Antes del amanecer del 24 de octubre del 2025, dos hermanos de apellidos Spencer Huertas y un hombre de apellidos López Víctor salieron a bordo de una lancha de 22 pies de largo (6,7 metros) rumbo a mar abierto desde el Caribe Sur en Limón. No volvieron ese día, ni el siguiente, ni en los posteriores de ese mes.Así lo relató la compañera sentimental de uno de los hermanos, el 27 de octubre del 2025, cuando acudió al Organismo de Investigación Judicial (OIJ) buscando ayuda.“Siempre cuando salen a pescar, regresan el mismo día”, declaró, según la denuncia por desaparición incorporada al expediente judicial del Caso Riverside, en el cual se investigó a una presunta banda de narcotráfico y lavado de dinero vinculada al hoy extraditado Edwin López Vega, alias “Pecho de Rata”.Lo que siguió no fue solo una búsqueda desesperada de los familiares de los hombres.

El análisis judicial del OIJ interpreta el episodio del naufragio como un momento que activó la arquitectura del grupo y su poderío financiero, logístico y operativo, ligado a aparentes actividades de narcotráfico en el Caribe Sur costarricense.Según comunicaciones telefónicas analizadas por la Policía Judicial, el naufragio detonó una cadena de mensajes que “dejó al descubierto parte importante de la estructura logística marítima utilizada por el grupo”.El dueño del bote llamó al 911La noche del mismo 24 de octubre del 2025, un hombre de apellidos Botti Villa —dueño registral de la embarcación perdida— llamó al servicio de emergencias 911 a preguntar por un reporte previo.Se le comunicó de que el Servicio de Guardacostas ya realizaba la búsqueda en el Caribe Sur de la lancha matrícula L-5238, motor Yamaha 115, color gris con negro, de nombre “Guerrero”.Al día siguiente, el propio Centro de Operaciones de Guardacostas lo llamó para coordinar detalles.Botti Villa publicó dos llamados en Facebook los días 25 y 26 de octubre, solicitando colaboración ciudadana para localizar a los desaparecidos y pidió donaciones para alquilar un helicóptero.“Cualquier ayuda es bien recibida y estaríamos muy agradecidos de todo corazón”, escribió Botti Villa en Facebook, revela el expediente.Llamadas a la cárcelNo obstante, en forma paralela, el dueño de la embarcación activó una red de contactos que los investigadores asocian a la estructura de Pecho de Rata.El 27 de octubre, Botti Villa llamó a la cárcel Centro de Atención Institucional Carlos Luis Fallas, ubicada en Pococí, para hablar con un privado de libertad de apellidos Rodríguez Rodríguez, a quien los agentes vinculan con el entorno criminal de López Vega.El sobrevuelo con binoculares y las llamadas de colombianosEn la llamada, interceptada a las 11:01 p.m., Botti reportó que habían pasado cinco días sin noticias de los náufragos y que él mismo había sobrevolado en avión la zona de Bocas del Toro (Panamá) buscando la panga con binoculares.Según el expediente, Botti Villa expresó que hubo llamadas de colombianos que decían tener a los desaparecidos y pedían $2.000 para devolverlos, sin enviar alguna foto de prueba u otra evidencia.“Ni una foto de una cadena o un teléfono, ellos ahí, o las patas, algo, una foto de la panga”, respondió Botti Villa cuando Rodríguez le preguntó si habían mandado alguna prueba.El expediente registra ese episodio como parte de “las tramas” a las cuales, según las palabras del propio Botti Villa, “la gente se presta” en estas situaciones.En otra parte del expediente judicial, el OIJ incluyó unas fotos de Botti junto con los hermanos Spencer. Se trata de imágenes que estaban contenidas en el celular de Pecho de Rata y que, según la Policía Judicial, corresponden al traslado de un alijo de droga en otra lancha de nombre Aniaska.

Ríos de gasolina y las ‘monstras’Lo que siguió en la búsqueda de los náufragos, según el análisis policial, expuso la jerarquía interna de la banda y sus recursos.El dueño de la lancha perdida intentó gestionar embarcaciones rápidas y combustible dentro del círculo cercano a López Vega.En una llamada del 29 de octubre, también con el preso Rodríguez Rodríguez, el hombre se quejó de que el hijo del “señor” —identificado en el expediente como Kedward Vaz McLeod— no quiso prestar las “monstras” (embarcaciones de alta velocidad) ni el combustible para la búsqueda. La frase textual registrada es: “El hijo del señor, vieras usted qué chorro, no quiere prestar ni las ‘monstras’ ni gas; allí hay ríos de gasolina, usted sabe lo que le estoy hablando”.

