Se había roto el último bejuco que amarraba la noche y todo Sardinal quedó a oscuras. Desde la casa de madera, como el eco metálico de diez quijongos, el grito de “Lupiiiiita” salió disparado, rompiendo el aire con la certeza de llegar a donde anduviera metida la niña para engancharla del oído.En aquel llamado no había angustias ni regaños, solo el cobijo del hogar que la esperaba en remanso.

Total, la niña era fuerte, porque igual que las gentes de su tierra estaba cargada de saberes, maña e ingenio. Descalza brincoteaba por todos los trillos, trepaba los árboles, se bañaba en el río y hasta manejaba el cuchillo para pelar naranjas.

No había angustias ni regaños: era la libertad... hasta que un día el grito ya no se oyó más. Lupita, con tan solo 11 años, perdió a su madre y tuvo que partir a San José, dejando atrás su tierra, la casa de madera y el andar a pata pelada, plena, con el alma libre.Entonces, le tocó seguir siendo fuerte, pero, a partir de ese momento, para resistir.

Ahora, Lupita era, ante ese nuevo mundo, solo Guadalupe Urbina. Su tesón la llevó a aferrarse a la memoria, a nadar contracorriente las décadas de cantar los sones de su “Tierra caliente” (Guanacaste) por todos los confines, y a convertirse en una de las artistas más trascendentales de la historia costarricense. “Soy una mujer con una personalidad definida, con un legado literario y musical.

Soy una mujer fuerte, pero no por lo que dicen de que las guanacastecas son muy bravas. Lo soy porque tengo la brillantez y la capacidad de aprender que tiene la gente de mi provincia, la que tiene la mezcla racial que tengo yo”, comentó la multidisciplinaria artista, de 67 años.No obstante, como ella confiesa, su fortaleza también la llevó a ser casi intransigente consigo misma.

No fue sino hasta cumplir 60 años, reconoce Urbina, que pudo abrazar la equivocación en todo su esplendor y a dejar que, de cuando en cuando, la “lleve el río, apenas con la cabecita afuera para respirar”. Por eso, 10 años después de su último álbum, el caudal de sus vertientes creativas desemboca en Ensayo+error=Milagro, un disco en el que celebra los caminos recorridos, las pérdidas y los tropiezos y que presentará este jueves 2 de julio en el Teatro Espressivo, a las 8 p. m.

Un par de días antes de su cita con el público, sentada en la sala de la casa de su hija, en Montes de Oca, clava la mirada en el patio y, de aquellos pocos metros de verde que encandila, hace surgir una sonrisa tan franca como si admirara el inmenso paisaje frente a su terraza, en la zona sur.En esa alegría con la que decide encarar el rato, esboza a mano alzada la poderosa convicción que hoy la guía y de la que habla en su disco: que los milagros son obra de la voluntad y de ese efecto mariposa que se desata a cada paso.“Todas las personas debieran tener fe, no importa en qué, pero que tengan, porque es cierto que mueve montañas. Llegué a la conciencia de que los milagros existen en la medida en que soy capaz de soñar y tengo la certeza de que ese sueño es”, reflexiona Urbina.“Cuando descubrís que el milagro es tu labor, ¡ay, madrecita!

Eso sí es tremendo, porque es una enorme responsabilidad con lo que vos soñás y querés. Y los milagros, la alegría, la desgracia o la grosería son como un virus: uno lo lanza y eso se esparce por todas partes y afectan a los demás”, añade.Fiel a su palabra, esparce la alegría con sus genuinos encantos de conversadora, para desenterrar ese micelio de ensayos y errores que brotó en incontables milagros en su vida, como hongos en el espeso bosque.Los ensayos y errores de Guadalupe UrbinaCuriosamente, hoy que titula su álbum a modo de ecuación, da un guiño a su juventud cuando quiso estudiar matemáticas y, de ese intento fallido, terminó estudiando música en la Universidad Nacional en una etapa que fue transformadora.Aunque asegura que las influencias la desarticularon en su sendero, recuerda que grandes profesores como Adrián Goizueta, Diego Díaz y Roger Wesby la apoyaron en su norte de recopilar la música y cultura anónima guanacasteca.En esa contracorriente ya había labrado una importante huella cuando, a los 26 años, le llegó el milagro de dar vida, lo que considera su mayor lección. “Muchas veces las madres y los padres no tenemos conciencia de la generosidad de nuestras criaturas.

