SANTA ROSA.— Hay postales urbanas que desafían la rutina y obligan a clavar la mirada. Este es el caso de Pomelo, un perrito santarroseño que viaja con su dueño en moto a todos lados.El propietario del can es Matías Arrieta, un trabajador de la construcción que encontró en su mascota a un compañero de rutas inseparable.La historia de esta dupla nació de manera imprevista.

Matías, motociclista de alma y asistente recurrente a encuentros de moteros, no planeó adiestrarlo. "Esto salió solo de él.

Yo salgo, saco la moto afuera y no me subo yo: el primero que se sube es él", relata Matías con una sonrisa. Un día tomó la decisión por puro instinto, de subirse al vehículo para no bajarse nunca más.Hoy, el perro es uno más en la caravana de los encuentros motoqueros y un miembro central de la familia.

Viaja resguardado entre Matías y la mochila, acomodándose con una naturalidad asombrosa ante cada frenada. El cuidado y el respeto por el animal son la prioridad absoluta en cada trayecto urbano, donde la velocidad cede el paso a la prudencia.

En su hogar el trato es idéntico: "Acá en la casa es un hijo más. Come lo mismo que comemos nosotros", grafica el dueño, dejando en claro el nivel de adopción y afecto que rodea al amigo de cuatro patas.HatersAunque las redes sociales a veces replican miradas ajenas y críticas desde el desconocimiento, el lazo entre Matías y Pomelo se sostiene en la confianza mutua y el bienestar del animal, quien incluso ya aprendió a posar para las fotos con su característico pañuelo motoquero.

Lejos de los flashes y las pantallas, el verdadero escenario de Pomelo sigue siendo el asfalto local, el viento en la cara y el cuidado de la familia que lo eligió como el copiloto en cada viaje.