Aumento de la obesidad en Chile: cómo torcerle la mano a un sistema que nos hace engordar

Los efectos negativos de la obesidad son ampliamente conocidos. Ya existe conciencia en la población de que va más allá de ser un problema estético.
En los últimos años, los medios de comunicación han consultado de manera exhaustiva a especialistas que señalan, una y otra vez, la gravedad de esta enfermedad y los posibles tratamientos. No obstante, pareciera que todas estas consideraciones se quedan sólo en el discurso.
Año luego de año, las cifras de la obesidad siguen subiendo en Chile como la espuma de un gran vaso de bebida cola con azúcar. En el país su prevalencia es alta.
Según el informe “Health at a Glance 2025” de la OCDE, aproximadamente el 31% de los adultos chilenos padece obesidad, una cifra muy superior al promedio de esta organización internacional, que equivale al 19%. “El 48% de la población del país podría ser obesa en 2040 según proyecciones de la OCDE”, dice Matías Monsalves, doctor en Nutrición e investigador del Instituto Ciencias del Ejercicio de la Rehabilitación de la Universidad Andrés Bello (UNAB). “Una estimación realizada por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos calcula que la obesidad se asocia con más de 200 enfermedades, como la diabetes, la hipertensión, la enfermedad hepática metabólica y varios tipos de cáncer”, agrega la doctora Camila Hernández, especialista en nutrición clínica y diabetología, jefa de la Unidad de Nutrición y Diabetes del Hospital Clínico Doctora Eloísa Díaz de La Florida y de miembro de la Unidad de Nutrición y Diabetes de la Clínica Universidad de Los Andes. Originalmente desarrollada para la diabetes, en sus ensayos clínicos se descubrió que era muy eficaz para la pérdida de peso, lo que condujo a su mediatización y posterior popularidad.
Matías Monsalves, de la Universidad Andrés Bello lo confirma: “Sin duda, los análogos de GLP-1 han aparecido como una herramienta importante desde el punto de vista farmacológico para el control de la obesidad y sus comorbilidades”. “El uso de este tipo de medicamentos por parte de figuras públicas hizo que se volviera más popular y de mayor acceso para las personas. Esto generó, efectivamente, mucha automedicación”, relata la doctora Hernández, señalando las consecuencias negativas de esta práctica, que se producen no tanto por la acción propia del medicamento sino por el “lado b” de bajar de peso tan rápido: pancreatitis, trastornos gastrointestinales, consultas a urgencias y reportes de complicaciones visuales entre algunas personas que tomaban semaglutida sin supervisión médica. “Presentan efectos secundarios como malestares gastrointestinales, náuseas y pérdida de tejido muscular, por lo que el acompañamiento de estos medicamentos, junto a un adecuado soporte nutricional y ejercicio físico de fuerza, puede ayudar a minimizar estas pérdidas”, complementa Matías Monsalves, académico UNAB.
El psicólogo deportivo Cristóbal Toledo pone el asunto en perspectiva: “Es importante señalar que ningún medicamento va a reemplazar al ejercicio físico. La actividad física sigue siendo, en términos preventivos y terapéuticos, la mejor ‘píldora’ que una persona puede tomar”. “No sólo tiene beneficios sobre la salud física, como el control del peso, la regulación metabólica o la prevención de enfermedades crónicas, sino también sobre la salud mental, el desarrollo psicosocial y el rendimiento cognitivo”, continúa.
La fórmula perfecta no existe La doctora Camila Hernández señala que el problema no es el medicamento en sí, sino que se promueva como una solución rápida y definitiva: “Hay mucha sensación de estar buscando el método perfecto para lograr curar la obesidad y lamentablemente eso, a la fecha, todavía no existe. Ni siquiera la cirugía bariátrica, donde vemos que la gente vuelve a recuperar el peso perdido porque no hay terapias que sean curativas para la enfermedad”, comenta.
