó al “modernismo” como “la síntesis de todas las herejías”. La FSSPX fue uno de los diversos movimientos que surgieron en un momento en el que lo moderno y lo tradicional chocaban dentro del catolicismo.

Más de 40.000 sacerdotes colgaron las sotanas luego de el Concilio, afirmó a BBC Brasil el historiador Vinícius Couzzi Mérida, quien posee una maestría y un doctorado en Estudios Religiosos. “Muchos sacerdotes y seminaristas percibían que la Iglesia estaba atravesando una ruptura, lo que daba lugar a un tipo de Iglesia diferente: una más progresista y alineada con el mundo moderno. Esto, de hecho, provocó una gran confusión”, apuntó el experto.

La FSSPX inició a expandirse por Europa, pasando a Francia, Alemania, Países Bajos, Italia y España, e incluso llegó a Estados Unidos, Canadá y Oceanía. Pero, mientras el grupo crecía, también lo hacían las tensiones con el Vaticano.

En 1976 el Papa Pablo VI suspendió al arzobispo Lefebvre y, en 1988, Juan Pablo II declaró a la fraternidad “cismática”, luego de que su fundador consagrara a cuatro obispos en su seminario suizo de Ecône. Los prelados fueron excomulgados.

El Código de Derecho Canónico, el cual regula la organización y disciplina dentro de la Iglesia, establece en su artículo 377 que solo el sumo pontífice puede elegir a los obispos. Lefebvre, por su parte, no se quedó callado y, en 1987, llegó a afirmar que “el trono de Pedro y los puestos de autoridad de Roma están ocupados por anticristos”.

La celebración de la misa en latín, también conocida como “tridentina”, es el símbolo distintivo de los lefebvrianos, un grupo que, pese a las sanciones del Vaticano, ha seguido expandiéndose a lo largo de las últimas décadas. En América Latina tienen presencia formal en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, República Dominicana y Uruguay, de acuerdo a lo que reporta su sitio web oficial.

No obstante, también están en Honduras, tal y como alertó en 2024 el arzobispo de Tegucigalpa, José Vicente Nácher, en un comunicado reseñado en su momento por la agencia católica de noticias ACI. En Brasil, por ejemplo, en la actualidad tienen unas 14 capillas repartidas por el país.

No obstante, su presencia llegó a ser mayor en el país sudamericano, pero en 2002 parte de sus sacerdotes se reconciliaron con el Vaticano y dejaron el grupo. “Los sacerdotes pidieron perdón y regresaron a la plena comunión con la Santa Sede; por ello, fueron tachados de traidores por sus antiguos aliados de la Fraternidad”, recordó Mérida a BBC Brasil. En la actualidad, la congregación cuenta con unos 720 sarcedotes y 500.000 fieles, según los datos de la propia FSSPX.

La cifra es relativamente pequeña en comparación con los 1.400 millones de católicos que hay mundialmente, pero resulta representativa del avance del llamado catolicismo tradicional. Si bien esto no se aplica a la fraternidad en sí, algunos de estos grupos —por pequeños que sean— son muy activos en las redes sociales e influyen en el debate público sobre cuestiones conservadora.

Durante el papado de Benedicto XVI, el Vaticano dio pasos para buscar la reconciliación con el grupo. Así, por ejemplo, el Papa alemán permitió la celebración de la misa en latín en 2007 y, en 2009, levantó las excomuniones impuestas por Juan Pablo II contra los miembros de la FSSPX.

No obstante, las tensiones se reavivaron con la llegada de Francisco al trono de San Pedro, pues el pontífice argentino volvió a limitar la misa “tridentina” en 2021. Con las nuevas consagraciones de obispos, las posibilidades de que la brecha con Roma se cierre parecen alejarse aún más y, con ello, los fieles del grupo podrían quedar aún más al margen de la Iglesia.

El Vaticano exige a la FSSPX que asuma plenamente las reformas conciliares, algo que Pagliarini descartó. “Desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días, las autoridades de la Iglesia están imbuidas de un espíritu contrario al de la fe y obran contra la santa tradición”, declaró durante la ceremonia a la cual asistieron unas 15.000 personas, reportaron medios locales. “Nos consideran rebeldes, pero solo queremos servir a la Iglesia, como a una madre en dificultad que sufre, a veces traicionada”, prosiguió el religioso. “Nos acusan de no amar al Papa, de no respetarlo, pero, porque amamos al Papa, no queremos verlo humillado cuando se pone en el mismo plano de los falsos pastores, de las falsas religiones, como hemos visto en varias situaciones”, remató. Un eventual cisma es algo muy significativo para León XIV.

¿La razón? Robert Prevost pertenece a la orden de los agustinos, la misma de la formó parte el monje alemán Martin Lutero, protagonista de la reforma protestante que dividió en dos a la Iglesia en el siglo XVI. *Con información de Camilla Veras Mota Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.

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