Porque vienen al mundo y se encuentran con gente que ya es, que piensa que así es lo correcto, e imponemos nuestra voluntad. Y esas criaturas aguantan candela y nos quieren a pesar de eso”, expresó.

Ya siendo madre, coqueteaba con esa ciudad inhóspita a la que llegó siendo niña y a la que dedicó el álbum 100 varas al sur del Herediano; no obstante, fue miles de varas más allá del Atlántico donde se consagró su misión.Urbina fue pionera del fenómeno del World Music, por el que Occidente conoció la música vernácula del sur global. Con su participación en el Festival de Música Latinoamericana en Utrecht, Países Bajos, y su protagonismo en el legendario concierto de Derechos Humanos Ya (Estadio Nacional, 1988), encontró nueva casa.En los años 90 se mudó a Holanda (hoy llamado Países Bajos), donde convergió con exponentes africanos y latinoamericanos que, al igual que ella, recibieron una enorme admiración de la escena cultural europea.

Una apreciación que, por mucho tiempo, no obtuvo en su país.“Ahí dije: ‘Tengo la razón. Todos esos están meando fuera del tarro’, hablando en términos finos populares.

La que tiene razón aquí, con respecto a lo que estoy haciendo, conmigo misma, soy yo; Guadalupe, no estás equivocada”, rememoró con fisga.La fascinación de los holandeses fue un huracán desde esa primera vez que, descalza y con su guitarra, se presentó ante 3.000 personas.“Al día siguiente, tres periódicos importantes en Ámsterdam, en Utrecht y en Róterdam sacaban una noticia diciendo que la pequeña Guadalupe robó los corazones en Fredeburg. Lo que tocó el corazón de la gente era la honestidad, y estoy convencida de que siempre es así”, relató.

Así vivió 10 intensos años, presentándose con una banda de músicos holandeses, pero siempre tocando obras en español, sin que jamás la sedujeran los consejos de abrirse mercado cantando en otros idiomas.“Pienso que tenía una cabeza de pulpería (risas). Sigo teniendo una cabeza de pulpería y no de Walmart.

Y cuando una tiene la cabeza así, cuesta mucho, pareciera que una va contracorriente. Pero, oíme, no es cierto, las cosas cambian...”.Holanda (Países Bajos) se rendía ante Guadalupe y ella cosechaba en sus adentros desde el aplauso hasta las maravillosas conversaciones con Eduardo Galeano y otras grandes figuras que conoció en la tierra de los diques.Y también, en esos años, la marejada la chocó violentamente contra una de las pruebas más difíciles de su vida, al ser diagnosticada con un cáncer cerebral.“Me quebró totalmente.

Era como decir ‘¿Y ahora qué?’. Yo creo que a mí lo único que me remarcó en pie fueron mis hijos, porque tenía niños pequeños de 15 y 9 años.

Ese tipo de cosas sí te doblegan. Te doblegan el cuerpo, pero no el espíritu; el espíritu es indomable”, comentó.Ese maremoto la revolcó por la angustia y los miedos, y no era para menos, pues en su segunda operación, cerca de la médula espinal, el doctor le advirtió hasta de la posibilidad de un problema cardiorrespiratorio.

De ese proceso quedó con el lado izquierdo del cuerpo sin coordinación y, por ende, imposibilitada de tocar la guitarra. Encerrada en su casa, con el alma en marea baja, empezó a jugar con materiales y así entró al portal de las artes plásticas.Asimismo, al recuperarse del primero de los tres tumores que ha padecido, ya estaba editando un libro en Madrid, y con los años resignificó todas esas experiencias que le parecieron devastadoras.“Uno aprende también que, como dicen los viejitos, somos de la muerte.

