Proteger el agua de OxapampaNo vayas a Cusco solo por Machu Picchu: por qué el Santuario de la Verónica es el destino de turismo vivencial que debes visitarA 3.800 metros de altura, en cuevas de piedra y con tradición italiana: los quesos de Marcahuasi, el secreto mejor guardado de los lácteos peruanosA miles de metros sobre el nivel del mar, donde las montañas parecen tocar el cielo, una nueva generación de guardianes observa con atención cómo cambia el paisaje que los rodea. No son científicos de laboratorio ni exploradores profesionales.

Son jóvenes de comunidades andinas que crecieron viendo los glaciares de la Cordillera Blanca y que hoy trabajan para protegerlos.MIRA AQUÍ: La casa en Pueblo Libre de Julia Codesido y el sueño de transformarla en un circuito cultural como el de Frida Kahlo en MéxicoLa iniciativa que los reúne se llama Jóvenes Embajadores por los Glaciares, un programa impulsado por el ingeniero ambiental Junior Adrián Figueroa Miranda. Su objetivo es sencillo, pero ambicioso: formar líderes capaces de monitorear el retroceso glaciar, sensibilizar a sus comunidades y promover acciones frente a la crisis climática.MIRADA URGENTELa Cordillera Blanca alberga la mayor concentración de glaciares tropicales del planeta.

No obstante, también es uno de los lugares donde los efectos del calentamiento global son más evidentes. En los últimos 60 años, la región ha perdido más del 41% de su superficie glaciar, según cifras de la asociación peruana.

Una transformación que amenaza la disponibilidad de agua para miles de personas que dependen de ella no solo para su consumo, sino también para la agricultura y ganadería, pilares del desarrollo humano.Frente a esta realidad, el programa selecciona a participantes de entre 18 y 29 años provenientes de distintas localidades del Callejón de Huaylas. Luego, durante varias semanas participan en sesiones de formación virtual y expediciones de campo donde aprenden conceptos de glaciología, ciencia ciudadana, herramientas digitales y comunicación ambiental.Pero el proyecto no se limita a la observación científica.

Uno de sus principales valores es tender puentes entre generaciones. Los participantes recogen los testimonios y conocimientos de sus abuelos y adultos mayores, muchos de ellos hablantes del quechua, para complementar la información científica con una visión local del territorio.

De esta manera, las historias sobre cómo eran las montañas décadas atrás se convierten también en una forma de registrar los cambios que experimentan los ecosistemas andinos.Estos embajadores utilizan fotografías, registros digitales y observaciones de campo para documentar el retroceso de los glaciares. Asimismo, desarrollan microproyectos enfocados en desafíos ambientales específicos de sus comunidades.

Las mejores propuestas reciben acompañamiento adicional para que puedan convertirse en iniciativas concretas.La tecnología también juega un papel importante. A través de videos, publicaciones en redes sociales y herramientas de narración digital, los participantes logran traducir conceptos científicos complejos en mensajes accesibles para audiencias más amplias.

Así, una preocupación que nace en las alturas de los Andes encuentra eco mucho más allá de las montañas.Detrás de esta iniciativa existe también una historia personal. Junior Adrián Figueroa creció escuchando los relatos de sus abuelos sobre los glaciares de la Cordillera Blanca.

Aquellas conversaciones despertaron su interés por el medioambiente y terminaron inspirando un proyecto que hoy busca empoderar a otros jóvenes para que se conviertan en observadores, comunicadores y defensores de su territorio.Allí, donde el hielo retrocede cada año, una nueva generación trabaja para que su historia no desaparezca junto con él.