Qué fue de Mia Wasikowska, la elegida por Tim Burton que huyó de Hollywood tras un sonado fracaso

Resultó extraño ver a Mia Wasikowska, la famosa estrella de Alicia en el país de las maravillas (2010) de Tim Burton, en un pequeño papel en la reciente Leviticus: Ritual de sangre, ejemplo del terror australiano contemporáneo de la mano de un operaprimista como Adrian Chiarella. Una película pequeña, casi minúscula, que llega a la cartelera argentina por el inoxidable atractivo del terror, y que recoge tanto los destellos de la célebre Nueva Ola Australiana de los 70 como las preocupaciones temáticas del cine contemporáneo en relación al amor adolescente y la perspectiva queer.
Allí asoma Wasikowska, figura estelar de películas como La cumbre escarlata (2015) de Guillermo del Toro, convertida ahora en Arlene, una madre joven que decide mudarse a un pueblo del interior australiano junto a su hijo adolescente para recuperar sus raíces cristianas. En ese ecosistema de paisajes rurales lindantes con el ‘Outback’ y tradiciones ancestrales, emergerá una fuerza maligna que aniquila libertad y deseo, a la que esa madre abrirá las puertas sin saberlo.
¿O es que ella esconde algo que todavía estamos por descubrir?Ese misterio que anida en Arlene es el que siempre definió el arte de esta actriz australiana, ahora en el crepúsculo de su treintena y de regreso en su país natal. Por extraño que parezca, hace apenas quince años era una de las actrices con más proyección internacional: en 2010 fue la elegida por Tim Burton para encarnar a Alicia en su gótica versión del clásico de Lewis Carroll, y de inmediato el éxito la catapultó a la lista de actrices codiciadas por directores y directoras consagrados o en claro ascenso.
Primero protagonizó Jane Eyre (2011), inspirada en la letra de Charlotte Brontë, bajo la dirección de Cari Joji Fukunaga, junto a Michael Fassbender; luego asomó en Stoker (2013), del enfant terrible coreano Park Chan-wook en su primera incursión en el cine de Hollywood; en ese mismo 2013 se convirtió en la salvaje Ava en Solo los amantes sobreviven de Jim Jarmusch, capaz de inquietar la tranquila vida de unos vampiros legendarios; y apenas un año después se sumó a la troupe de David Cronenberg en su cruel fábula sobre la meca del cine, Mapa de estrellas (2014). Wasikowska estaba en el candelero, y siguiendo la inspiración de Burton, Guillermo del Toro la eligió para interpretar a la incauta Edith Cushing en La cumbre escarlata junto a la dupla monstruosa integrada por Jessica Chastain y Tom Hiddleston, marcando quizás el primer atisbo de crisis en ese ritmo que parecía no tener respiro.
El rotundo fracaso de Alicia a través el espejo (2016), la secuela de Burton sobre el mundo de Carroll, fue la verdadera advertencia para lo que vendría: el éxito puede ser muy tentador, pero la decepción es despiadada. O por lo menos así lo entendió la actriz cuando decidió retirarse de las listas del mainstream y refugiarse en los contornos de una industria pequeña como la australiana. “No me gustaba el estilo de vida que implicaba trabajar sin parar, saltar de una película a otra.
Me sentía desconectada de cualquier sentido de comunidad más amplia”, revelaba en 2023 a Indiewire en una conversación vía Zoom desde Sidney, donde reside desde hace una década. “Llevaba ese ritmo alocado desde los 17 años, y era como volver a empezar el colegio cada tres meses, cada vez que cambiaba de ciudad. Es muy difícil cuando sos joven y todavía no tenés una base fuerte para hacerlo.
Necesitaba crearme un sentido de pertenencia a nivel personal y tener un lugar que no fuera solo un set de filmación que desaparece en pocas semanas”.Por entonces la actriz estrenaba Blueback (2022), del australiano Robert Connolly, en la que interpretaba a una oceanógrafa que descubre una especie rara de mero o chernia y se propone protegerla de los cazadores furtivos. Presentada en el festival de Toronto y con un evidente mensaje de corte ecologista, la película era apenas una excusa para ir regresando a la interpretación después del parate de la pandemia y de su autoimpuesta reclusión.