Eso es muy bonito porque al final te tenés que morir de algo. Ese pánico que yo tenía en ese momento ahora lo veo y digo: ‘Listo, vámonos, aquí no hay tiempo’”, afirmó. “Si me enterara de que tengo algo grave, mañana mismo cojo una tienda de campaña y me voy frente al mar.

Ahí me voy a quedar viéndolo sola y no me hagan nada más, ya no me toquen pero ni un pelo”, añadió Urbina.Fue en esos momentos de vulnerabilidad y de necesidad de un ritmo más apacible, en que el hogar volvió a gritar “Lupiiita”. En 2004 regresó a Costa Rica, que fue como retornar a la infancia con la casa madera y los cultivos en el patio, como acostumbraba su mamá.

No obstante, en esta ocasión halló todo eso en la zona Sur del país, específicamente en Longo Mai, un pueblo autogestionado de 800 personas ubicado en Buenos Aires, Puntarenas.“El Sur sí que ha sido una puerta, un milagro, de verdad, porque es uno de los lugares más hermosos. Creo que muy pocos lugares son tan hermosos: con sus enormes selvas, con la cantidad de agua, de ríos... eso es un derroche, una abundancia”, expresó agradecida.Allí vive con la creatividad reverdeciendo, en simbiosis con el refugio de vida silvestre, especialmente desde que, en 2023, puso fin a las décadas de terapia que la obligaban a viajar a Bruselas, Bélgica.“Me dieron de alta y yo dije,: ‘Ahora, Guadalupe, estás como si tuvieras 20, mi amor’.

Así que en esas estoy, ocupadísima. Ando ocupadísima con mil cosas; ahora sí que estoy dedicada a las artes totalmente”, explicó.En su faceta musical sigue cautivando, especialmente a las nuevas camadas que ven en ella un baluarte y que recíprocamente la llenan de energía.“Asimismo, trabajo con puros jóvenes, y un colega un día me expresó que qué era eso de trabajar con puro güila.

Pero, ¿qué hago con ese montón de vejestorios, de vacas sagradas? Aquí la vaca sagrada soy yo, ¿para qué quiero más?

Yo quiero energía joven, gente linda, inteligente, y eso es lo que tengo", expresó entre risas.Según explica, son también los jóvenes los que llenan sus presentaciones. Su canto a la fe y a los milagros se ha tornado en un manantial para esos niños (como llama a todos los que no tienen los medios para subsistir por sí mismos) que, afirma, están siendo brutalmente desafiados por la falta de oportunidades.“Cuando la gente habla mal de la juventud, yo digo: ‘Pero ¿y vos no pariste esas criaturas?

¿Vos no las educaste? ¿Por qué estás criticando así?’.

Déjales, están en su derecho de rebelarse... o de sumarse a la corriente y bailar el son que les tocan. Eso es lo que recibieron".Pero sobre todo, para Guadalupe Urbina, los jóvenes la hacen seguir con el corazón firme.

Cuando los ve marchando y rebelándose, como tantas veces lo hizo, solo puede tener fe de que esta época —“mal ensayo lleno de errores”— se transforme en milagro.“¿Y qué pasa cuando los jóvenes le ganan un juicio a las empresas por defender los árboles? Eso es una utopía.

Eso es Costa Rica. Y si podemos defender esa Costa Rica tan preciosa que cuida a los animales, los árboles, los ríos, estamos frente a un país que da lecciones enormes al mundo.

Eso es lo que tenemos que cuidar”, concluyó con su rostro hecho un solar de sonrisas.Próximas presentaciones de Guadalupe Urbina2 de julio: Presentación del álbum Ensayo+Error=Milagro – Teatro Espressivo, San José.8 de julio: Con Ballet Flor de Caña – Teatro Melico Salazar, San José.10 de julio: Selva en la Sala – Santa Ana, San José.18 de julio: Palmira – Carrillo, Guanacaste.21 de julio: Son Semillas – Teatro Nacional, San José.22 de julio: Con Ballet Flor de Caña – Santa Cruz.26 de julio: Con Ballet Flor de Caña – Nicoya.30 de julio: Música y Poesía con Zona de Recarga – El Lobo Mestizo, San José.