Asimismo, en paralelo al auge de los fármacos y las redes sociales, han producido una avalancha de soluciones milagrosas promovidas por influencers, celebridades y coaches sin formación certificada: ayunos extremos, activación de las mitocondrias o bebidas que prometen resetear la relación del cerebro con la comida. “En esto hay que ser claro, el seguir consejos nutricionales por redes sociales por personas no profesionales del área, como nutricionistas y nutriólogos es peligroso” subraya categórico Matías Monsalves, doctor en Nutrición UNAB. “Dichas personas venden un producto; la mayoría tiene un elemento común: reducir la cantidad de calorías ingeridas durante el día lo que controla efectivamente la pérdida de grasa corporal”, explica Matías Monsalves. “No obstante, una restricción calórica mal realizada podría llevar a problemas importantes de salud, al eliminar nutrientes críticos para la salud como vitaminas y minerales”, agrega. Para hacerlo, el llamado es a consultar expertos como nutricionistas y nutriólogos. “La obesidad, al ser una enfermedad, requiere un apoyo y una asesoría por parte de profesionales de la salud que tengan conocimiento, estudios y experiencia en esto”, dice la doctora Hernández.“Entonces, así como yo buscaría un tratamiento súper profesional para el cáncer, para la diabetes o la hipertensión, la obesidad no debería ser diferente”, sentencia.
¿Dieta restrictiva o alimentación saludable? El enfoque que sí funciona Una de las quejas más frecuentes en redes sociales es que el enfoque tradicional de la nutrición para bajar de peso es excesivamente restrictivo y difícil de sostener.
No obstante, La doctora Hernández afirma que el modelo de “dieta” como privación tiene los días contados. “Hacer una dieta es un concepto bastante antiguo. Nosotros hablamos de una alimentación saludable alta en proteínas; ese es el modelo que más recomendamos en personas que quieren perder peso”.
Camila Hernández explica que comer poco sólo genera ansiedad y estrés por cumplir con ese objetivo. “La gente pasa hambre, y eso obviamente después va a promover una conducta de compensación y luego querer seguir buscando alimentos que logren controlar esa sensación”, aclara. “Por otro lado, el organismo también se acostumbra a que si como poco, ahorro más. Entonces, las dietas muy restrictivas podrían hacernos perder peso por un periodo breve, pero el cuerpo se adapta a ellas”.
La restricción alimentaria se reconoce como “estoy pasando hambre” y, por lo tanto, en vez de gastar energía, el cuerpo la “ahorra” porque no sabe si mañana va a poder volver a comer más. Pero la fórmula no está completa sin actividad física.
No obstante, sólo hacer deporte tampoco es del todo efectivo. “Desde el punto de vista energético, el ejercicio por sí solo es una mala estrategia para perder peso porque hay que hacer mucho para quemar más energía”, sentencia Matías Monsalves. “Pero la práctica regular, incluso una sola sesión, puede regular procesos metabólicos y cardiovasculares importantes, como la mejora de la presión arterial y el manejo de la glucosa”. El movimiento es esencial Las opiniones expertas confluyen: no hay una fórmula “mágica” ni “express” para bajar de peso.
La obesidad es una enfermedad crónica, multifactorial, que se manifiesta recurrentemente si no existen hábitos de alimentación y actividad física. Los medicamentos, si bien son una herramienta importante, deben administrarse bajo supervisión médica y no reemplazan el cambio de hábitos.
Las dietas virales y las recomendaciones de influencers o celebridades pueden ser directamente peligrosas. Si bien en Chile ha habido esfuerzos por contrarrestar el avance de la obesidad, como la Ley de Etiquetado y la Ley N.º 21.778, que hace obligatorios un mínimo de 60 minutos de actividad física o juegos activos cada día escolar, el problema excede estas medidas.
El combate de la obesidad requiere cambios estructurales y culturales importantes. “El movimiento forma parte de nuestra naturaleza como especie. Durante la mayor parte de la evolución humana, fuimos físicamente activos.
La sociedad actual tiende a restringir el movimiento y promover el sedentarismo”, explica Cristóbal Toledo, de Sportlife. “En ese sentido, todo lo que nos lleve a movernos más y practicar actividad física y deporte no solo mejora indicadores biomédicos, sino que también nos reconecta con una dimensión esencial de nuestro desarrollo humano”, concluye.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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