De hecho, desde aquellos ataques a Alicia a través del espejo por su mala performance en taquilla -que resultó un revés financiero importante para Disney-, Wasikowska había estrenado Piercing (2018), una película indie basada en un libro de Ryū Murakami -no el famoso Murakami de Tokio Blues sino el más secreto de la novela Azul casi transparente y de Audition, la película desquiciada de Takashi Miike-; el extraño western Damsel (2018) de los hermanos Zellner, junto a Robert Pattinson; y la excelente El diablo a todas horas (2020), de Antonio Campos, compartiendo un elenco estelar nuevamente junto a Pattinson, a Tom Holland, Bill Skarsgård, Riley Keough y Sebastian Stan. En plena pandemia, la película se estrenó en Netflix sin pasar por los cines.
Su aparición en Blueback dejaba sabor a poco, como también lo había insinuado su primera incursión en el cine australiano luego de su regreso, en Judy & Punch (2019), versión feminista e irreverente del tradicional espectáculo de marionetas de Mirrah Foulkes. Junto a su coterráneo Damon Herriman, interpretaban a una pareja de titiriteros que intenta reflotar su espectáculo de marionetas entre desapariciones, canibalismo y una extraña cofradía oculta en los bosques. “Fue un rodaje complicado el de Judy & Punch”, detallaba entonces la actriz en una entrevista con The Guardian. “El cine australiano de bajo presupuesto es muy intenso.
Teníamos bebés, perros, caballos, marionetas, demasiados elementos fuera de control. Asimismo, el clima de Melbourne es terrible, lo que nos impidió conducir hasta el lugar de rodaje, la estancia de un artista.
El reparto y el equipo técnico tuvieron que bajar a pie por una pendiente muy empinada y nos quedamos atrapados ahí durante un par de días”, concluía sobre las diferencias entre su experiencia en Hollywood y los contratiempos de un cine más artesanal.Pero a medida que pasaron los años en Australia, las incursiones en el cine de autor europeo y las experiencias más íntimas y arriesgadas se convirtieron en nuevos desafíos. En 2021 filmó La isla de Bergman bajo las órdenes de la directora francesa Mia Hansen-Løve, interpretando a un personaje de ficción dentro de la ficción, un alter ego del alter ego de la propia Hansen-Løve que interpretaba Vicky Krieps.
Una guionista en tensión con su marido realizador (Tim Roth haciendo de Olivier Assayas, con quien Hansen-Løve formó pareja largo tiempo), una isla impregnada de la memoria de Ingmar Bergman, los recuerdos de una historia de amor interrumpida convertidos en los trazos de un nuevo guion. Wasikowska tiene escenas bellísimas, filmadas en el crepúsculo de la isla de Farö, aquel reducto de la vida y obra del director sueco, convertido en un flujo constante de inspiración.
Una película que le hizo recordar que había tomado la mejor decisión. “Tengo una ansiedad latente cuando estoy en el extranjero porque no puedo nadar de regreso a casa”, contaba divertida a The Guardian sobre sus idas y vueltas hacia ese país forjado por inmigrantes, como lo era su propia madre, de quien heredó el apellido de origen polaco. “Quiero estar en la misma tierra que todos mis seres queridos. Extraño especialmente el aroma floral de Sidney en primavera”.
De niña se había apasionado por la fotografía, como esa madre que había llegado desde Szczecin, ciudad a la que la familia regresó brevemente cuando Mia tenía diez años, y como su padre, afecto al collage fotográfico de las tierras australianas, que combina la herencia indígena y la gesta colonialista. De esa crianza surgió también su interés por el ballet, que abandonó a los 14 años luego de un destrato en una audición, y por la actuación teatral, que despuntó en sus años escolares.
Participó en series como All Saints -una especie de telenovela de médicos-, en la película de terror Rogue (2007), junto a Michael Vartan, Sam Worthington y Radha Mitchell, hasta que recibió una oferta para sumarse al elenco de In Treatment, una nueva serie de HBO. “In Treatment (2008) fue mi primer trabajo en los Estados Unidos”, contaba a The Guardian. Allí interpretaba a Sophie, una gimnasta con depresión que asistía a las sesiones con el terapeuta que interpretaba Gabriel Byrne. “La transición a Hollywood fue difícil, ya que tuve que acostumbrarme a cómo me percibían en los medios, a perder el control sobre esa mirada de los otros”, agregaba. “Es vergonzoso admitir que te importa, pero a los 20 años te importa.