El OIJ interpreta esos “ríos de gasolina” como una referencia a que la banda tenía grandes volúmenes de combustible para sus embarcaciones rápidas utilizadas en operaciones marítimas ilícitas.El análisis del OIJ señala que la negativa de Kedward Vaz —pese a la urgencia del rescate— refleja que, dentro del grupo, el acceso a esos recursos requería vistos buenos de mandos superiores. La insistencia en obtener pangas, combustible, capitanes y dinero para continuar la búsqueda, según el expediente, evidencia el fuerte vínculo entre los integrantes de la organización y su capacidad operativa y económica para movilizar recursos de manera inmediata.Contratación de capitanes en Bocas del ToroBotti Villa recurrió entonces a otras vías.

Coordinó tres pangas con capitanes en la zona de Bocas del Toro a $150 por día, más el costo del combustible. Asimismo, organizó transferencias vía SINPE Móvil desde distintos puntos del país para financiar los operativos.

Un mujer, de apellidos Weir Jiménez y también investigada, trasladó bidones de combustible en un carro desde Sixaola a Limón el 27 de octubre, según una llamada interceptada en la que expresó preocupación de que la policía pudiera decomisarles la gasolina por la cantidad que traía.El 30 de octubre, según el expediente, el hermano de Weir Jiménez coordinó la incorporación de un sujeto identificado como “Johnny Collado” —señalado por los investigadores como figura de coordinación logística y operativa del grupo de Pecho de Rata— para salir al mar al día siguiente.Los encontraron en ColombiaLa primera confirmación registrada del rescate sucedió el 4 de noviembre de 2025, a 11 días de su desaparición. Ese día, a las 10:30 a.m., una mujer de apellidos Wray Pavón llamó a su padre para informarle de que “ya los encontraron en Colombia”, según una llamada interceptada.

El padre de Wray Pavón reaccionó con sorpresa y preguntó si estaban bien. Ella respondió que “al parecer” sí.La noticia llegó a Pecho de RataAl día siguiente, 5 de noviembre, la noticia llegó al propio Pecho de Rata, quien permanecía en una cárcel costarricense a la espera de que se resolviera su proceso de extradición.

Desde el centro penitenciario donde se encontraba recluido (él fue detenido cuatro meses antes por solicitud de la DEA), López Vega llamó a su hijo Jonedzel López Tyndall, quien trianguló la comunicación con su hermana Kishna López Tyndall. Primero, preguntó si había algo nuevo y Kishna le confirmó que los hombres habían aparecido el día anterior en Colombia.

López Vega quiso saber si un barco los había recogido. La hija le explicó que no, que fueron “el hijo de Machete y esa misma gente de Puerto” quienes los fueron a buscar.Para el OIJ, la secuencia de preguntas de López Vega —pese a estar recluido— evidencia el seguimiento directo que tenía sobre la situación.En esa llamada surgió un dato: ambos hermanos naufragados tenían audiencias judiciales pendientes a las que no se presentaron.

Fue también en esa conversación donde Kishna mencionó que ella había llevado a la madre de ambos hermanos a la frontera panameña para su reencuentro.El rescate en Colombia, según el análisis, abrió asimismo nuevas líneas investigativas sobre el perfil de uno de los hermanos naufragados, de apellidos Spencer Huertas. Desde la cárcel de Pococí, el privado de libertad Rodríguez Rodríguez explicó a una interlocutora de apellidos Kelly Calero, el 7 de noviembre, que de Colombia a Costa Rica en lancha se tardan unos cinco días con buenos motores, y que en cierta ocasión, Spencer Huertas voló a Colombia y volvió en bote: “Por esa vuelta le dieron 20 kilos”, aseveró, según la transcripción del expediente.El OIJ cruzó esa información con registros migratorios de Spencer Huertas y detectó que, el 19 de abril del 2024, voló a Panamá desde el aeropuerto Juan Santamaría, sin que exista un registro migratorio formal de ingreso posterior a la fecha.

Para los investigadores, eso es consistente con un aparente retorno clandestino por vía marítima.Lancha quedó decomisada en ColombiaAunque la tripulación volvió, la lancha “Guerrero” quedó decomisada en Colombia. Según habría dicho Rodríguez Rodríguez en la misma llamada con Kelly Calero, el dueño de la embarcación, de apellidos Botti Villa, habría perdido unos ¢15 millones si no lograba recuperarla, un proceso que requeriría papeleo y reemplazar el motor descompuesto que originó el naufragio para traerla de vuelta a Costa Rica.*Colaboró el periodista Sebastián Sánchez