Estás expuesta a los ojos de la prensa, te sentís analizada constantemente. Antes, nadie me conocía”.Ese camino tuvo la recompensa del éxito, de la mano de Burton primero, y luego de otros títulos que fueron claves en su carrera como La cumbre escarlata de Del Toro, por la que dejó pasar uno de los personajes que más se arrepiente haber perdido, la Therese de Carol, dirigida por Todd Haynes (que finalmente interpretó Rooney Mara). “Estuve vinculada al proyecto desde 2012, pero luego surgieron algunos imprevistos, el rodaje se retrasó y firmé para la película de Guillermo del Toro.
Mientras estaba en los preparativos de La cumbre escarlata volvió a surgir el proyecto de Carol, y me dijeron: ‘¡Vamos a filmar!’. Y yo pensé: ‘Ahora no puedo’, así que lo dejé pasar.
Fue una lástima, pero es parte del juego. A veces se gana, a veces se pierde".
Desde su regreso a Australia su vida ha encontrado un cauce natural. Combina la jardinería con los paseos con su perro, mientras se involucra en proyectos que despiertan su interés y compromiso.
En los últimos años apareció en Club Zero (2023), de la austríaca Jessica Hausner, una directora asidua a festivales, que había deslumbrado en la histórica Amour Fou (2014), y luego en la distopía corporativa Little Joe (2019), protagonizada por Emily Beecham y Ben Wisham. En Club Zero, Wasikowska interpreta a una profesora en un colegio de elite británico que convoca a un grupo de adolescentes para formar un equipo de estudio en alimentación saludable.
Lo que comienza con rituales de nutrición deriva en una cofradía sectaria que explora las obsesiones contemporáneas sobre la alimentación y una fijación siniestra sobre las estrategias de resistencia al consumismo capitalista. “Cuando vi a Mia en La isla de Bergman, pensé: ‘Quizás está trabajando con directores europeos ahora’. Así que pensé que era mi oportunidad porque antes no me había atrevido a convocarla”, revelaba Jessica Hausner hace algunos años en The Film Stage.
En esa línea siguieron sus siguientes elecciones: Leviticus: Ritual de sangre, un imperdible estreno de la cartelera local, y la serie The Killings At Parrish Station (2026), todavía sin fecha de estreno en nuestro país. La ópera prima del novel Adrian Chiarella tiene a Wasikowska como un personaje clave de la historia y también como productora ejecutiva de la película, lo que le permitió un mejor recorrido internacional.
Por su parte, la serie estrenada en la cadena ITV y filmada en Sidney, sigue dos líneas temporales, la primera en 1987 en un centro espacial situado en lo profundo del Outback australiano, y la segunda en 2024, en el que dos streamers realizan un podcast sobre lo que se convirtió en la Masacre de Parrish, donde varios científicos de esa estación tuvieron un final espeluznante. Wasikowska interpreta a una de las detectives que investiga las misteriosas muertes, combinando trazos de la sátira, con la violencia y el gore, sumados a un halo fantástico que va envolviendo el clima de la historia.
Distopías, entidades malignas salidas del desierto, crímenes macabros y misterios irresueltos son algunos de los tópicos que asoman en el presente de Mia Wasikowska, quien ha dejado las luces de Hollywood para volver a su Australia natal, recobrar sus afectos y sus ambientes conocidos, alejarse de la perfidia de la prensa, las críticas hirientes y esa promesa de éxito que a menudo resulta ilusoria. Es ahora la ficción la que le depara los sobresaltos, y el riesgo de cada interpretación habilita la conciencia de que ese torbellino se aquieta cuando se apaga la última cámara. “Estoy bastante contenta con haber vuelto a casa”, concluía su reflexión sobre las decisiones que la trajeron de nuevo a la isla. “Si pudiera tener lo mejor de ambos mundos, es decir, entrar y salir de vez en cuando, sería muy feliz, pero no quisiera volver a estar en esa corrida constante, en la persecución de algo que nunca se termina de alcanzar.
Quiero hacer más cosas en la vida asimismo que vivir en un motorhome. Hollywood es genial, tiene muchas experiencias únicas, pero la idea de mundo que te ofrece es muy diferente a la realidad, y no es lo que quería para mí.
Uno puede perder la perspectiva muy fácilmente, porque esa pequeña burbuja se convierte en tu única realidad.”
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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